Leonardo Romero Negrín (Fuente: Blog La Cosa)

Una larga lista de personalidades del mundo marxista, han firmado una Declaración Unitaria, externando su preocupación por un puñado de jóvenes cubanos que fueron detenidos durante las manifestaciones del #11J.

Entre los firmantes se encuentran Noam Chomsky, amigo del gobierno cubano; Tithi Bhattacharya, autora Feminism for the 99%, USA; el diputado irlandés Richard Boyd Barrett TD; Paul LeBlanc, profesor de Historia de La Roche University, USA; Eric Toussaint, profesor de las universidades de Lieja y Paris VIII, en Bélgica y Francia, respectivamente; entre casi un centenar de intelectuales, activistas y políticos de distintos países.

La petición dice textualmente: «Estamos muy preocupados por la detención durante una marcha de protesta en La Habana el 11 de julio de 2021, de Frank García Hernández, historiador y marxista cubano, de Leonardo Romero Negrín, joven socialista estudiante de Física de la Universidad de La Habana, Maykel González Vivero, director de Tremenda Nota y Marcos Antonio Pérez Fernández, estudiante de Preuniversitario que fueron detenidos el domingo 11 de julio de 2021 durante una manifestación en La Habana. Frank García Hernández es un importante estudioso que se ha ganado el reconocimiento mundial por su trabajo de revalorización de la historia de la izquierda cubana y la organización de un congreso internacional sobre Trotsky en La Habana en 2019.

Pedimos la liberación incondicional de Frank y de todos sus compañeros y el respeto de los derechos democráticos de todo el pueblo cubano».

Uno de los jóvenes citados es Leonardo Romero Negrín, quien brindó su testimonio a través del blog La Cosa, del licenciado en derecho y comunicador cubano Julio César Guanche Zaldívar, a quien hemos tratado infructuosamente de contactar, pero en su blog no existe mail ni teléfono alguno para comunicarse directamente. De cualquier manera, agradecemos la cortesía por su esfuerzo sin dudas importante, de visibilizar horrores como el que a continuación cuenta.

TESTIMONIO DE LEONARDO ROMERO NEGRÍN

¿Cuál es tu condición legal en este momento?

Estoy en reclusión domiciliaria, a la espera de un juicio por desorden público.

¿Por qué te cogieron preso en la manifestación del 11 de julio?

Estaba caminando y vi a un alumno mío en medio de la manifestación. Él tenía una cámara y estaba grabando. Lo sostuve por el brazo para evitar que alguien se lo llevara o que un tumulto de gente viniera y le diera golpes. Estábamos exactamente debajo de la cámara del hotel Saratoga; de hecho, le dije a los oficiales que si me negaba a declarar lo único que podrían usar era la grabación de esa cámara que muestra punto por punto lo que allí sucedió.

Estaba con mi alumno en la acera del hotel, viendo lo que pasaba. No me atreví a tomar partido en ese momento, a pesar de que vi atrocidades de todo tipo. Sabía que estaba en un proceso anterior por la manifestación de Obispo y no me podía meter en nada para no complicarme.

De pronto, cuando miré hacia el lado, vi que a mi alumno le estaban dando golpes cuatro civiles. Él estaba tirado en el piso en posición fetal, para proteger la cámara, y estas personas le daban golpes y pisotones. Lo único que hice fue tirarme sobre él para que no lo golpearan más. Me cogieron varios oficiales, me hicieron una llave, me dieron golpes, pero no fue ahí donde me golpearon de verdad.

Me llevaron a la estación de Dragones, que está exactamente a una cuadra, y cuando entramos me tiraron en el piso de un estrallón y entre cuatro personas me cayeron a patadas por todas partes. Me cubrí la cara con los antebrazos y siguieron dándome patadas, por eso tengo un antebrazo hinchado, un médico lo vio. También una costilla me duele, no llegó a fracturarse, pero me duele y eso el médico también lo vio.

Después me llevaron para un patiecito. Un oficial fue con una tabla de madera blanca y una cámara en la otra mano, que era de un periodista estatal que estaba ahí y lo vio todo. No quiero involucrarlo, pero es un periodista de Alma Mater que vio exactamente todo lo que me hicieron. El oficial me dio varios tablazos por las piernas, todavía tengo las cicatrices.

Cuando iba a salir de allí vino otro oficial, el 03912 de la estación de Dragones, y le dijo a dos personas que me aguantaran, me cogió con las dos manos por el pelo y me dijo: «¡Por mercenario!». Me dio un cabezazo por la nariz, casi me desmayé, y siguieron dándome golpes antes de trasladarme a la estación de Zanja.

Ya no tienes tantas marcas en el cuerpo, precisamente porque ha pasado el tiempo, llevas casi una semana recluido.

Eso es una cosa, cuando llegamos a la estación las personas no querían que los médicos los vieran, porque sabían que si tenían golpes los iban a demorar para que se les bajara la hinchazón y entonces soltarlos.

A todos los que estuvieron en Ivanov —nombre con el que comúnmente se conoce a la prisión para menores del Cotorro— los pueden interrogar por separado, ponerles el polígrafo, que cada uno va a decir lo mismo sobre los golpes que yo tenía: un antebrazo completamente hinchado —el médico lo notificó—, la nariz con un hematoma, golpes detrás de la pierna, y la costilla.

Cuando nos llevaron al médico, le estaba explicando del golpe que tenía en la nariz, y mientras le decía del que tengo en el antebrazo, llegó un oficial que estaba fuera, me llevó y me dijo que ya no tenía nada que hacer ahí. Yo le había preguntado al médico si era civil o militar, me dijo que civil; entonces le pregunté: «¿A qué respondes, a un poder o al Juramento Hipocrático?». Me respondió que al Juramento. Entonces le dije: «Mira las marcas cuáles son» —yo tenía el nasobuco bien arriba para que no se me viera lo de la nariz—, y cuando le empecé a enseñar los golpes fue que el oficial me sacó.

Había un mayor sentado afuera que era el que procesaba si alguien quería quejarse. En ese momento que me estaban llevando le pregunté si con él era con quien tenía que hacer la denuncia, porque quería hacerla. Respondió: «Yo no tengo nada que hablar contigo». Me llevaron arrastrado hasta el colectivo 6, que era donde estábamos.

Lo que me hicieron a mí fue poco. Había gente que tenía un moretón en el ojo, la cara hinchada, otros con yeso, con dedos fracturados. A un viejito lo trajeron el viernes, lo fueron a buscar a su casa porque lo vieron en una cámara. Lo bajaron en Ivanov esposado y lo hicieron pasar por algo que se conoce como Somatón. ¿Qué es eso? Pues los bajan del camión y hay una hilera de militares a la izquierda y otra a la derecha, y tienen que pasar todos los reclusos por el medio de esas dos hileras para que les caigan a tonfazos [golpes propinados con las tonfas, arma contundente reglamentaria].

Esas personas no estaban haciendo nada, solo caminando esposados y les cayeron a golpes. Ese viejito de 74 años tiene un hematoma en toda la barriga, en las costillas. Por eso digo que lo que me hicieron no fue nada en comparación con lo de otros. A mí el brazo me duele, pero no tengo tanta hinchazón, lo de la nariz casi no se nota, pero tengo la cicatriz detrás de la pierna y el dolor en la costilla.

Cuando me estaban interrogando le pregunté al instructor su nombre y le pedí que trajera al oficial de guardia. Eso fue al segundo día. Le dije que quería denunciar a todos los que estaban dando golpes ahí y me respondieron que yo estaba en medio de un proceso, que no podía hacer una denuncia. Entonces les dije: «Sépanlo todos ustedes, que a lo mejor ninguno lo sabe, estos dan golpes». Y los señalé, ellos negaron que dieran golpes, lo que es totalmente falso. Allí tienen total impunidad por las noches, cuando no hay ningún oficial.

Por ejemplo, a la hora de dormir uno se sentó en la cama porque le dolía la espalda y no quería acostarse. Le dijeron que se tenía que acostar, él explicó que tenía dolor. Le dijeron horrores, entraron y se lo llevaron. Todo el mundo lo vio. Era un muchacho rubio. Le cayeron a tonfazos y a golpes delante de todos, la unidad se despertó. Como ese caso se dieron más.

Cuando llegamos a la unidad nos desnudaron a todos. Nos decían que nosotros éramos unos maricones, chupa p… y que nos iban a coger el c…. Nos tuvieron contra la pared durante dos horas, llevábamos cuarenta minutos desnudos esperando, venían por detrás y me halaban el pelo —lo tengo largo—, y me decían: «Chinita, con este pelito se puede hacer tremendo peluquín». Me tocaban las nalgas, a mí y a otros también.

En una ocasión dieron con una tonfa en la mesa, José, el panadero, se viró asustado y le dijeron que qué miraba. Le cayeron a galletas. Él estaba esposado y solo gritaba: «¡Yo no he hecho nada!». Ellos le decía: «¡Cállate y no me mires la cara!». Eso lo vieron todas las personas del colectivo 5 y 6 de Ivanov, ellos pueden contar exactamente lo mismo. Como ese ejemplo hay más, pero no conozco los nombres.

¿Cuál es tu situación procesal?

Me notificaron que estoy en reclusión domiciliaria, como estaba antes por lo de Obispo pero con un nuevo proceso.

¿De qué se te acusa?

De desorden público, pero yo les dije que no desordené nada. En la cámara del Saratoga está todo, cuadro por cuadro. Yo solo estaba parado, ni siquiera grité aunque hubiera querido hacerlo pero no lo hice por lo del proceso anterior. Lo único que hice fue ponerme arriba de mi alumno para que no le dieran golpes.

Yo venía desde el barrio de Jesús María, y cuando crucé la calle Monte vi un tumulto de personas corriendo, gente gritando. Fui hacía la derecha, al Saratoga. No me metí, pero ganas no me faltaron de hacerlo porque vi manifestantes con la cabeza partida, recibiendo golpes, gente que se estaba manifestando pacíficamente y lo decía: «¿Por qué nos llevan si nos estamos manifestando pacíficamente?». Muchos auxiliaban a los que se estaban llevando y mientras se los llevaban les caían a golpes por la cara. Cuatro inmovilizaban y otros golpeaban.

Me pegué para la esquina de hotel Saratoga. Allí sucedieron varios eventos. Un señor, que parece que tenía una colostomía, se le fue la venda, se le salieron las tripas y empezó a gritar. Yo estuve todo el tiempo con mi alumno de la mano para que no le pasara nada.

Delante de mí le dieron golpes a un muchachito y pasó una escena que nunca voy a olvidar: vino un viejito que parece que duerme en la calle y se acostó al lado del muchacho que tenían tirado en el piso y le dijo a los policías que si se lo llevaban tenían que llevárselo a él también. Al viejito evidentemente lo estrujaron y lo montaron en una patrulla.

Minutos después de que pasara eso sucedió lo de mi alumno, le cayeron a golpes entre cuatro personas. Él solo estaba grabando, no gritó porque una de las cosas que le dije fue que no se complicara por ser menor de edad. Su nombre es Marcos Antonio Pérez Fernández, fue alumno mío cuando estaba en décimo grado, yo estudiaba en la universidad y daba clases.

Él fue acusado de desorden público, salió libre sin ningún cargo y con una multa de dos mil pesos. Ahí están los videos de cuando le quería quitar la cámara y le cayeron a golpes.

Esta es la carta mencionada de intelectuales de izquierda sobre el caso de Leonardo Romero y Marcos Antonio Pérez Fernández: https://marx21.net/2021/07/13/liberar-a-frank/?fbclid=IwAR3YV4rzB73GLeV4DSwQnLSQZmErZ8oEH8jaUqrnS79xqZ7OP28YXxkIlzU

Aquí se puede oír a Leonardo Romero, en su propia voz, fechado el 17 de julio del 2021, cosa que es recomendable: https://videopress.com/v/2YYQsbDx

Blog La Cosa, de Julio César Guanche Zaldívar:

https://jcguanche.wordpress.com/2021/07/19/un-testimonio-de-leonardo-romero-negrin/

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