Colaboración especial desde España, del director de cine Rolando Díaz

Una vez más se comete un acto de censura sobre una obra artística en Cuba.

En este caso me refiero al documental “Sueños al Pairo”, de José Luis Aparicio Ferrera y Fernando Fraguela Fosado. Ha sido en el contexto de la Muestra de Cine Joven, ese espacio batallador, incansable, donde jóvenes de una generación sin compromisos preestablecidos, buscan un lugar para exponer sus ideas.

Como resultado de la aplicación de la censura, un grupo importante de jóvenes participantes en la Muestra retiró su Obra lo que dio al traste con la celebración de la misma. Desde mi punto de vista, aunque no suceda nada excepcional a posteriori, esta vez, dado el momento que atraviesa el país, las acciones de los jóvenes cineastas toman un particular cariz. Los dirigentes históricos ceden espacio a una nueva generación de “cuadros” que se considera continuadora, pero que tendrá que lidiar, no sólo en el terreno del arte, con otras generaciones (hay al menos tres generaciones de cubanos más por debajo de la que liderará el país los próximos años) cuyo vínculo con el pasado histórico es casi nulo, emocionalmente hablando, o se vinculan a él desde un afán renovador inédito. Esa será la zona de conflicto futura. Al menos la que a mi me interesa.

Acto de repudio (Fuente externa)

En el caso específico de “Sueños al Pairo” se trata de exponer el calvario que pasó el músico Mike Porcel por preferir abandonar el país cuando se desató el éxodo del Mariel en 1980. Es cierto que todavía en esos años muchos de nosotros nos inclinábamos hacia la idea que justificaba, a pesar de los errores, el proceso revolucionario. Pero es el momento para reconocer que las injusticias nada las puede justificar.

En el ICAIC, organismo en el que trabajé toda mi vida laboral cubana, los actos de repudio en cuanto tal, fueron prohibidos por órdenes expresas de Alfredo Guevara (con quien tuve, a posteriori, fuertes discrepancias por temas de censura) pero; al César, lo que es del César: Dichos actos fueron sustituidos por actitudes civilizadas de rechazo al que pensaba distinto que, aunque constituían también una actitud moralmente represiva, nunca alcanzaron la barbarie que casi llegó a las esencias de La Noche de los Cristales Rotos practicadas en casi toda la nación. En el Documental hay imágenes de archivo que duelen mucho.

Imagen de otro acto de repudio (Fuente externa)

El castigo sicológico a Mike Porcel fue brutal. No cabe otro calificativo. Permitieron viajar a su esposa e hijo por el Mariel, pero no a él, que permaneció en la Isla, en contra de su voluntad, por nueve largos años. Un crimen.

Resumo exponiendo mi idea, como Mike Porcel hace en el documental, de declarar el NO al odio, ni al resentimiento. Pertenecemos a la Nación cubana y tarde o temprano la realidad se impondrá y recuperaremos nuestros plenos derechos de no ser vistos como extranjeros en nuestro propio país. Y nuestra obra, la de todos los que estamos fuera; buena, mala o regular, tendrá derecho a ser vista, escuchada o valorada por quien lo desee y cómo lo desee. Pero no sólo añoraría esa acción necesaria para personas más o menos públicas, sino para todos los cubanos que han sufrido divisiones familiares y sufrimientos de cualquier índole a lo largo de todos estos años, evitando que el hecho de ser artista o aspirante a ello, sea un privilegio.

 

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