Danilo Medina y José Antonio Rodríguez, sonrientes (Foto servida)

Ahora, y no antes, porque ahora no se pueden malinterpretar mis palabras. Ahora, aunque está escrito desde antes.

No buscaré palabras rebuscadas, porque nuestra comunicación siempre fue y sigue siendo llana y clara. Por esa claridad, hace más de 10 años, inicié un trabajo político a su lado.

Hace más de 10 años, aceptó recibirme todos los miércoles en las oficinas que ocupaba en la Av. Abraham Lincoln, de la Ciudad de Santo Domingo, con el sólo motivo de dialogar, de hacerme partícipe de sus pensamientos e ideas.

En aquella pequeña oficina, lo escuché decirme todo lo que quería para nuestra República Dominicana, lo escuché y vi el brillo en sus ojos, resplandor que solo exhiben los que realmente tienen el deseo y la determinación de llevar a cabo sus sueños.

Y es precisamente, en ese pequeño e íntimo espacio laboral, donde me sumé a un reducido grupo de personas que, al igual que a mi, sus palabras cautivaron.

Allí le confesé que mi intención era aportar mi humilde esfuerzo para conducir sus ideas hasta una hermosa y necesaria realidad, una Patria más digna, mejor valorada y más amada por todos los que habíamos perdido la fe en la política y los políticos.

Por esa razón, me solicitó trabajar en sus partituras al lado de Gustavo Montalvo, de quien aprendí el hermoso oficio de servir sin recibir mas remuneración que su aprobación.

Danilo Medina y José Antonio Rodríguez (Foto servida)

Sr. Presidente, como le he confesado antes, fui el primer sorprendido aquel 16 de agosto cuando lo acompañé al Palacio Nacional y mi nombre se sumó a un Gabinete, en el cual Usted puso toda la confianza y seguridad para convertir en acciones todas aquellas palabras de hacía mas de 10 años.

Usted me honró Sr. Presidente. Esa distinción la recibí lleno de entusiasmo al depositar en mi la confianza de dirigir el más importante Ministerio, el de Cultura. Y si, digo el mas importante, porque la cultura es nuestro activo mas valioso y no pertenece a un solo sector.

Con sus palabras escritas, a las cuales llamaba partituras, inicié un recorrido de cuatro años, de los cuales no hablaré porque no es de mí que se trata esta confesión.

Hoy me levanto, con la noticia de su firme posición de no reelegirse, no optar por cuatro años más para continuar su labor y, aunque me asusta que su obra se vea interrumpida por pretensiones particulares, no puedo dejar de escribirle para decirle que, al igual que hace mas de 10 años, este artista, aprendió de usted a servir a nuestro pueblo, el mas alto honor y reconocimiento que alguien puede recibir en este efímero transito por la vida.

Le digo y repito mis palabras de siempre, haber sido servidor público no hubiese tenido los mismos resultados de no haber estado usted a la cabeza. Por eso, termino mis palabras solicitándole que, al igual que hace mas de 10 años, dentro de 389 días me acepte una invitación a tomarnos un café para seguir descubriendo ese brillo que solo tienen los hombres que sueñan y no dejan de luchar por conseguir que esos sueños se conviertan en realidad.

Un fuerte abrazo querido Maestro-Presidente.

José Antonio Rodríguez

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