Wilfrido Vargas estaba en el aeropuerto esperando un avión rumbo sabe Dios a qué sitio. Y su mánager, Huascar, siempre servicial, sirvió de enlace para hacerle tres preguntas puntuales. Otras pueden surgir después que este 22 de mayo, el músico dominicano -que reside la mayor parte del tiempo en Bogotá-, lance la nueva producción discográfica, titulada “Wilfrido es Wilfrido”, después de 25 años de la última propuesta: “Dos generaciones” junto a su hija Alina Vargas.

El hombre que revolucionó el merengue con elementos del jazz y otras fusiones -para servir un producto siempre brillante-, es de verbo fluido, a veces hirsuto, mas indefectiblemente certero. Pudo ser llamado “el Platón del merengue”, por aquello de su filosofía, que puede ser abigarrada y hasta intrincada, pero sin dudas auténtica.

Con razón se le ha llamado “el padre del merengue moderno”. Sus arreglos casi siempre son arriesgados y ponen sobre la brasa sonidos pegajosos herencia de su creatividad y su permanente curiosidad investigativa.

“Wilfrido es Wilfrido” es un álbum de 17 canciones que reafirma su vigencia y capacidad de innovación dentro del merengue contemporáneo, según dice una nota de su oficina de relaciones públicas.

El remake de “La copa arriba”, probablemente rompa como hit. Lo tiene todo, fusiona ranchera con merengue y algo de reggae, y junto a Wilfrido están Eddy Herrera, Los Hermanos Rosario, Johnny y Jandy Ventura, Toño Rosario, ¿y otros? Un tema que debería estar en la gala de los Grammy Latinos este año.

A lo largo de la nueva producción, Wilfrido combina la esencia tradicional del género merengue con sonidos actuales y fusiones que incluyen música urbana, regional mexicana, funk brasileño, bachata, son, chachachá, pambiche y kompa haitiano. El maestro busca posicionar nuevamente al merengue en el centro de la conversación musical latinoamericana.

Éste probablemente sea uno de los más importantes lanzamientos de música tropical del año, un suceso que dará qué hablar.

P. Querido maestro, ¿cuántos años hacía que no lanzaba un disco?

R. Lo que pasa es que yo no puedo ir a un estudio de grabación, a menos que no tenga un plan. Una necesidad. Yo necesito decir algo, no grabar, porque grabar por grabar, ni porque se necesite grabar, ni porque hace mucho que no grabas. ¡No, no, no, no, no! Yo necesito decir algo. Y voy al estudio de grabación para yo mismo creer en mí, en mi esfuerzo y en mi producto. De lo contrario, yo soy el más acérrimo enemigo de de lo que yo mismo hago. Yo tengo que estar feliz, y esta vez creí que tenía que intervenir en la industria por situaciones que me reservo.

P. ¿Qué le ha hecho sacar esta nueva producción? ¿Ha seguido creando? ¿Hay mucho material que quedó fuera?

R. Yo tengo, mi querido hermano Quiñones, alrededor de 40 temas; porque lo que sucede es que hoy en día tú tienes que hacer la manifestación de tu inspiración. Porque tú tienes que contestarles a los otros que graban y a los otros ponentes que sacan discos, con los que yo no estoy de acuerdo. No tengo que decir nada, sencillamente yo voy al estudio para contestarles a las producciones que salen.

P. Creo que la manufactura del material de la industria actual está muy descuidado. Y eso me hizo parar de la cama.

R. Si no habla el primer sencillo, se va antes de los 15 días. Si no habla el sustituto a los 15 días, también se va para el banco el que lo sustituye. Hasta que agarre uno, pero productos bien elaborados, producto al que le confiera un respeto especial.

P. Entonces, ¿qué esperar de “Wilfrido es Wilfrido”?

R. “Wilfrido es Wilfrido” es un documento de publicidad, que yo quiero que los recoja la historia. Como un aporte de mi obra, de mi historia, de mi discografía. Creo que era necesario. No. Obligatorio. O no, tampoco obligatorio. ¡Era im-pres-cin-di-ble! Porque de lo contrario, yo no tendría respeto por mi propia profesión.

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