Un día, siendo yo editor del periódico Diario Libre, no tenía mucho qué hacer, pero como disfrutaba estar en la redacción mientras dirigía el director histórico de ese medio, don Adriano Miguel Tejada, me puse a hojear una revista Rumbos de los años 90. En una de ellas me encontré la historia de una niña que había sido dada en adopción por sus padres biológicos siendo muy pequeña. Sus padres adoptivos eran un norteamericano y una dominicana que enseguida la llevaron a vivir a Estados Unidos. Cuando ella tenía unos 11 o 12 años los padres se divorciaron y la madre regresó al país embarazada. La niña comenzó a estudiar en Saint George, colegio de la alta aristocracia dominicana. Pero la madre adoptiva, que estaba embarazada, comenzó a hacerle rechazo a la niña y a maltratarla. La niña la enfrentó y le preguntó el por qué del maltrato. La madre le contestó que ella no era su hija, sino que era adoptada. así que la niña, por pura curiosidad quiso conocer a sus familiares biológicos, y su madre adoptiva la llevó adonde la había recogido y la devolvió con un hatillo de ropa, como si se tratase de un animalito que se devuelve.
La familia biológica eran pobres, muy pobres. catorce hermanos, mas los padres. Cuatro platos metálicos y cuatro cucharas. Se comía cuando se podía. Para que la niña nueva no pasara tanto trabajo la pusieron de doméstica en salones de peluquería y en residencias de Jarabacoa. como no sabía hacer las cosas, rompía platos sin querer… era un desastre. Un día una joven estudiante de término de Derecho, la conoció en una de esas casas, se puso a conversar con ella (sabía tres idiomas, estudiaba piano, ballet, etc) y decidió poner una demanda a los padres adoptivos por abandono. Así comenzó un caso judicial que si bien no le honró a ella, sirvió para elaborar la Ley de Niñas y Niños de República Dominicana.
La lectura de aquel caso me conmovió tanto que pedí mis vacaciones y me fui un mes a Jarabacoa, a investigar qué había sido de la vida de la niña que casi 30 años atrás había protagonizado aquel reportaje y otros de Nuria Piera para televisión.
Primero pensé en un reportaje para el periódico. Luego me di cuenta que la historia era tan interesante que debía ser llevada al cine. La niña no aparecía ni en los centros espirituales. Durante meses dediqué mis esfuerzos para buscarla a través de la Junta Central Electoral, el DNI, el FBI (algunos decían que se había marchado a Estados Unidos), hasta que faltando 10 días, hablé con mi suegro y en par de días me dio respuesta.
«Dossier de ausencias» es el docudrama que investigué y «guionamos» el director de cine cubano Rolando Díaz, y yo. Él que a la sazón residía en República Dominicana dirigió el rodaje y yo produje el filme. Dejé que creara a pierna suelta. El resultado es esta película que me llena de tanto orgullo.
Aquí les dejo el trailer.
La película está presta para ser vista. Si le interesa puede coordinarse la proyección en universidades, instituciones sociales, colegios, empresas, iglesias, etc., que cuenten con salas de proyección. Para su coordinación pueden escribir al correo: alfonsoquinones@gmail.com

Alfonso Quiñones (Cuba, 1959). Periodista, poeta, culturólogo, productor de cine y del programa de TV Confabulaciones. Productor y co-guionista del filme Dossier de ausencias (2020), productor, co-guionista y co-director de El Rey del Merengue (en producción, 2020).







