Jonatha Muir, el preso político más joven del mundo, junto a su madre, poco tiempo antes de ir a la cárcel (Fuente externa)

Lo dijo Ernesto Ché Guevara con la mayor desfachatez del mundo en su discurso en la ONU en 1964: «Hemos fusilado y seguiremos fusilando mientras sea necesario».

El momento 0 está diseñado. Fidel Castro lo estableció así a inicios de los 90. En el momento 0 en caso de una invasión, todos los opositores serán apresados y fusilados.

Cuba ha evolucionado en los últimos años, bastante… Pasó de ser una dictadura, a ser una tiranía. Y con creces es el peor régimen que ha tenido que sufrir el pueblo de Cuba. a lo largo de su historia.

El mundo mira a otro lado. Los organismos internacionales miran a otro lado. La izquierda caviar mira a otro lado. Las redes sociales de la izquierda soft vibran cuando alguno de ellos escribe que Cuba es un paraíso, pero ninguno es capaz de quedarse a vivir en Cuba un mes, pero como un cubano de a pie, sin un dólar.

Entre los casos más patéticos está el del adolescente Jonathan Muir, preso político entre los más jóvenes del planeta. Encerrado en la cárcel de alta seguridad de Canaleta, en Ciego de Ávila, donde mismo el poeta cubano Raúl Rivero, uno de los fundadores del periodismo opositor en Cuba, quien fue condenado en abril del 2003 a 20 años de prisión durante la llamada Primavera Negra, acusado de «realizar actividades subversivas encaminadas a afectar la independencia e integridad territorial de Cuba, escribir contra el gobierno, haberse entrevistado con James Cason, un diplomático estadounidense, y haber organizado reuniones subversivas en su domicilio».

En esa misma cárcel en el pabellón donde estaban los condenados a muerte, Rivero estuvo mucho tiempo metido en una gaveta, esas mazmorras de exiguo tamaño, donde cada 15 días ponían agua que tenia que recoger en el mismo hueco donde defecaba y se bañaba.

En esa cárcel de alta seguridad hay un menor de edad, un niño, un adolescente. El chico, enfermizo es todavía un imberbe.

Jonathan Muir cometió el gravísimo delito de estar mirando cuando el pueblo hastiado de abuso protestó en Morón, su ciudad natal y quemaron muebles de la sede del Partido Comunista de Cuba en ese pueblo del norte de la provincia de Ciego de Ávila. Lo atraparon los buitres sedientos de sangre y se han cebado en su figura. Su padre, el pastor evangélico Elier Muir, quien también como casi todo el pueblo de Cuba, es opositor, vive en una localidad rural de las afueras de Morón nombrado Camino de Barro. Desde allí ha denunciado que su hijo ha sido víctima en la cárcel de palizas y amenazas de muerte.

Jonathan es un chico que gusta los videojuegos, es poco expresivo y «muy amoroso», como lo han caracterizado sus padres en una enjundiosa crónica de Carla Gloria Colomé en El País, publicada el 1 de mayo y titulada «Jonathan David Muir, de 16 años, el preso político más joven del castrismo: “Mamá, ¿hasta cuándo voy a estar aquí?”», que recomiendo muy enfáticamente.

https://elpais.com/america/2026-05-01/jonathan-david-muir-de-16-anos-el-preso-politico-mas-joven-del-castrismo-mama-hasta-cuando-voy-a-estar-aqui.html?outputType=amp

Allí, sus padres cuentan:

«Cuando Jonathan tenía dos años, los padres se acostumbraron a salir de la iglesia con una tablita que le protegiera la cabeza, pues algunos vecinos, respondiendo a órdenes del Gobierno, los apedreaban siempre que podían. Y cuando tenía seis años, tuvo una maestra que le decía ‘el santico‘. “Lo humillaba por su fe cristiana. El niño estaba deprimido, era menospreciado y subestimado”.

Jonathan, cuentan los padres, desarrolló un trauma. Hasta hoy guardan documentos de su historia clínica que atestiguan que la situación le causó dishidrosis, una enfermedad de la piel que hace que le broten ampollas. Por esta causa, se alojaron en su cuerpo dos bacterias, un estreptococo beta-hemolítico y un estafilococo. “No fue una enfermedad congénita ni contraída, sino una enfermedad provocada por todos estos momentos traumáticos que pasó en su niñez”. El padre presentó quejas en el Ministerio de Educación, sin que nada sucediera».

En fin, la vida de Jonathan no ha sido nada fácil. Y para nada es el futuro maravilloso que la Revolución Cubana supuestamente había diseñado para sus niños. Esos que aún hoy los obligan a decir al entrar a la escuela, si es que van: «Pioneros por el comunismo, seremos como el Che».

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