Aitana Alberti (Fuente externa)

Aitana Alberti, la hija de Rafael Alberti y María Teresa León, acaba de morir en La Habana, creo que olvidada de quién fue.

Aitana había nacido en Argentina. Era editora y escritora. Y debía su nombre a la sierra de España que lleva su nombre al norte de la provincia de Alicante  y que fueron la última colina en divisar sus padres cuando abandonaron el país, rumbo al exilio tras la Guerra Civil española.

Dos años después, en 1941 nació Aitana en Argentina. Pasando el tiempo, la propia Aitana conoció junto a sus padres al mismísimo Mao Tse Tung, líder máximo de China. No recuerdo bien si fue Mao o Kim Il Song la que la tuvo sentada en sus piernas. Eso ella misma me lo contó, hace muchos años, cuando fue mi compañera de trabajo en la Editorial Arte y Literatura entre 1985 y 1991.

Fueron más de 40 años de peregrinaje por el mundo. Entre otros países Italia, donde vivieron un tiempo en Roma, la capital y donde conocieron al historiador y traductor coterráneo de ellos Ángel Sánchez-Gijón y la profesora italiana Fiorella de Angelis, cuya hija es la hoy muy popular actriz española Aitana Sánchez-Gijón, de la cual Aitana Alberti fue la madrina, al nacer la hoy artista en 1968 y a quien dio nombre. De hecho a esa Aitana, la segunda, la Sánchez-Gijón fue a quien el gran poeta de la generación del 27 rafael Alberti dedicó el poema Aitana, niña nueva, en su primer cumpleaños.

Fueron varios los poemas escrito por Alberti padre a su hija Aitana. Entre ellos este escrito en 1971, en Roma, cuando Aitana arribaba A Roma, sabe Dios de qué lugar del mundo.

Querida niña Aitana:
esta clara mañana
de otoño entre los pinos
y oscuros cedros de la Farnesina,
pienso en la Torre Azul de los Molinos
y en el pequeño mar dulce de tu piscina.
[…]
Nuevamente regreso
al paisaje romano
por suerte mía ileso
después de tanto andar en aeroplano
Via del Riari. Aitana, qué sorpresa
te reserva el otoño a tu llegada.
Mi estudio, mi taller
dejó de ser promesa
para ser
una jaula encantada.
Los árboles son míos.
Los del Orto Botánico que abraza
de verdor y silencio la terraza,
el concierto de píos y de píos
de los pájaros, mías
también las plantas ya casi murientes
del balcón de la casa en que vivías.
Y aquí termino, Aitana.
Sé que llegas mañana.
Te esperamos los dos con todo el coro
de Babucha, el canario, el Buco, el loro
y, tal vez ya en el aire, te besamos.

(Texto de Rafael Alberti,«Carta a Aitana» [1971], Canciones del alto Valle del Aniene, en Obras completas. Tomo III. Poesía 1964-1988, Madrid, Aguilar, 1988, pp. 279-280.)

Imagen e Aitana en un corto biografío de una de sus hijas (Fuente externa)

Aitana Alberti León había vivido en su país de nacimiento, Argentina, hasta 1963, junto a sus padres. Luego vivieron en Francia e Italia. Graduada en Antropología, arribó a La Habana, en 1984, como parte de ese destino itinerante tal vez indeseado por ella de la vida suya y de sus padres. Arribó a Cuba junto a sus hijas Altea y Marina y nombró Pleamar a su residencia habanera, en referencia al conocido libro de su padre, publicado en 1944.

Desde su llegada e imagino que tras conversar con las autoridades de entonces -Armando Hart y compañía- inició una etapa de su vida, que estuvo centrada en editar, escribir y luchar por conservar la memoria de los republicanos españoles exiliados. Ya siendo editora en Arte y Literatura, preparo la antología «Poesía escogida» de Rafael Alberti, que apareció bajo el mencionado sello editorial, con prólogo de Nicolás Guillén.

Fue entonces que su padre viajó por tercera y última vez en su vida a La Habana. era un hombre vital, ágil todavía, con la melena blanca pegado al sudor de la calina de La Habana Vieja, la tarde que visitó el Instituto Cubano del Libro y asistió al lanzamiento de esa antología. Lo conocí brevemente porque Aitana me lo presentó, en medio de aquel torbellino de personas que se movía alrededor de él. Si ahora cierro los ojos lo veo salir por el gran portón abierto de par en par de la muy antigua edificación del Palacio del Segundo Cabo e irse acompañado de Aitana -no recuerdo si sus hijas, pero es posible que sí-, Pablo pacheco, presidente del Instituto Cubano del Libro y el infaltable Eusebio Leal.  Ah, y claro, tomado de la mano de su mujer -con la que se había casado el año anterior María Asunción Mateo y con quien duró nueve años oficiales de matrimonio, pero realmente la relación había comenzado por el año 87, cuando todavía María Teresa León estaba viva y sufría de Alzheimer en una residencia para ancianos de Madrid.

«Rafael mantuvo siempre un respeto inmenso por María Teresa. Fue la persona más importante en su vida. Si no es por la audacia y potencia de aquella mujer, él habría vivido (metafóricamente) debajo de un puente. Por eso cuando me pidió que fuese a verla a la residencia con un familiar de él no quise negarme. La admiro mucho y fue duro verla tan mermada, pero aquello lo entendí como una muestra de respeto a una de las mujeres más fascinantes, para mí, de la España del siglo XX», ha dicho María Asunción Mateo en una entrevista para El Mundo.

Rafael Alberti y María Asunción mateo el día de su boda el año antes de su último viaje a Cuba. Así mismo se le vio al poeta en La Habana (Fuente externa)

Se trata de la entrevista de Antonio Lucas, para el periódico El Mundo, titulada «María Asunción Mateo: «Durante muchos años he sido ultrajada por ‘los viudos eméritos’ de Alberti»». En la cual reconoce que estaba pendiente entre María Asunción Mateo y la hija del poeta, Aitana, la ejecución del último de los varios testamentos que el poeta hizo y rehizo entre 1991 y 1996. «Con Aitana no tengo ningún problema», explicó Mateo. Aunque el asunto de la herencia está, 20 años después, en manos de abogados. «Nunca hemos discutido. Quizá se ha dejado aconsejar por alguna gente con intereses equivocados. Ella me merece un respeto absoluto».

También lo mereció su madre, María Teresa León, autora de «Memoria de la melancolía», «y una de las mujeres más destacadas de la agitación cultural y el compromiso republicano de los años 30. Cuando Alberti y Mateo se conocieron, María Teresa León estaba ya ingresada en la residencia Ballesol, víctima de alzheimer, donde falleció el 13 de diciembre de 1988».

Volviendo a Aitana, durante más de quince años estuvo vinculada al Centro Cultural Dulce María Loynaz, donde creó y dirigió “Fe de vida: Imagen y palabra”, espacio dedicado al estudio y la divulgación de la Generación del 27. Presidió además la Cátedra Rafael Alberti de la Universidad de La Habana, el Proyecto Cultural Sur en Cuba y el Festival Internacional de Poesía de La Habana, y formó parte del Movimiento de Poetas del Mundo, esos tres últimos junto al poeta Alex Pausidez.

Su trayectoria literaria había iniciado a los 14 años, con «Poemas de Aitana Alberti», publicado en 1955 por Losada en Buenos Aires y reeditado posteriormente en España y Cuba. Su obra poética comprende también «Pupila al viento», «Y de nuevo nacer» y «Amazona en la centella».

En narrativa publicó «Inquilinos de la soledad», sobre los exiliados españoles, y «Cuentos persas». Entre 1993 y 1997 escribió en el suplemento cultural del diario ABC la columna “La arboleda compartida”, reunida después en un libro del mismo título.

Su labor permitió mantener activa en Cuba la memoria del exilio republicano español y de la relación de sus padres con escritores y artistas latinoamericanos. También promovió el intercambio entre instituciones y autores de España, Cuba y otros países de la región, mediante encuentros, festivales, publicaciones y actividades académicas.

Hace mucho no sabía de ella. La recuerdo siempre dulce, oliendo bien y hermosa. La última vez la vi alrededor del 95 o 96. Lo último que supe, por parte de un amigo, es que «estaba medio ida, probablemente padeciendo lo mismo que su mamá María Teresa León». Que Dios la acoja en la Gloria.

 

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