Kiara Francesca Ulerio Taveras (Foto: colección familiar)

Kiara Francesca Ulerio Taveras, la niña bella que conmovió tantos corazones, y que permanecía interna en Cuidados Intensivos del Hospital Robert Reid Cabral, ha muerto.

Kiara falleció en la noche de este martes 15 de junio, mientras el resto del país estaba atento a los Premios Soberano.

Es hora de que el culpable del olvido de Kiara hable con Dios porque esa tardanza en las oscuras manos del olvido, fueron vitales para Kiara y probablemente hubiese sido posible estirar el tumor a tiempo, recibir quimio y radioterapias. Y Kiara hubiese quizás llegado a ser una médico o enfermera y salvado otras vidas.

Allá en Salcedo la esperaban sus amiguitas del coro que le cantaron hace pocos días y le rezaron un Padre nuestro, para despedirla. Y esperaban sus hermanitos por la hermana mayor que ya no sonreirá más nunca.

Once años ha vivido Kiara. Once años y de ellos este último año y medio, sin poder mover las piernas. Dando tumbos de una clínica a otra. Recibiendo los resultados de las malas prácticas una y otra vez, porque los médicos que la trataron jamás le mandaron a hacer una resonancia magnética, como mandaba la lógica.

Año y medio con varios de los meses de olvido, después que la Primera Dama, Raquel Arbaje, descubriera su caso y mandase a ocuparse y darle atención, cosa que -recordemos- pasó al Ministerio de Salud, y allí Carlos Suero la dejó a su suerte, como un rey de la desidia.

Kiara es una víctima más de la pobreza, y sirva de ejemplo lo sucedido a ella, para al menos tomar carta en el asunto. Los niños tienen derecho a recibir atención de salud de calidad. Y esa atención debería ser gratuita y los hospitales deben estar provistos de laboratorios y de medicamentos y de instrumental necesario, para que los padres o tengan que andar mendigando para resolver esos problemas que son hasta complicados para la empobrecida clase media.

Salcedo está de luto por Kiara, la niña de la sonrisa maravillosa que quería caminar de nuevo.

Recordémosla con esa sonrisa maravillosa. El cielo ha ganado un ángel, que seguramente ha ido a los pies De Dios a decirle, aqui me tienes, Padre.

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