Cuando la nave Artemis II partió hacia el cosmos, comenzó el viaje más arriesgado de algún humano en medio siglo.

El lanzamiento de la nave fue realizado de manera exitosa el 1 de abril de 2026 a las 22:35:00 UTC (tiempo universal coordinado) en el Centro Espacial John F. Kennedy, específicamente en el complejo de lanzamiento 39B.

Fue la primera misión tripulada alrededor de la Luna, y más allá de la órbita terrestre baja, desde el Apolo 17, en 1972.

Artemis II estará tripulada por 4 astronautas: el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover y la especialista de misión Christina Koch, todos de la NASA, junto con el especialista de misión Jeremy Hansen de la Agencia Espacial Canadiense.

Fueron días de interés científico y humano, donde la humanidad puso en alto todo el conocimiento logrado hasta el momento para llegar hasta el otro lado de la Luna.

En la madrugada del sábado Artemis II hizo historia. Logró un punto y seguido en la estrategia espacial de Estados Unidos.

«Felicidades a la gran y muy talentosa tripulación de Artemis II», ha declarado el Donald Trump a través de su red social Truth Social.

«Todo el viaje fue espectacular, el aterrizaje perfecto y, como presidente de EEUU, no podría estar más orgulloso», expresó el mandatario.

Trump también añadió que espera recibir pronto a la tripulación de la misión en la Casa Blanca y adelantó que su Administración continuará impulsando la exploración espacial.

«Lo haremos de nuevo y luego, el siguiente paso, Marte», afirmó. Toda una declaración de intenciones.

Esta fue la ruta del Artemis II (Fuente: NASA)

El regreso

La NASA consiguió un amerizaje perfecto de la misión que ha llevado a 4 astronautas a lo más lejos en el espacio que un ser humano ha ido jamás, así como les ha permitido ver lugares de la Luna que no había visto nunca una persona. Es una misión que se recordará.

Pero es sólo el principio.

«No puedo estar más orgulloso de todos los trabajadores, del esfuerzo, de las largas noches», ha declarado Jared Isaacman, administrador de la NASA . «Del trabajo duro de todo un país que ha contribuido a este increíble momento».

Isaacman ha confirmado que el éxito de esta misión ha permitido acelerar los tiempos para las próximas misiones Artemis III y Artemis IV, con la idea de pisar superficie lunar en el 2028.

Los cuatro astronautas, Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen, no sólo han tenido vistas privilegiadas del satélite, sino que han sido las personas que más lejos han estado jamás de la Tierra.

La reentrada a la Tierra

Cuando el reloj marcaba las 6:53 de la tarde en República Dominicana, la nave Orion había comenzado oficialmente la fase de reentrada a 122.000 metros de altitud sobre la superficie.

En ese momento, los astronautas experimentaron una aceleración de 3,9G y dio comienzo el blackout de seis minutos donde el Control de Misión no tuvo comunicación con ellos por la generación de plasma a su alrededor. El escudo térmico alcanzó una temperatura de más de 2760 grados cuando llegó a unos 61.000 metros de altitud.

La nave Orion había encendido algunos motores para colocarse de forma apropiada y enfrentarse así a la maniobra de reentrada. Unos pequeños ajustes, aplicados durante 18 segundos, que permitieron a los tripulantes encarar el escudo térmico con el ángulo estipulado por la NASA.

Se trató del último encendido de los motores de la nave Orion de Artemis II, que estaba a menos de 30 minutos de posarse sobre el océano Pacífico.

A las 7:33 horas dominicanas, cuando quedaban exactamente 34 minutos para el amaraje, el European Service Module (ESM) se desacoplaba del módulo donde se encontraba la tripulación.

El ESM había proporcionado energía durante todo el viaje espacial, así como algunas funciones clave para el soporte vital como el control de la temperatura del interior de la zona habitacional.

Durante la última etapa del descenso a la Tierra, cuando quedaban exactamente 14 minutos para el amaraje, la nave Orion se quedó sin comunicaciones con el Control de Misión. Se trataba de algo que ya estaba previsto, como cuando sobrevolaron la cara oculta de la Luna y, en este caso, fue debido a la creación de plasma alrededor de la nave que bloquea las ondas electromagnéticas.

Uno de los momentos clave de la reentrada fue cuando la cápsula se convirtió en una bola de fuego rodeada por plasma incandescente. Además del escudo térmico de la nave, los astronautas iban equipados —a diferencia del sobrevuelo lunar— con el Sistema de Supervivencia de la Tripulación de Orion, es decir, el icónico traje especial naranja con el que despegaron.

El traje, que fue renovado de pies a cabeza con mejoras para ajustarse a la medida de cada miembro de la tripulación, podía mantener con vida a los astronautas si Orion perdía presión en la cabina. Sin embargo, también tienen un control térmico mejorado que ayudará a mantener a los astronautas frescos y secos. Debajo del traje se lleva puesta una prenda de enfriamiento líquido, algo parecido a la ropa interior térmica con tubos de enfriamiento integrados.

Nada más tocar el agua, el sistema de flotación de Orion se activó para garantizar que la cápsula se mantuviese sobre la superficie del océano Pacífico. Desde ahí mismo, un equipo de la US Navy les rescató mediante unas lanchas que servían de punto de izado hacia los helicópteros desplegados.

Estos helicópteros con los astronautas a bordo se dirigieron hacia el buque USS John P. Murtha, donde recibieron una primera atención médica.Cuando el personal sanitario evaluó la situación de cada uno y certificó que todo iba bien, volvieron a subirse a un helicóptero rumbo a una base naval en la costa californiana, donde embarcaron en un avión ejecutivo de la NASA rumbo al Centro Espacial Johnson, en Houston, donde aterrizaron aproximadamente tres horas después.

Pero mientras comienzan a hilvanarse los siguientes lanzamientos, ahora la NASA deberá evaluar los aciertos y errores de su primera aventura en la órbita lunar después de más de 50 años.

Comenzando por el final, la propia maniobra de reentrada en la atmósfera terrestre ha sido uno de los puntos más críticos de todo el viaje y también un éxito en la ejecución. Durante Artemis I, el sistema de disipación de calor no funcionó lo bien que se esperaba y más placas de protección de las calculadas se desprendieron del fuselaje de la Orion.

Para esta misión, la NASA optó por rediseñar la trayectoria de reentrada para minimizar al máximo este problema colocando a la nave en un ángulo muy concreto para afrontar los últimos miles de metros de frenado antes de tocar el agua.

Sin embargo, las siguientes naves Orion llevarán un recubrimiento diferente, presumiblemente más resistente a esta maniobra que, por su propia naturaleza, es extremadamente exigente desde el punto de vista térmico.

Continuando con los objetivos cumplidos, uno de los más importantes ha sido la demostración del buen funcionamiento de los sistemas y equipos de soporte vital durante todo el viaje espacial.

Más allá de algunos problemas iniciales con el retrete, la tripulación no ha reportado incidentes dentro de la nave. Tampoco han trascendido problemas desde el equipo ubicado en el Control de Misión en Houston, Texas.

Ambos hechos se incluyen dentro de otro de los hitos establecidos por la NASA antes del inicio de la misión, por el que se pretendía demostrar los sistemas y operaciones esenciales para una campaña lunar. Algo que abarca de forma vertical a todos los equipos de personas, hardware y software involucrados en Artemis II.

Mención especial tiene todo el personal de tierra participante durante la monitorización y el control de Artemis II. Tras finalizar las misiones Apolo en los años 70 del siglo pasado, el personal de la NASA no se había enfrentado a misiones tripuladas más allá de la Estación Espacial Internacional, que orbita a poco más de 400 kilómetros de la superficie terrestre.

Sin embargo, durante esta misión, han estado a cargo de los cuatro astronautas a 406.778 kilómetros en el momento más alejados, lo que ha supuesto la consecución de un nuevo récord mientras sobrevolaban la Luna.

La fase de sobrevuelo lunar ha sido otro momento clave de la misión Artemis II. Los astronautas pudieron capturar información científica muy valiosa para los investigadores con sus cámaras y, además, contaban con una lista de tareas que completaron durante las seis horas que estuvieron más cerca del satélite.

Y enlazando con el tema científico, de puertas de la nave para adentro también se han realizado una serie de estudios sobre cómo reacciona el sistema inmunitario a los vuelos espaciales.

Los astronautas han estado monitorizados de forma permanente para evaluar su desempeño individual a lo largo de la misión, incluyendo su facilidad de movimiento dentro de la nave.

Asimismo, han recopilado un conjunto estandarizado de mediciones que abarcan múltiples sistemas fisiológicos para obtener más información sobre cómo afectan los viajes espaciales a los humanos.

Varios sensores de radiación colocados dentro de Orion han estado registrando información durante todo el vuelo para ver la eficacia del blindaje de la cápsula y, por último, han llevado dispositivos de órganos en un chip para estudiar cómo les afectan los viajes al espacio profundo.

Los astronautas de la Artemis II (Fuente: NASA)

¿Cuáles son los desafíos que vienen?

Pero si hay algo clave de Artemis II, eso es que sienta las bases de la inminente estrategia de Estados Unidos para colonizar la Luna. La nave Orion es la única actualmente capaz de llevar a tripulación hasta la órbita del satélite y, con este recién finalizado vuelo, se demuestra la capacidad para continuar con los lanzamientos.

Esto lleva directamente a Artemis III, actualmente programado para lanzarse el año que viene. En esta misión se llevará a cabo la maniobra de acoplamiento de la Orion con el Human Landing System (HLS) en la órbita de la Tierra.

El HLS es el módulo que emplearán los astronautas de Artemis IV —prevista para 2028— para ir desde la órbita lunar hasta la superficie del satélite natural.

En Artemis IV el humano volverá a pisar la superficie de la Luna, pero para ello tiene que estar listo y probado —en Artemis III— al menos uno de los dos HLS que actualmente tiene contratados la NASA, uno de Blue Origin, la compañía de Jeff Bezos, y otro de SpaceX, la de Elon Musk.

Con esta carrera espacial de multimillonarios en ciernes, la Administración Espacial estadounidense debe ajustar otros asuntos algo menos amables.

El más inmediato es la participación de la Agencia Espacial Europea (ESA), que cuenta con un importante papel en la nave Orion, pero cuya cuota en la ya descartada estación lunar Gateway se encuentra en el aire.

La propia ESA, con importantes contratos en España a través de Airbus, se encontraba trabajando a pleno rendimiento en su módulo de la estación orbital lunar, pero con el reciente cambio de estrategia de EEUU todavía no se ha aclarado el papel europeo en el futuro programa de colonización.

La base lunar será así (Fuente externa)

La base lunar

Este hecho conduce directamente a la base lunar, llamada en inglés y por la NASA Moon Base, de cuyo liderazgo se encarga el malagueño Carlos García-Galán, según el periódico El Español.

El objetivo de Estados Unidos es disponer de una colonia humana permanente en la superficie en el año 2030. Se trata de un programa articulado en tres fases que irá creciendo a medida que se vaya incorporando infraestructuras fijas al despliegue.

Cuando la tercera fase esté completa, la colonia Moon Base se situará en el polo sur lunar y será un pequeño campamento científico capaz de alojar a tripulaciones durante meses, de una manera similar a la Estación Espacial Internacional en la órbita terrestre.

El elemento principal de la base será un módulo fijo presurizado diseñado para varios astronautas y que cumplirá la doble función de sistema de alunizaje y alojamiento, con sistemas de soporte vital integrados.

A la base se sumarán dos vehículos lunares que permitirán realizar exploraciones cercanas y parte de experimentación, además de ayudar a tareas logísticas para continuar con la construcción de la base.

La vida diaria de los astronautas consistirá en una rutina muy concreta de mantenimiento de los sistemas de energía, aire y agua, salidas al exterior para experimentos y prospección y ejercicio diario para mitigar la baja gravedad.

Entre los experimentos que realizarán los primeros astronautas de la base se encuentra la investigación del hielo en los cráteres de la Luna para su posible uso para convertirlo en agua potable, oxígeno y combustible en el futuro.

El objetivo final de la base lunar consiste en preparar a astronautas y a la NASA para un desafío incluso mayor: el de Marte. Se probarán nuevas tecnologías para Marte como sistemas de soporte de vida regenerativos, reciclaje total, impresión 3D y construcción con regolito.

Se trata del mejor campo de maniobras posible y el trampolín perfecto hacia el siguiente paso de la exploración espacial de espacio profundo.

Astronautas de la NASA que pueden participar en misiones Artemisa: Joe Acaba, Kayla Barron, Raja Chari, Matthew Dominick, Victor Glover, Woody Hoburg, Jonny Kim, Christina Koch, Kjell Lindgren, Nicole Mann, Anne McClain, Jessica Meir, Jasmin Moghbeli, Kate Rubins, Frank Rubio, Scott Tingle, Jessica Watkins, Stephanie Wilson (NASA)

(Tomado del periódico El Español y otras fuentes como la NASA)

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