Alfonso Camín en su época habanera (Fuente Externa)

SD. Alfonso Camín fue el padre de la poesía afrocubana. Con esa tendencia poética le dio voz y oficio a muchos poetas que vinieron tras él, como Ramón Guirao, Alejo Carpentier en sus comienzos y Nicolás Guillén entre otros, y también a Luis Carbonell «El Acuarelista de la Poesía Antillana».

Quienes primero me hablaron del poeta nacido el 2 de agosto de 1890 y fallecido el 12 de diciembre de 1982, fueron los poetas Raúl Ferrer, en Moscú, cuando era el consejero cultural de la embajada cubana, Adolfo Martí y Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, en La Habana. Ambos me hablaron del personaje y del excelente poeta, que dominaba muy bien las formas de la poesía, léase la décima, el soneto, las jarchyas, el romance.

Alfonso Camín, poeta nacional de Asturias, arribó a Cuba en 1905, en pleno apogeo de las vanguardias artísticas en Europa, tenía 13 años y había llegado de Asturias a bordo de un barco con un nombre falso. Había pasado casi tanta hambre y necesidad como un haitiano. Para entrar a La Habana, estuvo detenido en cuarentena, en el campamento de Tiscornia, detrás del Morro de la Cabaña, junto a un autor que se convertiría en un clásico, Valle Inclán.

Desconozco si Valle Inclán ejerció en el adolescente Alfonso Camîn algún tipo de influencia intelectual. Lo dudo, porque con tres varas de hambre desembarcó por fin en La Habana el joven asturiano, con ganas de comerse el mundo a dentelladas y de empezar a trabajar rápido, para enviar dinero a su familia. Un tío residente en La Habana lo sacó del lugar y luego lo abandonó a su suerte.

La formación intelectual del poeta nacional de Asturias fue esencialmente en La Habana, donde su huella y su marca de agua tienen que ver de manera muy intrínseca con el Caribe hispano, y con el devenir de la poesía por estos lares.

El hecho de que esté recordándolo es señal del injusto olvido y la falta de reconocimiento en que se encuentra hundido su nombre.

Camín en México (Fuente Externa)

Mucho tuvieron que ver las mulatas sabrosonas de La Habana con las vanguardias literarias. Mucho tuvieron que ver aquellos movimientos de cadera, aquella manera de hablar, esa rumba que se lleva en los huesos. Alfonso Camín, poeta desde que nació, y observador excepcional y deslumbrado de aquella realidad que estaba descubriendo, supo muy temprano, o si no lo supo, al menos lo intuyó en el subconsciente, que llevar ese andar mulato esa manera de ser, de amar y de comportarse en la vida cotidiana, sería su gran hallazgo poético.

Indiscutiblemente, la presencia de Alfonso Camín en Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, ayudó a la divulgación de la poesía que estaba inaugurando. Para que luego existieran un Nicolás Guillén, un Luis Palé Matos, un Manuel del Cabral, tuvo que existir primero un Alfonso Camín. Fue tal su impronta, no solo acá, sino también en México que López Velarde, el poeta muerto a los 33 años, le escribió unos versos donde canta: “Alfonso, inquisidor estrafalario, / te doy mi simpatía porque tienes / un algo de murciélago y canario».

En su introducción al poemario «Carey», el propio Camín asegura: «En 1925 escribo mi poema formal «Elogio de la negra». E inmediatamente «La Negra Panchita», que publican los periódicos de España y de Cuba. «Damasajova», que remito en una postal a la amiga de Santa Clara. La poetisa negra se encarga de hacer

la popular por la prensa cubana. Aparte de otros poemas de este sabor, que publico en «La Esfera» de Madrid, sale en Madrid -Editorial Renacimiento, 1926- mi libro «Carteles». En ese libro van incluidos mis primeros poemas negros» (Op. cit., pág. 9-10).

No obstante, Camín reconoce en algún momento que el único antecedente a sus poemas negros, es un poema de Rubén Darío. Se refiere el poeta asturiano al poema titulado «La Negra Dominga», escrito y publicado por el nicaragüense universal en La Habana, en 1892, tal y como se cita en el texto «What, no rhumba? Los recitales de Eusebia Cosme, y las tensiones entre «raza» y «cultura» en torno a la definición de la poesía «negra» hispanoamericana en los años treinta y cuarenta» (Viviana Gelado, Universidade Federal Fluminense, Brasil), publicado en el sitio web de la facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, de la Universidad Nacional de la Plata. Dicha investigadora afirma en la pág. 2 de su ensayo que: «Una de las tendencias más importantes dentro de la producción de la poesía de vanguardia latinoamericana es la de la llamada ‘poesía negra'».

En el prólogo de su libro «Carey», Camín se queja de que Fernando Ortíz no reconociera su labor en la poesía cubana. Sin embargo, en una carta enviada en los años 50, al poeta cienfueguero José Sanjurjo, le dice: «Me ha encantado su Guateque a Alfonso Camín, por las décimas, por el homenaje a Camín, que fue de los primeros que revivió en Cuba la versificación sobre temas folklóricos de nuestra gente de las orillas, y por el caudal de nombres, datos y giros populares que aquellas contienen, cuando se pone el escritor en contacto con el ánima popular, siempre, aunque él no quiera hace poesía. Le renuevo la expresión de mi agradecimiento y le deseo que siga con el mismo vigor cantando con guitarra, tiple y bongó.” (17 de junio de 1953.). (En Ortiz, la poesía escrita y el teatro, José Antonio García, 22 de junio de 2009, publicado en www.vocescubanas.com).

En el prólogo citado a su poemario publicado en México en 1945, Alfonso Camín se refiere a la polémica acerca de su paternidad en cuanto a la denominada “poesía afrocubana”: “Desde ese momento (…) los poetas de Antillas, blancos y negros, todos a uno, primero en el periódico, después en el libro, comienzan a hacer versos de esa índole, con temas iguales o variados, haciendo baraja revuelta con muchas de mis palabras y no pocas imágenes.” (p. 10).  Luego agrega: “Mi empeño poético –sin otro antecedente que La negra Dominga de Rubén Darío, que no encontró eco en su tiempo y que era cosa fragmentaria y caricaturesca—no solamente sacudió todo el paisaje lírico antillano, si no que se extendió hasta las selvas cálidas del Brasil.  (…) No de otro modo comienza la poesía afro-cubana. O afro-antillana. O afro-interoceánica.” (p. 11).

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