María Cristina Camilo en su casa (Foto: cortesía de El Día)

Acroarte perdió la posibilidad de entregar el Gran Soberano a María Cristina Camilo, la única persona del mundo, fundadora de la televisión en su país, que con 103 años está vigente todavía. Se lo pierde Acroarte. Hubiera sonado hasta donde nunca han escuchado hablar de Premios Soberano por esta curiosidad, afincada en décadas de trabajo abnegado, de calidad, como locutora, como animadora y como actriz de cine, de radio y de televisión.

En estos tiempos de desparpajo, mediocridad, superficialidad, groserías, malgusto y confusiones de qué cosa es arte y qué cosa no lo es, María Cristina Camilo es un monumento a la ética, a la entrega en el trabajo, a la calidad y al respeto por las generaciones más veteranas. Ella es uno de los últimos eslabones vivos con una época donde para llegar a ser lo que ella llegó a ser, había que tener calidad artística.

Y no es que no lo merezcan quienes recibieron el Gran Soberano, nuestro querido Nini y Romeo. Es que María Cristina Camilo lo merecía más que todos.

La mezquindad y la falta de detector de m… de Acroarte (de los que votaron por el Gran Soberano) se acaba de convertir en leyenda. Este martes una persona del área más cimera de los premios, cuyo nombre omitimos, confió a Nota Clave «estos premios serán recordados legendariamente como los premios más injustos, por mucho».

Definitivamente, Acroarte ha caído en manos de un equipo que perdió la razón y el norte, como la aguja enloquecida de una brújula siniestra.

La doble moral, la pertinaz lluvia de la falta de ética, deja los premios huérfanos del apoyo de mucha gente que los seguía. Este nivel de desilusión popular que ahora mismo siente la mayoría de los que pensaban que entregar el premio al primer rostro femenino de la televisión probablemente cuando ninguno de los que le negaron el voto a ella era siquiera un piropo, quizás sea irrecuperable.

Ojalá existan más posibilidades de vida para Maíta que para el premio que hoy han asesinado los propios acroartistas, un conglomerado con el que cada vez uno siente tener puntos de contacto, lamentablemente.

Hoy María Cristina Camilo se dormirá decepcionada de un sueño que creyó posible. Pero como ella es una gran creyente, dirá que Dios así lo quiso. ¡La buena de Maíta! ¡Qué vergüenza!

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