Su tío Joaquín me puso en contexto: «¿Conoces a Tatiana, mi sobrina?». «No», le respondí. «Ella fue la que hizo el documental Nana», aseguró. «Ah siiiii», acerté alargando la i hasta el borde de un vaso de whisky. Desde entonces deben hacer unos cuatro años fácilmente.

Tatiana Fernández Geara tenía 28 años cuando se fajó a rodar su ópera prima, y estrenó cuando tenía 31 años. En el 2015, Nana tuvo su estreno mundial en el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

Ahora acaba de ganar el 1er Premio de Su Mirada, en el Festival Internacional de Cine de Panamá (IFF Panama), lo cual le adjudica además de los 10 mil dólares para su postproducción, la celebración de que su Vals de Santo Domingo, va a tener la atención casi seguro de otros festivales y públicos.

Por fin contactamos por WhatsApp, gracias no a su tío Joaquìn, sino al crítico de cine Jimmy Hungría, y le envié las preguntas.

Tatiana, con gorra negra, dando instrucciones antes del rodaje (Foto servida)

P. -Tu proyecto cinematográfico “Vals de Santo Domingo” acaba de ganar un premio en IFF Panamá, que más que todo es un reconocimiento a tus esfuerzos como mujer directora. ¿Existe un cine mujer?

R. Creo que el premio es un gran incentivo para las mujeres, que por lo general somos minoría en la industria de cine, en el rol de directoras. Pero no creo que haya una sola mirada de mujer, al igual que no hay una sola mirada de hombre. Lo que me parece interesante es que las historias en el cine históricamente han sido contadas por hombres blancos de clase privilegiada, y ahora hay más posibilidades de ver el mundo desde la perspectiva de gente que viene de otros trasfondos, el género siendo uno de ellos.

P. -Existen varias mujeres dominicanas cineastas: Leticia Tonos, Laura Amelia Guzmán, Johanné Gomez Terrero, Natalia Cabral, Yanilis Pérez, Virginia Sánchez, y tú, claro, entre muchas otras, que se destacan por la calidad de sus obras ya estrenadas. ¿Pudiera hablarse de una mirada femenina dominicana? ¿Qué elementos la definen?

R. No creo que haga falta definirla ni etiquetarla. Cuando pienso en ellas pienso en que son «cineastas» no «mujeres cineastas», y la mirada de cada una se define por sus experiencias individuales de vida y de estudio. Si pienso en el trabajo de todas en conjunto, más que identificar una mirada femenina en común, podría resaltar una mirada caribeña, por los temas que tocan sus historias y la manera en que los abordan.

P. -¿Estudiaste cine?
R. No. Hice la licenciatura en Comunicación Publicitaria y la maestría en Fotoperiodismo en la Universidad de Missouri. Hago fotos desde los 17 años y durante la maestría fue que empecé a usar la función de video de la cámara. Mi tesis de maestría fue un multimedia de 10 minutos que luego se convertiría en mi primer largometraje documental, «Nana». Así fue que llegué al cine.

P. -Quizás las más importantes cineastas mujeres del mundo no han tenido la posibilidad de brillar como otras. Me refiero a cineastas como la ucraniana Larisa Shepitko, Agnés Varda, la recientemente fallecida Sara Maldoror, la senegalesa Safi Faye, la cubana Sara Gómez, la palestina Mai Masri. ¿Cuáles son los o las cineastas que realmente forman parte de tus influencias?
R. Yo siento que mis influencias vienen más del fotoperiodismo, al buscar que unas imágenes te cuenten una historia y en conseguir el acceso más íntimo a la vida de las personas. Cuando empecé a hacer documentales usaba las técnicas que traía conmigo de la escuela de fotoperiodismo. Al seguir creando y haciendo talleres de cine, ya he empezado a explorar otros lenguajes y a pensar en contar también con el sonido.

Apenas tres varones en un colectivo de 20 estudiantes de ballet, «Vals de Santo Domingo» (Foto servida)

P. -¿Qué motivó tu documental «Vals de Santo Domingo»?
R. La historia me pareció una buena manera de hablar del machismo en República Dominicana. El machismo me ha afectado toda la vida como mujer en este país, sobretodo por los roles que se les asignan a cada género. Numerosas veces he escuchado gente decirme lo que yo puedo y no puedo hacer por ser mujer. Me pareció interesante explorar cómo enfrentan tres jóvenes varones esos estereotipos, al romperlos y estudiar danza, siendo los únicos varones en una clase de 20 bailarines.

P. -¿Viste el largometraje Yuri, sobre el bailarín cubano Carlos Acosta, que está en Netflix, sobre este bailarín que no quería serlo y hoy es el director del Birmingham Royal Ballet de Londres? ¿Tiene tu documental algún punto de contacto con esa película?
R. No tiene tanto en común más que es la vida de un bailarín hombre. En Cuba el ballet no carga con el prejuicio que carga en República Dominicana, sino todo lo contrario. Allá es bien visto y se admira que un niño quiera bailar ballet. Aquí, un niño que decida eso desafortunadamente tiene que luchar contra las opiniones y el rechazo externo, y al mismo tiempo mantener el enfoque en las clases que son bastante exigentes.

P. -«Nana» es para mí uno de los mejores documentales del cine dominicano. ¿Cuáles fueron las motivaciones de «Nana»?
R. Cuando niña siempre había alguna empleada doméstica con dormida en casa de mis padres que se iba los fines de semana. Yo nunca sabía bien dónde iban ni nada sobre sus familias y sus vidas fuera de mi casa. Con algunas fui más cercana que con otras, y con algunas tuve despedidas emotivas cuando tuvieron que partir. El documental lo empecé casi cumpliendo 30 años, cuando iba a los cumpleaños de los hijos de mis amigas y veía muchas nanas. Empecé a preguntarme dónde estaban los hijos de ellas mientras ellas cuidaban los de mis amigas. Comencé a hablar con algunas y a leer investigaciones y reportes sobre el trabajo doméstico. Así empezó todo.

P. -¿Para ti en lo personal acaso significó una rebelión individual?
R. Creo que yo sigo viviendo el proceso de «Nana» aún hoy en día y su significado para mí va evolucionando. Al inicio era un claro llamado de atención a los sacrificios que conlleva y lo compleja que es esa profesión. Hace poco lo volví a ver y lo sentí como una exploración sobre el significado de la maternidad para mí, que no soy madre.

P. -¿Hay mucha diferencia estilística entre «Nana» y «Vals de Santo Domingo»?
R. Creo que en los momentos de mucha intimidad se puede notar alguna similitud en las tomas de ambas películas, por mi manera de filmar. También fueron grabadas con cámaras similares. Pero en general, con «Vals de Santo Domingo» me tomé más libertades alejándome un poco del lenguaje periodístico con el que inicié con «Nana».

P. -¿Quieres quedarte en el documental o te interesaría hacer ficción?
R. Yo estudié publicidad y lo dejé para hacer fotoperiodismo (donde las mujeres también somos minoría). Para mí el cine documental es como el fotoperiodismo en movimiento. Hacer ficción sería como volver a hacer publicidad. Me gustaba la publicidad y la disfruté en su momento, pero en realidad no va con mi personalidad. Me gusta trabajar sola o con pocas personas. Además, me gusta el reto de aprovechar una situación que ya existe y buscar la mejor manera posible de documentarla, aventurándome a ver hasta dónde me lleva la historia y resolver con lo que hay.

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