?Qué ocurre con el discurso poético de Soledad Álvarez? ¿Qué ha pasado? ¿Algo ha cambiado, o lo suyo viene de lejos?

Al parecer y al juzgar por su discurso poético en el premiado texto Después de arder, alguna mosca feminista o algún mosquito socialista, le han  picado o rondado, en estos días a Soledad Álvarez.

Quienes han leído ya Después de tanto arder, de Soledad Álvarez, movidos por la curiosidad o el interés literario, han reaccionado sorprendidos por la fuerza de una voz de mujer tan firme frente a los embrutecimientos de la cotidianidad patriarcal, su indudable acento femenino/feminista, su firmeza y/o radicalidad en favor de la paz, contra la guerra y la injusticia social. Es ella quien escribe:

 

Muchacha enamorada

Después de la cena

de dormir a los niños y dejar cabeceando

al marido en su sillón mullido frente al televisor

la mujer casada lava los platos

y en el agua de jabón

en la espuma del cansancio

la muchacha enamoraba que fue ‘

regreso del olvido al inicio del camino.

(página 10, fragmento)

Las dos grandes noticias para el colectivo poético dominicano en 2022 fueron los galardones de Álvarez, el Premio Nacional de Literatura 2022, anunciado en enero y el más importante premio poético en España, ya citado, con el poemario Después de tanto arder, un texto  desde el punto de vista de la extensión, es corto, apenas 43 páginas de poemas. Pero, por suerte, en materia de poesía, la calidad no la mide la cantidad de palabras y páginas.

Foto de la Colección Álvarez

Después de tanto arder ya publicado por la editorial Visor de Poesía, que está impresionando a sus lectores locales, quienes se preguntan qué le ha pasado a una escritora que obviamente no pertenece ni a la clase obrera, ni a la casi desaparecida pequeña burguesía, con una línea poética como:

Imágenes de Ucrania

Esa mujer que corre

para escapar del horror de la guerra

con su sino en los brazos

ese niño que no entiende

y llora llamando a su padre

ese padre que intenta bloquear con su cuerpo el tanque

     ruso

ese tanque que llega del más oscuro pasado

salen del televisor al plumón del día

se instala en la conciencia

 y no hay escape.

(página 48):

Quienes se hacen esa pregunta tienen una poderosa razón para formularla: no conocen la trayectoria de Soledad, su compromiso con la escritura, su cuidado extremo en la forma y su compromiso con sus áreas temáticas, cultivadas desde hace bastante tiempo.

La poeta es temáticamente coherente, antes de que su obra lograra el prestigio de los premios literarios, cuando no estaba bajo el foco de la crítica iberoamericana. Es la suya una voz fuerte y firme que reivindica la subvaloración de la mujer:

Campo de batalla

Los días de limpieza la mujer casada

empuña como armas la escoba y el plumero.

Roto el yeso de la sonrisa

la argamasa de la historia convencida

fiera se lanza contra la casa

que ya no es nido sino campo de batalla.

(página 14)

Al conocer cada uno de sus poemas, surgen las interrogantes: ¿Es esta una temática nueva para la poeta?

¿Se trata de un inusual discurso, perfumado de erotismo, de desamor, de interrogantes sobre la existencia, de denuncia social, con una vibrante fuerza de voz en cuello contra la guerra, la injusticia, la desigualdad?

¿Se ha transformado Soledad en repentina feminista? ¿Es desde ahora un sensible al horror de la guerra y la mala onda de la injusticia?

¿Es nuevo el temático en la creación de Soledad Álvarez? ¿Se corresponden sus poemas con su posición social?

La poesía de Soledad Álvarez, no es una nueva voz.  No se trata de un creado discurso de género para ponerse a tono con la moda inclusiva.

La suya ha sido desde siempre, una obra urgida de horas matizadas con la presión de los afanes por sobrevivir, por la instauración del sentimiento de justicia, por el ideal de una vida sin desequilibrios de género, de la proclama del amor desde su esencia más pura, alejado el ideario del mercado, a pesar de que su labor profesional sea corporativa y sus jornadas de trabajo cotidiano, se entreguen a un banco.

José Alcántara Almánzar, en su presentación al libro, sostiene:

«Soledad Álvarez se sumerge en la intimidad de la mujer para extraer sus frustraciones y desencantos, todos aquellos símbolos del olvido y la muerte de las ilusiones. En Después de tanto arder, la autora renueva su pulsión lírica para convocarnos a recorrer los sueños de la novia y la recién casada, el aburrimiento que corroe tras la boda en medio de las rutinas del ordenado gineceo. Son poemas de amor y desamor, exultantes o dolientes, entre boleros emblemáticos, el reencuentro con amantes irreconocibles, vencidos por el tiempo, o la sensualidad que estalla como una llamarada».

Su  discurso, su entretejido de expresiones invocadas destila desde hace muchos años la cotidianidad, el inicio del día, las subordinaciones de pareja, la circularidad, las opresivas diferencias de género, lo cual puede verse en este poema publicado en el suplemento  dominical Cultura de El Nacional, dirigido por Freddy Gatón Arce en los años 70’s (hace  cerca 22 años ) un canto a la condición del hombre simple, que marcó una diferencia con la poesía politizada de la época, empalmada de cotidianidad y cierta visión

Si nacieras llamándote Luis Pérez

Si nacieras llamándote Luis Pérez

despertarías a las seis de la mañana

preguntando qué día es y poniendo las noticias radiales.

Bostezarías

embutiendo rápidamente la mañana

(nada de recuerdos sobre la noche anterior)

arrojarías las sábanas

pasarías al baño, al aseo diario

meticuloso

del hombre de negocios que se afeita para evitar

   comentarios.

Nada exótico

huevos y pan en el desayuno

te alejarías dando un beso leve a tu mujer

(ruido permanente zumbando en tus oídos)

ajustarías las gafas para hacerte el distraído

ante el empuje del sol y del humo impaciente del asfalto.

Nada de amantes (siempre estás muy ocupado)

ni de preocupaciones sobre países lejanos.

Te asombrarías del motín en el Altar de la Patria

de protestas y gritos rompiendo la ruta cotidiana

y naturalmente darías la vuelta para evitar

     complicaciones.

Sereno

inalterable

Luis Pérez

te sentirías asombrado de que aún existan hombres

que se emborrachan por una mujer

que se esconden de la policía por una bomba puesta

    la noche anterior.

Te asombrarías del tipo largo que pasa diariamente

por la oficina vendiendo cuartillas llenas de

     palabras incomprensibles.

“Este mundo está perdido” pensarías

cuando de regreso a la casa observas la muchacha

que se tira en brazos de un desconocido

y desaparece en el parque.

Serías así

y entonces no le hablarías a los peces

no te aturdirías bajo la alegría

ni gritarías con voz templada por el nacimiento

     de la espiga

no estaría yo a tu lado para ver la muerte de las olas

y el comienzo de la palabra

para viajar sobre la tristeza al centro de los árboles.

No estaría mi pelo naciendo sobre tu frente

para terminar las lágrimas.

Todo esto te sucedería si decidieras

ahogarte bajo las horas y mezclarte a lo cotidiano

al sudor

la indiferencia

al equilibrio exacto.

Si decidieras meter los sueños en tu bolsillo

y nacer de nuevo para llamarte Luis Pérez”

(2012)

Los temas de género, de denuncia social, de vida cotidiana, de lucha militante, son constantes en Álvarez desde hace años, de quien hay que recordar que perteneció a la Generación de Postguerra (1970), de la cual eran integrantes Mateo Morrison, Andrés L. Mateo, Enriquillo Sánchez, Tony Raful, Alexis Gómez Rosa y Enrique Eusebio.

Es ésta misma Soledad Álvarez la que escribe hace años, su proclama:

Declaración

Juro vivir mi vida
sin treguas
armada hasta la muerte
sin aflicciones ni miserias
con mis culpas y derrotas bien lavaditas
y aireadas   vivir
sin torturadores o con ellos
pero sin pie para la traición
sin santos ni sobornos
sin traidores o con ellos
pero sin pie para la traición
vivir   amor
aunque me rompa el alma
pasajera de desastres
ventrílocua de lo indecible
contrabandista de valijas rotas
de amores y contramores
aunque me toque la muerte
aunque me claven las uñas
vivir con lentitud o con demencia
con la luz o sus negruras
ahora y después
hasta ganar la batalla.

Que no asuste a nadie esa voz de Álvarez, una no es nueva, ni producida para impactar jurados en Europa. Ella es reincidente y responsable de cada palabra escrita, de cada poema esbozado, sin renegar de su vida, con una creación de tiempos existentes.

Mucho antes de los premios, de las ceremonias de entrega en el país o Madrid, Álvarez fue la misma poeta, escribió en 1994:

 

Oración a la mujer sola

A Phileas

 

 Señor, la que hiciste a tu imagen está sola

Ha perdido el rumbo y su boca que ha comido de tu cuerpo

tu boca que ha bebido de tu sangre está muda

Tú que la ungiste en el paraíso con palabras nuevas

             como el agua

palabras amadas para espantar la muerte

niegas la lumbre a sus ojos y desgarras sin piedad su corazón

La vida es triste fuera de la muralla de tu pecho

Hay traidores conquistando ciudades, mujeres que lastiman

héroes con los bolsillos llenos de monedas, mentirosos

maniobreros con olor de pulpo muerto

entre la multitud sin otro destino que el destierro

Protégela Señor. Toda la noche ahuyenta a los mercaderes

             de tu templo

apacienta las ovejas del sueño y canta las delicias de tu

             memoria

Toda la noche te espera. Las puertas cerradas, las lámparas

             encendidas como deseo

su vientre como ofrenda

las piernas que la arrastran como ahogada entre mendigos

             y piedras

Protégela Señor. Regrésala a tu reino de flores desnudas

tu reino custodiado por hermosos guerreros desarmados

amplio y azul como mar desde donde zarparon los barcos

             a todos los puertos

sin las tormentas del odio

sin las bestias que se alimentan de los despojos del amor

Dios de humano corazón como vivir sin tu presencia lejana

             como todo lo que está cerca

¿Es que no oyes la súplica de quien escancia el vino y corta

             el pan

y dispone la mesa para recibirte?

¿No oyes el gorgor del agua que perfumo para lavarte los pies

             y besarlos luego

el agua mi agua escapándose para lavarte los adentros?

Alégrense las criaturas porque mi Señor ha vuelto

Bendito el que viene para el amor

porque hace manar jugos y savias de primavera

porque incendia mis venas y resucita lo invisible

Metamorfosis del ser indefenso que recibe tu luz

omnipotencia en mí

imagen de la pasión en mí

Esta noche reclinará su cabeza en mi hombro

mañana caminaremos sobre las aguas. (1994)

 

Es esta una Soledad acompañada, a la que debemos festejar por darnos por tantos años, tanta y tan bien cuidada poesía, tanta idealidad circundante con sensibilidad en torno a la condición humana.

No es esta una nueva voz de Soledad Álvarez. Es su voz.

La de siempre.

La obsesiva con la terminación de sus poemas. La necia corrigiéndose y corrigiendo.

 

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