Eduardo Selman lanzando (Foto montaje del autor)

ESPECIAL DE GIOVANNY CRUZ PARA NOTACLAVE.COM

SD. Robar, distraer, dispendiar, malgastar o mal administrar los fondos en el Ministerio de Cultura es un doble crimen de marca mayor. En muchos casos se comete un delito puro y simple. En otros casos, el crimen tiene que ver con un vacío presupuestal que impide ejecutar planes de desarrollo cultural allí. ¡Tamaño asunto!

La ley de Administración Pública especifica, claramente, cual porcentaje del presupuesto de un ministerio se puede destinar a cubrir gastos de salarios y cual otro monto debe estar destinado a los planes de acciones y desarrollo de ese ministerio.

En nuestro país, el clientelismo tradicional e histórico provoca grandes distorsiones presupuestal en el Estado Dominicano.

En el Ministerio de Cultura tales distorsiones suelen ser de bastante gravedad. Me explico: el presupuesto anual de Cultura siempre ha sido muy inferior a las verdaderas necesidades del sector. No obstante, el asunto es peor de lo que suponemos. Esto, porque sabemos que sólo una parte del presupuesto anual asignado suele llegar al ministerio.

Esto es así, porque para la mayoría de los gobiernos la Cultura no es una prioridad. Hablemos claro.

Se había comentado sobre el dispendio, o mala administración, que ocurría hasta hace unos meses en el ministerio que ocupa nuestro interés y atención. Algunos de los males llegaron al dominio público. Pero, en realidad, no sabíamos hasta dónde llegaba el asunto. Estamos viendo ahora asomar las cacatas de Cultura.

Para ilustrar con el ejemplo les cuento: en dicha cartera el actual ministro Eduardo Selman y la Contraloría de la República han encontrado una caterva de “botellones” (léase: “personas que cobran sin trabajar.”), lo que urgió de medidas radicales.

El descaro del asunto era tal, que hasta personas que no viven en nuestro país, habían estado cobrando fabulosos sueldos, pagados con los impuestos que nuestros ciudadanos ingresan al fisco.

Lo primero que se hizo en Cultura, con paciencia, fue investigar directamente el tipo de trabajo que cada empleado hacía en esa institución. Luego, se dio la oportunidad a muchos de explicar la naturaleza y calidad de la labor que debía desempeñar. Como entenderán, muchos no lograron justificar el sueldo devengado.

Ya pueden imaginar cuál ha sido, entonces, el remedio inmediato: suspender a todo aquel que no logra justificar con trabajo el dinero recibido supuestamente para hacerlo.

En algunos casos las correcciones han desatado las furias del averno y, en lugar de la humildad recomendada, ciertos afectados han recurrido al insulto y a la calumnia.

En ese grupo, como sabrán, hay amigos entrañables a los que, desgraciadamente, no puedo en este caso respaldar. Por el contrario, las medidas disciplinarias y administrativas que están implementando en Cultura para sanear la institución, cuentan con mi absoluto apoyo.

Me he enterado que Contraloría y el ministro nada más han empezado a soltar el brazo. Eso si, están exhibiendo, desde ya, rectas entre las 90 y 100 millas. Los afectados han procurado usar el bate para contrarrestar las bolas lanzadas; pero sólo han conseguido batear de faul.

Ministro Selman, señores de la Contraloría: hay más, algunos más “distorsionados”. Y hay otras, algunas otras distorsiones. Sigan con sus rectas de humo y tendrán el reconocimiento eterno del sector, que verá con mucho agrado que los recursos del Estado se emplean, por lo menos allí, correctamente.

Me permito un consejo: para que no se les “sienten” en el home a esperarles las rectas, tírenles de vez en cuando algunas curvas. ¡Se poncharán!

Sabemos que escucharemos alguna bulla durante un tiempo. ¡Bulla de play! Nada que no pueda apagar un buen y justo…

¡Telón!

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Alfonso Quiñones (Cuba, 1959). Periodista, poeta, culturólogo, productor de cine y del programa de TV Confabulaciones