Jenner realizando su primera vacunación en James Phipps, un niño de 8 años. 14 de mayo de 1796. Obra de Ernest Board (Dominio público)

Si hoy tenemos vacunas para combatir la pandemia del coronavirus, es gracias a un hombre que se empecinó en resolver la situación en Europa de la viruela por allá por los años 1790. Probablemente ningun otro ser humano haya salvado más personas que él. Y sin embargo, su nombre no es tan conocido como el de Messi, Beyonce o Kim Kardashian.

La viruela es una enfermedad infecciosa grave, muy contagiosa y altamente mortal. Desde 1977 no se reporta ningún caso de viruela en el mundo y desde 1980 la OMS la declaró erradicada. Pero en el siglo XVIII azotó a Europa de un modo tal que provocó la muerte de unos 60 millones de personas. Su elevada tasa de mortalidad, de alrededor de un 30 % de los infectados, con tasas especialmente elevadas en bebés, provocaba cicatrices por todo el cuerpo, y en muchos casos ceguera, en los sobrevivientes.

Edward Anthony Jenner nació el 17 de mayo de 1749 en Berkeley, Inglaterra, donde falleció el 27 de enero de 1823. Tanta ha sido su trascendencia que en el 2002 su nombre fue incluido entre los 100 hombres ingleses más importantes de todos los tiempos. Jenner era poeta, médico rural, naturalista e investigador.

A Jenner le fue otorgada la nacionalidad francesa en honor a sus grandes méritos y antes fue distinguido como miembro de la Royal Society por su trabajo como naturalista al respecto del comportamiento del cuco (especie de aves), desarrollando una amplia experiencia en el campo de la biología y a nivel quirúrgico a partir de trabajar en Londres junto al cirujano John Hunter.

Pero su gran logro para todos los tiempos fue la invención de la técnica de la vacunación. Un día se dio cuenta que un grupo de mujeres que se ocupaba de ordeñar vacas contraía una versión leve del virus de la viruela, gracias al contacto con dicho animal, y decidió abordar una experiencia en mayo de 1796 tomando una muestra de las lesiones de una trabajadora, Sarah Nelms, para infectar intencionalmente a un joven de ocho años, James Phipps, quien tuvo reacciones leves de fiebre y mareos, que pasaron muy rápidamente, y a quien seis meses más tarde expondría a la viruela humana para comprobar que efectivamente estaba inmunizado.

Fragmento de retrato de Edward Jenner (Autor: John Raphael Smith. Dominio público)

Había inventado la vacuna, su principio, la técnica. Había descifrado ese mecanismo natural mediante el cual se puede inmunizar a una persona.

Y por su puesto, la denominación de vacuna responde a la manifestación particular del virus que circulaba entre las vacas conocido científicamente como variolae vaccinae, éste último sobre el latín vaccinia, asociado al adjetivo vaccinus, indicando lo perteneciente a la vaca, procediendo de vacca, por vaca. De ahí que también a la carne de vaca se le conozca como… carne vacuna.

Casi un siglo después, en 1891, el físico-químico francés Louis Pasteur emplearía el término vacunación en reconocimieno a Jenner, en la lucha contra el ántrax así como contra el cólera aviar.

La comprensión de Jenner del sistema inmunológico, a partir de inyectar en el organismo una muestra controlada de un virus para activar la creación de anticuerpos capaces de enfrentar las formas más invasivas en caso de que éstas entren en contacto, es el gran aporte de Edward Jenner, cuyo nombre debería ser recordado cada año con una gran fiesta de la sobrevivencia. ¿Alguien (Messi, Beyonce, la Kardashian) pueden calcular la cantidad de personas que le debemos la vida a Edward Jenner?

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