Tanya y sus dos niñas merecen un presente de seguridad para un futuro mejor (Foto servida)

Tanya Elizabeth Alcántara es una joven madre soltera. Una joven madre soltera, pobre. Una joven madre soltera, pobre y negra. Una joven madre soltera, pobre, negra y sin trabajo. Una joven madre soltera pobre, negra, sin trabajo y con dos hijas de diferentes padres. Una joven madre soltera, pobre, negra, sin trabajo, con dos niñas de diferentes padres que tienen condiciones de salud muy complejas.

De tanta pobreza acumulada, de tanta orfandad de Tanya y sus dos niñas -que son todo lo que tiene en esta vida-, en apenas dos semanas van a ser desalojadas, si no logra pagar el alquiler de la casita por la cual paga 9.500 pesos al mes en esta capital de los dominicanos y que desde enero, cuando la pandemia se llevó a los padrinos que la sostenían, no ha podido pagar.

Esos padrinos que las llevaban colgadas de sus almas, eran un señor y una señora a quienes recuerda varias veces al día y a quienes agradece por todo lo que hicieron por ella y sus niñas. «El padre de Dara me ayudaba, pero está sin trabajo», reconoce.

En esa casita suya, que se filtra el agua desde el techo cuando llueve y adonde llega el smog de los autos del elevado de la Avenida Kennedy con Ortega y Gasset, Tanya se ha ido quedando sin estufa, sin electrodomésticos menores, sin nevera -una vecina, doña Margot, que vive en un cuartico chiquito le ha llevado su estufa y su nevera para que se las cuide (y seguramente para ayudarla)-, y solo le ha quedado su cama, un jueguito de comedor, la cuna de la mayor donde casi no cabe ya y dos cuadritos muy kitsch colgados en la sala, que son de otra vecina que le dijo que se los cuidara pues en su casa no caben. Ni hablar de televisor.

«He tenido que ir vendiéndolo todo», advierte, para poder enfrentar la situación de las niñas, cuyos padres uno trabaja pero no gana casi nada y el otro está sin trabajo. Las niñas tienen que alimentarse y tomar medicinas y vitaminas. ¿Familia? La poca familia que le queda en el interior está concentrada en un primo con leucemia. ¡Dios proveerá!, confía.

Así que a Tanya y a sus hijas Dara Ivette de Jesús Alcántara de dos años y medio, y Hadassah Salazar Alcántara, que cumplirá 5 en agosto próximo, les espera la calle como hábitat y el cielo como techo, si no paga al menos por ahora los 66,500 pesos que acumula de deuda de alquiler. Y puede que los casos de desalojo lleven un proceso judicial que da un respiro. No es de eso de lo que se trata, pues al final ¿quién va a pagar lo adeudado que irá creciendo? Tanya. Y de todos modos a la calle.

Esta mujer joven que hace cuatro años no trabaja, no puede trabajar -porque ¿con quién va a dejar a sus hijas?-, ni siquiera puede comprar en el colmado cercano, porque ya no le fían. Aunque hay vecinos solidarios que compran por ella, siempre y cuando pague lo que le fían a ellos.

Tanya es sencilla como la flor de la trinitaria, y tan sensible como el moriviví. Tiene un celularcito que alguien le prestó, con pantalla rota y por donde apenas puede enviar mensajes y recibir llamadas. Ayer decía «gracias, gracias, gracias, gracias, gracias», como un mantra, no se sabe cuántas veces, porque cuatro personas, encabezados por Marlen Estrella, decidieron visibilizar su conmovedora realidad.

Tanya y sus dos hijas son un problema que hay que resolver. Un problema para la mata de jabilla cercana, que siente esos ruegos suyos cada vez que pasa a su lado con el coche doble donde lleva a todas partes a sus hijas a pie. «No gasto en carros, adonde quiera que tenga que ir voy a pie y así ahorro, ¿verdad que sí?». Lo sabe también el policía acostado medio gastado de tanto uso, que ella tiene que cruzar con su coche doble cargado con sus tesoros.

«Ahí va», dirá el colmadero al verla, con el corazón endurecido porque él no es seguridad social de nadie.

Porque la mata de jabilla, el policía acostado, el colmadero y todos los vecinos saben que Dara padece de una condición rarísima, de hecho es el primer caso de su tipo en República Dominicana, según Tanya se llama Síndrome de Pitt-Hopkins lo que se le había descubierto durante el embarazo y se confirmó al nacer la niña. Este síndrome del cual hay unos 50 casos en el mundo, es genético y provoca retraso en el desarrollo, discapacidad intelectual que puede ser moderada a grave, problemas de comportamiento, rasgos faciales distintivos, y problemas respiratorios como episodios de respiración rápida (hiperventilación) y episodios en que se para de respirar (apnea). Otras características pueden incluir síntomas del trastorno del espectro autista, alteraciones del sueño, convulsiones, estreñimiento, miopía y anomalías esqueléticas menores.

Por su parte la mayorcita de las dos, Hadassah, padece de una grave enfermedad cardíaca (cardiopatía congénita) por la cual ya fue operada a corazón abierto, y que tiene cotizado un panel de cardiopatía, que es un estudio que cuesta unos 500 dólares o 29,000 pesos para poderla intervenir quirúrgicamente y así darle mejor calidad de vida. Pero a la vez le están realizando un complejo estudio genético llamado Exoma Proband que cuesta 87,000 pesos.

Otra gran preocupación de Tanya es qué hará con Dara -que no camina, no habla, convulsiona- cuando vayan a operar a Hadassah.

El tiempo es oro. Y hay dos niñas enfermas a punto de quedar en la calle. Por eso en la mente una y otra vez uno puede escuchar la voz de Mercedes Sosa cantando: «A esta hora exactamente hay un niño en la calle, hay un niño en la calleeeee!», como un llamado de atención, y entonces suena el bandoneón premonitorio, grave, dramático.

No podemos dejar que Tanya y las niñas Dara y Hadassah pasen a formar parte de ese enorme ejército de la vergüenza latinoamericana que son los niños sin techo. Hay que negarse rotundamente. Esas dos niñas y esa madre ya tienen suficientes pruebas en la vida. Y no todos somos colmaderos duros de corazones, ni dueños de casas a punto de desalojar a nadie, ni desalmados que miran a otro lado.

Para quienes deseen aportar a este caso pueden depositar en la cuenta bancaria siguiente.

Correo: Tanyaelizabethalcantara@gmail.com
Cuentas de ahorro
Banco de Reservas: 2404184171
Banco Popular: 770588523

El grupo compuesto por Marlen Estrella, Alice Mañón Miolán, Paola Khoury y quien suscribe, han decidido no asumir directamente este caso, debido a que otras personas desean hacerse cargo de ello; aunque sí llamamos a quienes quieran colaborar a aportar ayuda a las niñas de este caso, hacerlo de manera directa a esas cuentas.

Públicamente informamos que a partir de hoy no seremos responsable del caso de Tanya madre de las niñas Hadassah y Dara, lamentamos mucho comunicarles esto. Si decirles y motivarles que no dejen de donar a su cuenta personal pues la cuenta expuesta por nosotros no se utilizará para estos fines.

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