Las imágenes hablan por sí solas. Los cubanos están siendo cazados salvajemente por las fuerzas represivas del régimen, que se escudan para reprimir en la vieja perorata del bloqueo de los Estados Unidos a Cuba, ese mantra que fue amalgama para la izquierda latinoamericana.

Tal parece que no habrá un vuelta atrás. Las cosas parecen haber llegado a un punto de no retorno. Se rompió esa fina membrana del miedo. La gente se hartó y salió a las calles a protestar. @DinaStars_ es una influencer cubana que ha estado pacíficamente reportando y participando en las manifestaciones. Medios internacionales como Antena3 Noticias, TeleMundo y otros la tomaron como fuente de información. En la mañana de este 13 de julio ha sido arrestada en su propia casa y conducida a una estación policial de La Habana, donde le quitaron el celular y trataron de entrar a sus redes sociales. Su delito: tener 60 mil seguidores en Instagram e informar lo que sucede. Pacíficamente.

No creo que el gobierno se vaya a caer, ni siquiera que vayan a cambiar muchas cosas. No hay liderazgo, ni estructura, ni programa de gobierno. Porque no han sido los opositores los que se han tirado a las calles. Ya esos han cogido sus pelas, su soledad, su hartura de golpes y de cárceles. Pero lo histórico, lo realmente histórico, es que los «revolucionarios» están haciendo en las calles lo mismo que hacían los «batistianos».

Ese nivel de represión era desconocido a lo largo de 62 años. Ni siquiera cuando Hubert Matos se alzó en en cuartel de Camagüey. Ni siquiera cuando Playa Girón ni cuando la lucha del Escambray contra bandas alzadas en contra de la Revolución. En ambos casos, quienes llegaron a las costas de Cuba o quienes se alzaron en las lomas de la región central de la isla, estaban armados.

Ahora nadie está armado, en Cuba la población no tiene siquiera cocteles Molotov, a lo más piedras, pero solo palabras, gritos, improperios, indecencias -es cierto-, cansados de aguantar el abuso. O una cacerola, como hizo esta anciana, cansada del hambre y de las necesidades.

Hay madres en las redes que se quejan de que el régimen va por casas sacando adolescentes y jóvenes con edad militar para el Servicio Militar Obligatorio. Se los llevan a la fuerza, o de lo contrario los acusan de traición a la patria. «Abelito me llamó llorando, que lo siento mucho. Mamá yo me voy a esconder, pero no le voy a dar palos a nadie». Hay otros muchos, que están desaparecidos, como el tuitero y estudiante de medicina Ariel Falcón, a quien reconocieron durante una manifestación y se lo llevaron preso el domingo.

Las balas que tiran los «revolucionarios», los golpes que dan con manoplas, las tundas, el odio que destilan, son con palos, con armas. Disparan. No disparan ideas, no disparan propuestas de cambios, no disparan llamados a ponerse de acuerdo, en vamos a pensar todos juntos como mejorar. Porque ese todos juntos, no existe. Solo ellos, la única voz, la que habla del bloqueo y es incapaz de liberar las fuerzas productivas, dar facilidades, bajar impuestos. Porque lo de Cuba no es la pandemia, no es la falta de vacunas, el orgullo y la falta de piedad, es el hambre.

Los que están en las calles no son solamente los jóvenes, sino también adolescentes como el niño de 13 años que grita en Manzanillo al presidente del gobierno de la ciudad «Tengo hambreeeeee»; o ancianos como la de la foto del cacerolazo. Son mujeres y hombres de todos los colores y edades.

El canciller español José Manuel Albares, pidió este martes a las autoridades cubanas «la liberación inmediata» de la periodista Camila Acosta, colaboradora del diario madrileño ABC quien fue detenida tras las protestas del domingo. «Defendemos los derechos humanos sin condiciones. Requerimos la liberación inmediata de Camila Acosta», escribió en su cuenta de Twitter. «España defiende el derecho a manifestarse libre y pacíficamente y pide a las autoridades cubanas que lo respeten». Camila Acosta, cubana y de 28 años de edad, fue detenida el lunes, indicó a AFP Alexis Rodríguez, redactor jefe de internacional del diario ABC.

Hay quienes gritan «Fidel» con palos y balas, los que protestan lo han hecho con las manos arriba.

Hay madres llorando, pidiendo que aparezcan sus hijos. Me acuerdo de mi amigo Rafael Alcides Pérez, que en paz descanse, que vivió 30 años de ‘insilio’ y previó que sucedería esto.

¡Es Fuenteovejuna, señor!

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