El equipo médico que asistió el parto, con la bebé recién nacida (Foto cortesía de Reuters)

SD. Ha sido en Brasil donde ha nacido el primer bebé de un útero trasplantado de una donante fallecida por un accidente cerebrovascular, a una mujer nacida sin útero.

Se trata de un hito médico, aunque desde septiembre del 2013 se han realizado unos 38 trasplantes de útero, -de ellos solo 10 exitosos- solo que siempre han sido de personas vivas, muy allegadas y compatibles con la receptora de la donación. Algo sumamente difícil de encontrar.

Lo que acaba de darse a conocer a través de la revista científica The Lancet es importante, porque no se había logrado con éxito ningún caso de parto vivo a través de un útero donante fallecido, lo que planteaba dudas sobre su viabilidad, incluido si el útero seguía siendo viable después de una isquemia prolongada. Los intentos se habían dado en Estados Unidos, Chequia y Turquía, infructuosamente.

Ahora, la noticia del nacimiento de una niña, fruto del trasplante de útero de una donante fallecida, en un hospital de São Paulo, Brasil, es el primer nacimiento de este tipo en todo el mundo, además de ser el primer embarazo de una mujer con útero trasplantado que se realiza con éxito en América Latina.

Tal y como lo describe la publicación médica, el método utilizado consistió en los siguiente: “En septiembre de 2016, una mujer de 32 años con ausencia uterina congénita (síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser [MRKH]) se sometió a trasplante uterino en el Hospital de Clínicas, Universidad de São Paulo, Brasil, de un donante que falleció de Hemorragia subaracnoidea. El donante tenía 45 años y tenía tres partos vaginales previos. El receptor tenía un ciclo de fertilización in vitro 4 meses antes del trasplante, que produjo ocho blastocistos crioconservados.

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El receptor mostró una recuperación postoperatoria satisfactoria y fue dado de alta después de 8 días de observación en el hospital. La inmunosupresión se indujo con prednisolona y timoglobulina y se continuó a través de tacrolimus y micofenalato mofetilo (MMF), hasta 5 meses después del trasplante, momento en el cual la azatioprina reemplazó al MMF.

La primera menstruación ocurrió 37 días después del trasplante, y posteriormente (cada 26–32 días) de manera regular.

El embarazo se produjo después de la primera transferencia de un solo embrión 7 meses después del trasplante. No se detectaron anomalías en la forma de onda de la velocidad del flujo sanguíneo mediante ecografía Doppler de arterias uterinas, umbilicales fetales o arterias cerebrales medias, ni alteraciones del crecimiento fetal durante el embarazo. No hubo episodios de rechazo después del trasplante o durante la gestación.

La cesárea ocurrió el 15 de diciembre de 2017, cerca de la semana 36 de gestación. La bebé pesaba 2550 g al nacer, apropiada para la edad gestacional, con puntuaciones de Apgar de 9 a 1 minuto, 10 a 5 min y 10 a 10 min. con la madre se mantiene saludable y se desarrolla normalmente 7 meses después del parto.

El útero se extirpó en el mismo procedimiento quirúrgico que el parto en vivo y se suspendió la terapia inmunosupresora.

Los resultados establecen una prueba de concepto para el tratamiento de la infertilidad uterina mediante el trasplante de un donante fallecido, abriendo un camino hacia un embarazo saludable para todas las mujeres con infertilidad del factor uterino, sin necesidad de donantes vivos o cirugía de donantes vivos.

He aquí una vez más la importancia de crear conciencia de la necesidad de donar órganos. Seguir viviendo en los demás, prolonga la vida.

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