SD. Desde el camino de Embarcadero, en mi Banes de los años 60 o 70, uno seguía a caballo, en bicicleta o en la carreta del tío Cuchito, y llegaba a la orilla de la bahía de Banes. Del lado allá de la pequeña bahía se avistaba la espalda de Antilla, un pueblo donde en el mar, pero del otro lado, de frente, a inicios de los años 1600, los tres Juanes vieron flotando la imagen pequeña y frágil, seca (después de una tormenta) de la muy venerada desde entonces Virgen de la Caridad, patrona de Cuba.

En ese pequeño pueblo, hoy el municipio más pequeño de Cuba, nació el 15 de enero de 1935 Pablo Ferro, hijo de un dentista y una ama de casa, el hombre que revolucionó en Hollywood y el cine internacional, el mundo de los créditos, quien acaba de fallecer producto de una neumonía, el pasado viernes en Sedona, Arizona, a los 83 años de edad.

Seguro sus primeros dibujos nacieron en la mesa, en el piso, en la cama, de su casa natal allá en la remota Antilla.

En el año 1947, cuando Pablo tenía 12 años, la familia se trasladó a residir en Nueva York. A los dos años, su padres los abandonó y el joven tuvo que comenzar a ayudar a su mamá en el sostén de la casa. SU primer trabajo fue de acomodador en una sala de cine de películas extranjeras. Ahí le entró el agua al coco.

Eso sí, desde chiquitico, todo el tiempo se la pasaba dibujando. Así que estudió autodidactamente animación, gracias a un libro que cayo en sus manos. Luego estudió y se graduó de la que hoy es la Escuela Superior de Arte y Diseño, a inicios de los años 50 del pasado siglo. Pronto comenzó a trabajar junto a Stan Lee dibujando cómics de ciencia ficción. Después hizo la transición a comerciales de televisión.

El año 1964 fue capital en su vida. Rompió los esquemas existentes en el mundo aburrido de los títulos con la secuencia creada para la película «Dr. Strangelove, o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba”, de Stanley Kubrick. Esos créditos iniciales escritos a mano sencillamente revolucionaron ese mundo que pocas veces se le prestaba importancia. Lo que The New York Times llamó «la secuencia de títulos que inspiró miles de secuencias de títulos dibujadas a mano».

Esto le valió que en 2009, la Asociación profesional de Diseñadores de América (AIGA), la asociación de diseño profesional, le concediera el más alto premio por «cambiar nuestras expectativas visuales y demostrar el poder del diseño para mejorar la narración».

«La secuencia del título es la historia», dijo Pablo Ferro en el 2002 a The Chicago Tribune. «Es la introducción a la película. Te está diciendo qué tipo de sentimiento vas a tener. Si fallas en eso, toda la película se desmorona», sentenció.

Sus innovaciones también se dieron en el mundo de la edición, en la película The Thomas Crown Affair (1968), en la que el director quiso c=acortar una larga escena de 6 minutos, y que Ferro la recortó a apenas 40 segundos, con una muy original y práctica idea de división de la perseecuvcsión en pantallas, como puede verse en el siguiente fragmento:

Si bien no aparece en los créditos como editor del filme, su aporte trascendió. Steven Heller, un experto en diseño gráfico, dijo en 1999 en la revista Eye en 1999, que además de la compresión, «ciertos rasgos importantes de los personajes se destacaron por la forma en que diseñó y dio ritmo a los múltiples. Al centrarse en la ropa, por ejemplo, Ferro subrayó la riqueza y la sofisticación de las personas en la escena específica».

Pablo Ferro estaba divorciado. Además de su hijo, Allen Ferro, le sobreviven una hija, Joy Moore; su hermano, José; tres hermanas, Flora, Bertha y María; y dos nietos.

Un documental titulado Pablo habla mejor de él en toda su integridad que todas las palabras escritas.

Según datos de último momento, aportados vía Twitter por Felipe Vicini, Pablo Ferro contaba con muchas amistades en el mundo del cine en República Dominicana y su hermano José vivió y trabajo por muchos años en República Dominicana.

Aporta también que el obituario de The New York times dice que el trabajo con Stan Lee en los años 50 del pasado siglo, ilustrando los cómics fue de suma importancia en su vida. Y que ironía de la vida, Stan Lee falleció cuatro días antes que Pablo Ferro.

En Antilla no lo saben, estoy seguro. Pero un hijo de esa tierra, que siempre dijo su lugar de nacimiento, y que inscribió con letras de oro su nombre en la historia del cine, acaba de fallecer en Arizona, muy lejos del sitio donde trazó sus primeros garabatos.

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