Nibiru además del título del más reciente álbum musical de Ozuna, significa «lugar que cruza» o «lugar de transición» y los antiguos babilonios creían que se trataba de un planeta invisible, lo cual ha sido tajantemente negado por los científicos.

Ozuna acaba de publicar su tercera producción musical bajo ese titulo, después de pasar por Odisea y Aura, dos estaciones existenciales de suma importancia en su devenir. Hay una mente de inquietudes filosóficas detrás de esos títulos, y negarle la paternidad al artista puede ser injusto. Ese tipo de títulos compuesto por una sola palabra que encierra un concepto son un piñazo, un manotazo al rostro, una llamada de atención.

Conceptualmente hablando esos tres pasos hablan de la búsqueda de un discurso. Ozuna es uno de los exponentes urbanos de mayor impacto de la actualidad. Conforma junto a Bad Bunny y Nicky Jam la tríada de alces que llevan el rumbo del trineo de la música urbana en Puerto Rico y se encuentra en la avanzada de los cinco o seis más importantes del género en la actualidad, internacionalmente, si le sumamos a J. Balvin y Maluma.

Hay en Ozuna un trabajo de imagen, de carrera, dignos de elogio. Ha sabido salir a flote debajo de la patana de los chismes tumbagobierno, siempre extrartísticos, que le han soltado sus enemigos o contrincantes para bajarlo de la carroza.

Pero amagar y no dar es, por lo general, una estrategia fallida. Le sucedió a Ozuna con la muy demorada y la demasiada amagada salida del disco. Uno se hace una idea y resulta otra, apunta a crearse falsas expectativas.

Lo más sólido en sus interpretaciones en solitario. Lo más frágil del disco está justamente en las colaboraciones en inglés.

Cuando no se elige bien, una colaboración suele ser un pesado fardo a la hora del empuje necesario de la nave cósmica en busca de nuevas órbitas. Lo son Snoop Dog, con unos versitos fuikitifuá en «Patek» con Anuel AA y qué decir de un perdido Diddy en un mundo del cual aparentemente no entiende una papa, y Dj Snake en «Eres Top», entregados a un facilismo rampante; que recuerdan aquella frase, convertida en disco y película, del inolvidable Tin Tan, «No me defiendas, compadre». O bien como el titulo de aquella novelita de Mario Benedetti: «Gracias por el fuego».

Entre las mejores cosas de esta producción estan los videos clips que acompañan al menos a tres temas en forma de una línea narrativa tratada en capítulos: Fantasía (Cap. 1), Hasta que salga el sol (Cap. 2) y Nibiru (Cap.3), Eres top (Cap. 4) y Danzau (Cap.5) para las cuales se ha buscado a Colin Tilley, CEO de Boy In The Castle Productions, realizador de clips de una retahíla de artistas como Rihanna, Britney Spears, Kendrick Lamar, Justin Bieber, Chris Brown, Nicki Minaj, Skrillex, DJ Snake, JBalvin, Enrique Iglesias, Justin Timberlake, 50 Cent, Diddy, Usher, Wiz Khalifa, entre muchos otros.

Otro de los valores del disco está en las filigranas de la masterización en esos sonidos de los arreglos tan bien equilibrados, donde lo pop subsiste casi siempre y logra productos como Pégate.

Entre los temas más pegajosos está Eres top, pero no por los que le acompañan, sino por lo que se aporta a sí mismo Ozuna; las soluciones rítmicas y melódicas de Danzau, así como Yo tengo una gata en colaboración con Seach, el panameño.

El dembow Difícil olvidar es un tema que encierra demasiada cercanía en cuanto a melodía con aquel tema del 2015 de Yandel Nunca me olvides. Es patético, tramposo el uso de múltiples cuentas asociadas casi siempre a robots de esos que se pagan. Obsérvese que más del 60% de los comentarios debajo del tema en Youtube son de cuentas que dicen más o menos lo mismo, pidiendo likes para el tema, algo que solo hacen personas que están asociadas de un modo u otro al artista. Una estrategia pendeja y poco seria en un artista que se está convirtiendo en una súper estrella.

Sin pensar, en colaboración con Swae Lee, un joven rapero norteamericano de nombre real Khalif Malik Ibn Shaman Brown, con la misma vocecita aflautada, del propio Ozuna, no aporta nada a un disco donde lo mejor que puede haber no son precisamente unísonos, coincidencias o parecidos en ese aspecto, sino contrapesos, donde voces que se muevan en las notas medias y graves puedan ayudar a crear equilibrios más interesantes, más llamativos y con ellos sorpresas de un disco que se espera dé más de un artista que se encuentra en ascenso sostenido.

Independiente es un dembow de aceptable factura. Seguido por Reggaeton en París, colaboración con Nicky Jam y Dalex.

Te soñé de nuevo acumula ya con su video, grabado en montañas de esquiar, más de 150 millones de vistas. Así como más de 80 millones el de Baila, baila, baila, que fue el segundo sencillo lanzado el 5 de enero del año que termina.

Amor genuino es la verdadera balada romántica, viene siendo el equivalente al bolero de los años 50, 60, 70 en la civilización de los likes. Letras limpias, que hablan de penas de amor, o de la soledad, del desamor o del amor.

Pero un grave problema a resolver como parte de la estrategia del equipo de Ozuna es evitar las llamadas a dar likes. Los likes se los da la gente de manera espontánea, no hay que hartar con esto. Hace un mes, una de sus seguidoras, Traisy Jazmin, escribió en los comentarios de Qué pena, que cuenta con un millón y pico de visitas, este comentario que lo resume todo: «Me tienen harta los likes coño. Ya no encuentra uno un comentario razonable todo es like» (sic). A este comentario debería darle más importancia Ozuna y su equipo, que a todos los likes cosechados a lo largo de su carrera.

Qué pena es un tema breve, compacto, que comienza con una ambientación dramática en los teclados, que se disuelve en citación de cuerdas (que debieron ser reales) y en un crescendo sobre el acento del piano. Habla del odio de los que los juzgan sin conocerle. «Si caigo me levanto», dice. Y es lo que ha hecho después de las acusaciones que le han llovido. «Pero Dios me protege con su manto. Yo quiero ver si van a destruir mis sueños, por los que he luchado tanto…». Confiesa que le ha costado «muchas noches de llanto». Reconoce que se caracteriza por siempre dar la cara. Para mí este es el mejor tema del disco, por su honestidad, por su solución dramática desde la misma melodía y por su letra que transparenta el estado de ánimo de Ozuna, quien probablemente sea uno de los pocos exponentes a los cuales puede llamarse artista. Sin embargo me gustarían una remasterización de este tema, acompañado por un pianista y una orquesta de cámara, y un Dj. Y claro, un video clip, tal vez de Colin Tilley.

Resumiendo

¿Qué es lo que más sobresale de este producto? Que hay un concienzudo trabajo de creación donde lo melódico y lo rítmico no están divorciados, que en sus letras hay desahogos existenciales, dudas, crónicas del amor y el desamor, sensualidad, sin que se necesite una sola grosería, ni una mala palabra, ni la insinuación de nada que parezca droga (al menos no la percibí). Lo que se llama un disco limpio, conceptualmente bien logrado, donde sobran algunas de las colaboraciones (la mayoría), es más podría irse sin ninguna colaboración, ya que no hay ninguna que de veras le aporte nada en específico, y con el cual Ozuna puede comenzar a pensar en uno próximo que le dé el salto al mercado anglosajón. Probablemente sea el disco mejor conceptualizado de los del género urbano en el año 2019. Ya lo de gusto, es otra cosa. Hay a quien le hubiese gustado más perreo y menos lirismo, más desfachatez y menos arte. Pero Ozuna, quien también es actor de cine (Qué León y Los Leones, dos comedias dominicanas que han estado en las pantallas este año), tiene su propia manera de ver la vida y su carrera, según me parece, aunque nunca he hablado una palabra con él. Y lo que he hecho es observarle. Nibiru vale la pena, es un buen disco, un disco que acerca sensibilidades y que nos adentra en una profundidad diferente dentro del mundo urbano, donde hay que escoger con pinzas.

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