Los fascistas -de izquierda o de derecha- son así de guapetones. Son capaces de insultar y agredir a personas incapaces de defenderse, aunque después pidan cacao.

Los hay en forma de actos de repudio. Los hay como este imbécil quien acaba de brindar un acto de microfascismo en el Metro de Madrid.

«Me cago en tus muertos, sudaca de mierda. Te piensas que eres algo en mi país, escoria», le dijo entre otras ofensas.

«Sudaca» es uno de esos apelativos tiernos españoles que nos han endilgado con entusiasmo colonialista a sus hijos latinoamericanos. Sudacas somos los peruanos, los mexicanos, los ecuatorianos, los dominicanos, los cubanos, los puertorriqueños, los uruguayos, los argentinos, los venezolanos, los paraguayos, los chilenos, los panameños, los colombianos…

«Sudaca de mierda» es llevar esa ternura a grados superlativos. Un orgasmo fascista.

Es lo que ha dicho este tipo duro que ahora debe andar buscando la policía madrileña.

Pocas veces uno puede tener la oportunidad de ver un troglodita como este en plena acción.

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