El inolvidable amigo y poeta cubano Yoel Mesa Falcón, fallecido en México, en la más absurda soledad, escribió un poema hace muchos años que me recuerda, por alguna razón, a Juan Luis Guerra. Se trata de El amolador de tijeras, y habla en metáforas de las estrellas que va dejando a su paso el sencillo hombre que lleva la zampoña en su boca, y va haciendo música y sacando filos.

El amolador de estrellas de Yoel me hace recordar también al gran poeta venezolano Aquiles Nazoa, autor de El Credo, que hubiese agregado una línea con algunas de las creaciones de Juan Luis Guerra.

Juan Luis cumple 62 años este viernes 7 de junio. Ayer jueves, entrevistándolo, pude percibir a través de sus ojos la grandeza del poeta, cuando le hice al menos tres preguntas controversiales y responderlas con una sencillez pasmosa, y hasta con una sonrisa de amolador de estrellas.

Uno de los mejores temas del disco Literal es su Merengue de cuna.

«Es un pambiche a guitarra, no tiene tambora ni tiene güira, pero es un pambiche a guitarra. Además, sumamente íntimo, dedicado a mi hijo. Y quería…, yo recuerdo, llegamos inclusive a grabar la tambora. Yo dije ponme un pambiche, pero se perdía. Se perdía lo que yo quería realmente. La intimidad. Y lo que hicimos fue poner al final un cuarteto de cuerdas y un fagot que tampoco se usa normalmente en merengue. Pero funcionó», dijo Juan Luis en la entrevista con el programa de TV Confabulaciones y Nota Clave.

A Juan Luis le gusta grabar la voz él solo con los ingenieros y si acaso alguien más. Así que entró al estudio, se colocó sus audífonos y grabó de un tirón, en una sola toma, la canción.

En una entrevista ofrecida en Miami, Juan Luis dijo sobre este momento: “cuando terminé de grabar la voz que se hizo en una sola toma, no sabía quienes estaban en el estudio, cuando les vi la cara a Jean Gabriel, Vicente, Janina, Ama, Allan y creo que a Edwin, me di cuenta que había algo muy especial”.

Ese algo especial es la magia de Dios para un hombre que lo abrazó de manera total. La Poesía, le llamo yo.

De hecho aquí está El Credo de Aquiles Nazoa (un regalo a Juan Luis Guerra).

Creo en Pablo Picasso, Todopoderoso, Creador del Cielo de la Tierra;
Creo en Charlie Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones,
que fue crucificado, muerto y sepultado por el tiempo,
pero que cada día resucita en el corazón de los hombres,
Creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable,
Creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa,
Creo en la cualidad aérea del ser humano,
configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose
como una Purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo;
Creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente
debajo de la almohada de mi niñez;
Creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música,
yo que en las horas de mi angustia vi al conjuro de la Pavana de Fauré,
salir liberada y radiante de la dulce Eurídice del infierno de mi alma,
Creo en Rainer María Rilke héroe de la lucha del hombre por la belleza,
que sacarificó su vida por el acto de cortar una rosa para una mujer,
Creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia,
Creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar;
Creo en un barco esbelto y distantísimo
que salió hace un siglo al encuentro de la aurora;
su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles,
junto a sus sienes un resplandor de estrellas.
Creo en el perro de Ulises,
en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas,
en el loro de Robinson Crusoe.
Creo en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta,
en Beralfiro el caballo de Rolando,
y en las abejas que laboran en su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero.
Creo en la amistad como el invento más bello del hombre,
Creo en la poesía y en fin,
Creo en mí mismo, puesto que sé que alguien me ama.

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