Un pequeño elefante entre rejas (Fuente externa)

El miércoles concluyó en Ginebra (Suiza) la XVIII Conferencia de las Partes (COP 18) de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), creada hace más de 40 años, y que fija las reglas del comercio internacional de más de 35 000 especies de fauna y flora salvaje y dispone de un mecanismo para sancionar a los países que incumplan esas normas.

Un enfrentamiento entre las políticas de conservación de la fauna marítima y terrestre de los países desarrollados y la necesidad de sobrevivencia de los países africanos con economías cada vez más empobrecidas, es uno de los resultados de esta convención.

La conferencia ha aprobado por amplia mayoría fuertes restricciones para evitar la extracción y el comercio de elefantes silvestres vivos (incluida la venta a zoológicos), así como un conjunto de medidas de control y protección para 18 especies tiburones y rayas.

La decisión respecto a los elefantes prohíbe el movimiento de estos animales vivos fuera del área de distribución de la especie, salvo en casos muy excepcionales, que habrán de ser debidamente avalados y garantizados por el Comité de Fauna y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

En las actuales disposiciones los elefantes africanos de origen silvestre que se hallan en el apéndice II (Sudáfrica, Zimbabue, Botsuana y Namibia) pueden ser exportados en vivo con fines comerciales a otros países fuera de su área de distribución natural, a lo que se define como destinatarios «apropiados y aceptables». La falta de concreción de esta definición de destinatarios dejaba abierta la opción de que los animales terminasen en destinos inapropiados y con poco control.

Dientes de marfil, un comercio que ha devastado la población de elefantes en Africa (Fuente externa)

Así, según datos de la Convención, en los últimos años ha aumentado el comercio de ejemplares vivos y entre 1990 y 2017, al menos 1.774 elefantes se extrajeron de la naturaleza. De ellos, 583 fueron a parar a circos y otros establecimientos de exhibiciones; 331 a zoos, sobre todo a China, Estados Unidos y México, de los cuales se estima que unos 200 elefantes eran jóvenes.

Además, entre 2009 y 2016 apenas se llegaba anualmente a una veintena de elefantes exportados pero en 2017 la cifra se disparó hasta 200, lo que ha puesto en alerta a los conservacionistas internacionales.

La situación de las poblaciones de elefantes a nivel global es dramática, sobre todo por el marfil y otros motivos como el comercio ilegal de piel de elefante.

Los países africanos Burkina Faso, Jordania, Líbano, Liberia, Níger, Nigeria, Siria y Sudán presentaron una propuesta para cambiar las reglas del Convenio sobre la definición de destinatario «apropiado y aceptable» de modo que solo se autorizase la extracción de elefantes africanos silvestres vivos si su destino son los programas de conservación in situ, es decir, dentro de su área de distribución natural silvestre o zonas seguras en el medio silvestres, dentro de ese área de distribución natural de la especie, excepto en el caso de las transferencias temporales en situaciones de emergencia.

Sin embargo, la propuesta, aunque podría parecer positiva para la conservación puede tener consecuencias no deseadas para su conservación y bienestar, ya que se excluía la posibilidad de extraer ejemplares en situaciones de extrema gravedad fuera de su área (guerras, catástrofes naturales, epizootias etc.) o actuaciones urgentes por razones de conservación.

La UE y los Estados miembros presentaron una propuesta enmendada, pese a que la inicial salió adelante, para permitir estas exportaciones excepcionales benéficas para la especie, a la vez que se siguiera impidiendo la exportación comercial como dictaba la propuesta original. La iniciativa salió adelante por la tarde con 87 votos a favor, 29 en contra y 20 abstenciones.

Los elefantes son los animales terrestres más grandes del mundo y una de las especies icónicas, pero la población de elefantes africanos ha pasado de 5 a 10 millones de 1930 a menos de 500.000 ejemplares en la actualidad. El último censo realizado en 2016 contó apenas 350.000 elefantes de sabana, lo que supone un descenso del 30 por ciento (144.000 ejemplares perdidos) respecto a las estimaciones de 2007.

El comercio de jirafas, se debatió en la 18ª cumbre CITES (Fuente externa)

Otras especies

Por otro lado, en la XVIII COP de CITES también se han adoptado nuevas medidas de control para las jirafas, reforzó la protección de otros animales como las nutrias y 18 especies de tiburones y rayas, así como tres especies de pepinos de mar, según ha informado la Convención, al incluirlas en el Apéndice II, que obliga a los países que comercian y exportan estas especies a que rastrear las exportaciones y la captura en alta mar, y a partir de ahora, los productos comercializados internacionalmente de estas especies se obtendrán de manera legal de la pesca sostenible.

La población de las jirafas de África, por ejemplo, mermó alrededor de un 40% en tres décadas, y cuenta hoy con menos de 100 000 ejemplares, según las últimas cifras de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

En el caso de las nutrias, la Cites reforzó la protección de dos especies de nutrias de Asia, la nutria cenicienta y la nutria de pelaje liso, muy apreciadas en Japón como mascotas. Estos animales pasaron del anexo II al anexo I, que prohíbe el comercio internacional.

Las ONG de conservación han aplaudido la medida que incorpora todas las especies de peces cuña, peces guitarra y tiburón marrajo en el Apéndice II de CITES.

«Las decisiones de hoy prometen un futuro más brillante para estas especies de tiburones y rayas muy amenazadas, ya que el comercio internacional ha sido el principal factor de su declive y del escaso nivel de crecimiento de las poblaciones», ha celebrado la presidenta de Shark Advocates International, que forma parte de The Ocean Foundation.

En 2019, los científicos asociados con la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (CICAA) alertaron acerca de que la pesca de esta especie de tiburones debía reducirse de 3.000 toneladas a 300 toneladas por año, con el fin de conseguir una población decente de tiburones marrajos en un periodo de cinco décadas.

En relación con los peces raya, concretamente a los peces cuña y guitarra, se consideran los peces marinos más amenazados del mundo. Todas excepto una de las especies raya, han sido clasificadas como en peligro crítico en la Lista Roja de la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza (IUCN según sus siglas en inglés). Esto se debe a que sus aletas se encuentran entre las más valiosas en el comercio mundial, informa CITES.

Vista de una de las sesiones de la conferencia (Fuente externa)

La amenaza de Namibia y otros países africanos

También el miércoles el Gobierno de Namibia informó que evaluará su continuidad en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES), ante la negativa de este foro a levantar las restricciones para comerciar con su población de rinocerontes. El ministro de Medioambiente de ese país, Pohamba Shifeta, advirtió que si la convención no va a «ayudar realmente a conservar» la fauna, sino que va a frustrar «a aquellos que lo están haciendo bien», no hay «necesidad» de permanecer en CITES.

En los días precedentes, la conferencia había rechazado por mayoría la solicitud de Esuatini (antes Suazilandia) y Namibia para que se autorice el comercio de sus rinocerontes blancos y de sus cuernos, que alcanzan precios astronómicos en el mercado ilegal asiático, donde se les atribuyen propiedades medicinales.

El sur de África alberga las mayores colonias de rinocerontes del mundo -con Sudáfrica a la cabeza (con 20.000 ejemplares entre blancos y negros) seguida de Namibia (unos 1.000 animales)-, pese a que se trata de una especie gravemente amenazada por la caza furtiva.

En los días precedentes, la conferencia había rechazado por mayoría la solicitud de Esuatini (antes Suazilandia) y Namibia para que se autorice el comercio de sus rinocerontes blancos y de sus cuernos, que alcanzan precios astronómicos en el mercado ilegal asiático, donde se les atribuyen propiedades medicinales.

El sur de África alberga las mayores colonias de rinocerontes del mundo -con Sudáfrica a la cabeza (con 20.000 ejemplares entre blancos y negros) seguida de Namibia (unos 1.000 animales)-, pese a que se trata de una especie gravemente amenazada por la caza furtiva.

El presidente de Tanzania -que ostenta el liderazgo temporal de la Comunidad para el Desarrollo de África Meridional (SADC)-, John Magufuli, habló en Ginebra en nombre de este grupo de 16 naciones africanas y argumentó que se están descartando modelos de conservación que funcionan en favor de sistemas «proteccionistas», «anticomercio» y «anti-uso», de carácter ideológico.

«El consenso expresado a través de CITES por la mayoría de los Estados socava los esfuerzos de nuestra región por asegurar la justicia social y medioambiental mediante el uso sostenible de nuestros recursos naturales», incidió Magufuli, según The Namibian Sun.

«Haciendo eso, compromete nuestra capacidad de cumplir nuestras obligaciones y responsabilidades con otros acuerdos internacionales y con nuestros pueblos», agregó

En los últimos días, otros países, como Zimbabue, advirtieron también sobre la opción de abandonar CITES, en ese caso a raíz de la negativa a una propuesta para flexibilizar las restricciones sobre el comercio de productos de elefante (especie catalogada como vulnerable), impulsada también por otras naciones vecinas.

En concreto, Zimbabue, que atraviesa una profunda crisis económica, quiere poder comercializar sus existencias de marfil valoradas en 600 millones de dólares.

«Es un montón de dinero que podríamos usar para grandes proyectos. Se debate sobre nuestros animales salvajes en Ginebra, un lugar irrelevante para los animales», dijo el lunes en un acto público el presidente zimbabuense, Emmerson Mnangagwa.

Botsuana, el país con mas elefantes del mundo, también lleva meses expresando su incomodidad con estas restricciones que le impiden aprovechar su fauna mientras se le exige afrontar los grandes costes de seguridad que supone su protección.

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