Cigala, entre Rosario y Lolita (Foto: Alfonso Quiñones)

SD. Lolita se persigna; se estira, se coloca en posición de pies y manos en el piso; reza, bebe agua y deja salir su primera frase de la canción Amor. Aún entre bambalinas le hace un guiño al asistente al escuchar los aplausos de la gente. Entonces sale a escena y la reciben con una ovación. Ahí hay todo un proceso, que va de lo espiritual a lo físico y de regreso a lo espiritual, para entregarse.

El Teatro Nacional está repleto. «Santo Domingo, buenas noches», dice. «Qué alegría volver a estar aquí en esta tierra hacia seis años que no veníamos. Uds saben que estoy dedicada al teatro y si no lo saben yo se lo cuento. Cuando mi hermana me dijo Loli -que así me dice ella-, quieres venir a hacernos unos conciertos por America y cuando me dijo que era Miami y Santo Domingo dije entonces que sí. Voy a cumplir 61 años y miren cómo me mantengo», presumió (la aplauden). Expresó que trabajar con su hermana y con la banda, a quienes conoce hace muchos años le hacen sentir segura.

«Mi padre me enseñó a cantar boleros y desde que tenía 13 años los cantaba». Ahora, acompañada de su sobrino Carlos Carmona, el hijo de Antonio, el de Ketama, se interpretó Mía, de Armando Manzanero.

Después dijo Qué será de mi, Gitana y Estúpido que la empezó, se detuvo y volvió a comenzar siempre con mucha gracia, y que terminó con una energía que recuerda a su madre.

Dice que tiene un nieto divino de seis meses, y le cantó una nana qué escribió a su hija. A piano le regaló Pensando en ti. Luego cantó No renunciaré, Amnesia (gritos desde el público), Pena, penita y Mediterráneo (ovacionada); un Lo voy a dividir bien rockeado, y finalmente un tema de Compay Segundo titulado Sarandonga, escrito en la casa de la calle Salud 758, en Centro Habana, donde residiera el legendario compositor e intérprete.

Lolita estuvo intensa, apasionada, cálida, con excelente calidad vocal. Allá en su camerino, después de su actuación, imitó a La Faraona. «Así es como hacía», dijo. Y uno recuerda aquellos discos de pasta, en los que en el Moscú de universidad y socialismo enquistado, escuchaba a Lolita por los finales de los años 70 cantar No renunciaré y Qué será de mi.

Lolita, con el público de pie, y las emociones a flor de piel (Foto: servida)

«Llevaba siete años sin subirme a un escenario; ésta ha sido mi vida por 40 años. Dijo antes de cantar la última para darle paso a su hermana. Yo prometo que antes de que la parca me lleve hacer una gira de despedida», sentenció entre lágrimas. Ella, que es sobreviviente de un cáncer de útero, lleva dentro sin embargo la chispa de su madre que permaneció en los escenarios hasta el final.

Agradeció Lolita por la noche de este martes, en el que estuvo cálida y cercana, con la voz nítida y emotiva. Eso lo transmitió hasta el último momento y se despidió. Hasta dentro de un rato.

Detrás entró Rosario como una tromba, con Mi piel, siguió cosechando aplausos con Maravillaría, Por un beso tuyo y Yo me niego. Ahí se fue a negro y comenzó Gloria a ti, y Al son del tambor, de su padre El Pescailla.

Rosario del Carmen es la hermana menor, ganadora de un Grammy y ha logrado mantener el clan, el resto del clan Flores, en tierra firme. Entre bambalinas la gozaba su hija Lola, hija del argentino Carlos Orellana, bellísima y jovencísima (apenas 22 años). Dueña de una magia que solo la da el talento y la raza gitana, la Flores trajo un as debajo de la manga.

Entonces fue la sorpresa de la noche. «Esta canción forma parte de nuestras vidas», espetó. Y comenzó a cantar Te quiero, te quiero. Cuando El Cigala salió a escena, el teatro saltó como un resorte de emociones. Ovación con público de pie. Ese fue el momento más alto de la noche. Diego un poquito pasado de peso, pero con la misma voz y la misma intensidad, porque los gitanos se dicen todos primos entre sí. Y de alguna manera pertenecen a una misma raíz.

Después Rosario cantó sola Qué bonito. Cómo quieres, una de las canciones más recordadas.

Rosario y Cigala juntos en escena (Foto:Alfonso Quiñones)

Estoy aquí (ahí presentó la Banda, entre ellos en la guitarra española a Carlos Carmona, sobrino de ellas, hijo de Antonio Carmona, otro primo) y cantó más, cantó Sabor, sabor, Marcha, El Lerele (a dúo con Lolita, que El Lerele se llamaba la casa familiar de los Gonzáles y Flores) y siguieron las dos en rumba total Algo contigo, Esta tarde, El meneito. Y cuando salieron a proscenio a reverenciar los aplausos del público, pidieron que saliera Cigala también. Y con el Cigala, volvió la música improvisando otra rumbita flamenca, para gozar hasta mañana. Que si lo dejan…

Cantar es lo que soy es el nombre del tour que repleto el Teatro Nacional fue martes 23 de abril, casi en el borde del 24. Cesar Suárez Jr. fue el productor local del evento.

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