Victoria de Samotracia, año 190 A.C. , Museo del Louvre, París

(Colaboración especial para Nota Clave de la destacada escritora e investigadora Ylonka Nacidit-Perdomo)

LO QUE SOY AHORA

El tiempo es el mejor aliado de todos.

Ha pasado el tiempo y, creo, haber alcanzado -en silencio- la madurez espiritual y humana para continuar mi sendero en la vida.

Además, convencida estoy que, tengo los ojos más abiertos que nunca, y el alma más robustecida tallada en una madera surgida de una roca volcánica milenaria. La mirada (mía) ahora es más escrutadora y penetrante; más cincelada para quitar al instante los falsos ropajes de quienes pretenden sorprendernos con las mentiras y las simulaciones.

Mi pensamiento, tal vez, es, ahora, también de otra esencia. Es de metal luminoso
con filos de ambos lados, tal como las espadas que las guerreras amazonas utilizaron para ir a las conquistas de territorios en el Oriente, o en el gélido Norte de los glaciales. Ya no sé qué es el miedo, ni menos temo a nada.

Nunca emprendí aventuras. Siempre dejé fluir las cosas, las circunstancias, pero reconocí los instantes que traen aprendizajes. Envejecí mi alma siendo guiada por mujeres y hombres octogenarios que vieron en mí una chispa de curiosidad.

He transitado por el ahora y el ayer, cuidándome de no sucumbir ante lo inaudito o lo insólito. Crecí, quizás, muy tarde en los anhelos que nunca quise que fueran contrapuertas para ambiciones desmedidas. No obstante, sentí que era necesario construirme a imagen y semejanza de otras que me precedieron, y que no naufragaron en su ser ante las banalidades de la vida.

Ahora estoy ante lo que los sabios imbuidos de humanismo llaman el espejo de la Historia; esa Historia femenina y antifemenina a la vez, que se cobija bajo el binarismo de los opuestos.

No obstante, siento un extraordinario alivio; el alivio de haber aprendido a decir NO, y tirar de las amarras para romperlas cuando hay que poner un término a las ignominias que los otros pretenden tejer a nuestro alrededor para ponernos de espaldas a la pared.

Todo esto es, para que conste en el Libro del Tiempo que, reflexiono a solas sobre lo que vendrá…

Lo que vendrá está ahí. Y es a ese «lo que vendrás» que daré mi tiempo, intelecto y presencia, ya que no hay dudas que estamos ante el inicio de una tercera década de incertidumbre sobre el destino de nuestra Nación.

Por eso sigo a la figura de la Victoria de Samotracia: altiva, femenina, erguida, firme en alcanzar el horizonte donde nace y se pone el sol para encontrarse, a la hora del crepúsculo, con las estrellas.

No en vano, las estrellas son guías cósmicas que se hacen visibles con intensidades distintas en su luz.

Ahora, resurge, renace (aun cuando otros pretendieran lanzarla a una mala suerte en el vacío) una estrella que se encontró de nuevo con el sol que le dio de frente al nacer.

Desde ahora ahí estaré: frente al sol. No seré Samotracia con sus peplos en movimientos libres a causa del viento que traen las lluvias de mayo, pero seré Ylonka, un nombre con dos letras del alfabeto griego (Y y K) también de vuelta del olvido y de la ingratitud de los otros, convencida de que lo digno es, saber escoger el futuro, colocarse del lado de la línea vertical que hace la división exacta entre el bien y el mal, entre vivir o morir, entre la victoria o la muerte.

Siempre, Ylonka Nacidit-Perdomo

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