Ricardo Montaner en sus terrenos De Arroyo Barril (Fuente externa)

Tenía que ser un artista con sensibilidad poética para que llamara a un hotel Lluvia. Ricardo Montaner ha anunciado que construye en Samaná un hotel boutique de 11 habitaciones que llevará por nombre Lluvia.

El origen etimológico de la palabra lluvia proviene del latín pluvia, que se convirtió en la palabra conocida con lo que algunos filólogos han llamado ‘palatalización’ del grupo pl en ll. Palatalización, es la acción y efecto de hacer un sonido con el paladar, o dicho más científicamente, un cambio fonético asimilatorio por el cual un fonema (sonido), desplaza su punto de articulación hacia la región palatal o palato-alveolar, por la cercanía de una vocal u otro fonema de articulación palatal. De ahí que el vocablo vinculado al verbo impersonal pluĕre (del latín, que significa llover), cuya variante vulgar plovere derivó en el verbo llover.

Algunos ejemplos de palatización son la palabra sueño que proviene de somnus; daño de damnum; calle de callis; raya de radia; llamar de clamare; llorar de plorare; lluvia de pluvia.

Lluvia significa a su vez abundancia, cantidad copiosa de algún elemento.

«Besa mis campos y mis flores con tus gotitas de colores / Besa la lluvia que resbala la ventana», canta en Tan enamorados el propio Montaner. ¿Acaso será ese el lema de su próximo hotel boutique?

Suerte con el proyecto y que no sea el nubarrón del vía crucis que ha tenido que recorrer para levantar la añorada escuela en Arroyo Barril, que producto de la tozudez de un caciquito municipal y espeso, aún sigue sin ser construida en «sus» terrenos del alcaldillo, donde este quería que fuese el cementerio. Ha tenido que donar los terrenos la reconocida súper estrella venezolana. Y aún así, los niños de Arroyo Barril siguen esperando por su escuela, para cuando pase la pandemia, poder -dentro de la oscuridad de la ignorancia y el caciquismo- tener acceso a la luz de la enseñanza.

La lluvia es uno de los fenómenos que más ha sido usado en la poesía. De hecho un poeta por ahí llamado Alfonso Quiñones, hace años publicó estas

Jarchyas de la demora:

Llueve, sin embargo llueve
con una insistencia de ala
y anzuelo y candor y arena
llueve en medio de la sala.

Un reloj que se demora
y nunca llegan las nueve
y una mujer que es la ausencia
llueve, sin embargo llueve.

¡Ojalá que llueva café, Ricardo!

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