Les Ballets de Monte Carlo (Foto servida)

SD. Cuando lo que se ofrece desde escenario como espectáculo de alta estética, innovación creativa sorprendente e inusual visión que revoluciona un clásico, con la actuación fluida casi a ritmo del viento, entonces con lo que se encuentra el espectador sobrepasa el llamado a presenciar tan solo arte danzario en movimiento.

Lo que se convoca es la grandeza humana, capaz de entrenarse durante años, decidida a agotar todas las horas que fueran necesarias para lograr la conversión del cuerpo en una paleta tan expresiva como inolvidable. Entonces el espacio de la danza excede sus límites. Lo que hay allí, sobre ese entablado, es el milagro creativo hecho realidad.

La función de Les Ballet de Monte Carlo es reflejo de una experiencia escénica de nivel mundial, digna entrega de una trayectoria iniciada en 1909 por el coreógrafo ruso Serguei Diagiliov y retomada bajo su nombre actual en 1985 por Jean-Christophe Maillot, y que hoy día constituye uno de los exponentes más formidables del arte de la poesía en corporal movimiento.

El montaje de LAC, es una versión revolucionaria, rítmica y poética; excelencia del arte danzarío de primer nivel. Los giros del cuerpo, el equilibrio vibrante, los cuerpos arqueados, el deslumbrante vestuario que revoluciona la mirada tradicional del atuendo tradicional, la escenografía caracterizada por su impactante y simbólica sencillez, el universo de su iluminación y la conocida fuerza de la música original de Piotr Illich Chaikovski.

Pas de deux (Foto servida)
Otra escena del ballet (Foto servida)
Escena con toda la compañía (Foto servida)

Lo montado no fue solo una función de ballet clásico por parte de una de los cinco más importantes del mundo. Se trató de voluntad humana de superación artística y la voluntad de hacerlo por la inclusión. Era expresión de arte y justicia integral para vincular lo estético con un sentido pleno de experiencias dominicanas de integración social respecto de seres singularmente especiales, los públicos blanco de Quiéreme como soy y Nido de Ángeles.

Este Lago de los Cisnes es más que su excelencia del arte danzarío de primer nivel. Los giros del cuerpo, el equilibrio vibrante, los cuerpos arqueados, el deslumbrante vestuario que revoluciona la mirada tradicional del atuendo tradicional, la escenografía caracterizada por su impactante y simbólica sencillez, el universo de su iluminación y la conocida fuerza de la música original de Piotor Illich Chaikovski.

Lo montado anoche no fue una función de ballet clásico por parte de una de los cinco mas importantes del mundo. Esa sería la interpretación del camino fácil.

Fue aquello el índice de voluntad humana de superación artística y puesto todo en función de la de inclusión a partir del trabajo de las fundaciones Quiéreme como soy y Nido de Ángeles.

La experiencia que proporciona esta compañía mundial del ballet, fue vivida anoche de la mejor forma LAC, (versión inspirada en El Lago de los Cines) se repite hoy viernes y mañana sábado, en el Teatro Nacional a beneficio de Quiéreme como soy y Nido de Ángeles, aporte del Principado de Mónaco, con la calidad de la compañía de Les ballet de Monte Carlo. Quedan algunas boletas. La función inicial se vendió toda.

Un reconocimiento especial debe extenderse a los dos patrocinadores principales: Banco Popular y Propagas, que aceptaron la responsabilidad fundamental de financiar la presentación de un espectáculo costoso y de una logística complicada, todo en razón de servir las fundaciones de seres sumamente especiales y de hacerlo de la manera mas inolvidable posible: con la trascendencia de un arte único.

Funciones este sábado 23 y domingo 24 en Teatro Nacional. Imperdible. Simplemente imperdible.

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