Fotograma del filme The Notebook (2004) (Captura de pantalla)

Especial para Notaclave.com de Ylonka Nacidit-Perdomo

SD. No sé si en el amor una pueda tener alguna «querella» espiritual, si el estado del alma -cuando se cree amar- forzosamente nos lleva a provocarnos sobresaltos, alegrías, pasividad, espasmos que de ordinario hacen de la dicha del estremecimiento pasional un ánfora de sentimentalidad. Tampoco sé, si -de ordinario-, amar es una manera de afirmar nuestra existencia, porque el «enamoramiento» emana, se siente como un dominio sobre los sentidos, y hace que los sentidos vayan convulsionando sin interés de atender a otra persona. Cuando el amor se edifica en la tristeza se hace un quebranto, una preocupación, un desamparo, algo anómalo, una inconsciencia, un sufrimiento cuya fuerza es incontenible, una tiranía en la piel, un duelo que se lleva por doquier. Cuando el amor es la sensación más inmensa de estar en el mundo, todo se hace eterno, excesivamente eterno; se imagina que la divinidad es el otro, que se respira el aire como si se deseara emprender un viaje a un paisaje idéntico al paraíso.

Cuando el amor es ausencia o lejanía es un tormento, un desgaste de las emociones, un fenómeno psicológico que atenta contra los cantos del amor, contra lo hipnótico de esa compleja locura que se adueña de los sueños de una, que empuja a la quietud, a la supresión de todos los espacios en los cuales no se tenga la más mínima curiosidad de ir. Cuando el amor se hace un desencanto despertamos de las apariencias de las cosas, dejamos de ver el horizonte como antes, todo es una sombra en tránsito, un prejuicio hacia el futuro, el tiempo perdido, los anhelos confundidos con lo que no fue.

Cuando el amor es erótico, la pasión es un acto sin gravedad, porque la realidad gobierna todas las energías del cuerpo; es frenético, accidental e incidental, nada sosegado, sino conjuro del éxtasis, arrojo, fuego, desatención a lo ordinario y a los días, fijación con el deseo. Cuando el amor es un cántaro de quietud, lo íntimo se hace puramente eterno, un ensimismamiento, verdadero deleite con lo incorpóreo, belleza sin embriaguez, la gracia de contemplar al mundo como una brisa vespertina donde descansan los sentidos; este amor sólo se siente en primavera, y da la impresión de bienestar al alma, no da sorpresas porque no se origina en ningún arrebato, existe, sí existe, sublime; hace levitar porque no va de brazo con lo erótico; no quiebra lo ideales, no se sostiene en los recuerdos, sino en los atributos del instante.

Cuando el amor es un hostigamiento, estamos ante la punta del lanza; todo es un holocausto, un dolor de cabeza, una precaria vida, una perturbación, el egoísmo de los sentimientos llevado a lo máximo, y el desinterés de acudir a cita alguna. Cuando el amor es una aptitud, un pensamiento, se nutre de las confesiones; se aloja en el miedo, en el fracaso, en la lucha de los contrarios, en las feroces fuerzas del dominio, y se convierte en una maldita sensación que desdeña al corazón, se teje sólo de lecturas y experiencias fallidas. Cuando el amor es un valor aprendido, se hace una individualidad secreta, un azar extraño, una contracorriente, una mirada que no refleja los contornos de ese enigma milenario al cual se llama amor, que se hace conveniencia cuando se anhela solo desde el pensamiento, cuando se finge conocerlo, sin dejarse influirse por su voluntad de posesión.

Cuando el amor se hace letra muerta, es porque carecía de libre albedrío; se imaginaba, se provocaba desde la inteligencia y el intelecto, pero no era más que un ademán; un falso entusiasmo que se dirigía –aparentemente- a un amor auténtico que se esperaba o se buscaba. De golpe este amor, llega desprevenido, en un descuido nuestro; penetra en nuestros sentidos hasta engañarnos, asciende a la latente necesidad de entregarnos; fluye, se suspende, se irrita, se hace ímpetu, y desemboca en la ruina del ser. Este es el más irracional del amor, porque no se hace compromisario del querer con el otro; se hace error, fastidio al final, porque rompe al Universo con sus disfraces, porque viene adscrito a la duda, ya que no gusta de la «palabra de honor».

Cuando el amor sólo provoca el objeto del deseo en el otro, el amor, las pupilas, los labios, las manos se hacen coincidentes con las pupilas, los labios, las manos de la otra persona. Es el amor que sabe avanzar hacia el sexo, y que eficazmente embelesa, y entusiasma, y es tan expresivo que casi siempre se hace un valioso aperitivo para todas las horas. Es el amor menos meditativo, porque se basta a sí mismo con lo erótico, con precipitarse a las caricias, con sucederse sin contar con el tiempo. Está lleno de símbolos, de fronteras, de evoluciones, de raras apetencias. Es el que refresca a la vida, el que se goza sin esquemas, el que persiste sin importar de dónde provengan sus aguas; es el que se hace fruta prohibida, que se hace transeúnte, sin fidelidad, porque su continuidad no depende de la solidaridad.
Cuando el amor no se ajusta a las diferencias de carácter, es un paréntesis, un ensayo intrascendente, es fallido porque no admite cuestionamientos ni porqués. Procede de un anónimo encuentro, no supone nada en la ecuación de un compromiso, resume una mecánica, una contingencia, una falsa expectativa; no se elige, pero llega, aludiendo a cosas que no traen afinidades a los amantes; es un amor de circunstancias, de equivocación, inusual, torpe, que presume un poco de erótico. Pero la verdadera joya del amor, es la que sólo llevamos en el interior, la que no tiene formas excesivas de definirse, ni credenciales psicológicos para construir su perfil. Es el amor que es, el que está ahí, el que sin diversos matices tiene el color de un matiz único, es el que surge de la admiración mutua, porque no sustituye a la imaginación, que es «perfectamente” un momento del alma, sensualidad habitual, un destino discreto, una aquilatada conciencia que nos transfigura los rostros y a la esencia que somos nosotros, y que arrojamos a la eternidad. ¿Qué es el amor?- No lo sé. Llevo años en esta emprendedora pregunta, de la cual he vivido pendiente, o casi siempre pendiente, pero que letalmente me ha lastimado. La «elección amorosa» existe y no existe, a la vez, porque nos adaptamos a lo que llega, a lo que se va forjando.

Nota: A petición de todos y todas los presentes en el acto de puesta en
circulación del libro de Ylonka Nacidit-Perdomo “Carta Al Silencio”, el sábado 22 de
diciembre de 2018, se publica el texto leído por la autora «Las
querellas de amor»: «…dirigido especialmente a mi persona, a la oculta
y a la exterior que desea ser encontrada…» como ha citado Jeannette
Miller en el «Prefacio» a Carta al silencio (soliloquios), a partir
de una reflexión del blog Efecto Primavera.

“Carta Al Silencio”. De venta en la Librería Cuesta (Av. 27 de Febrero, esquina Abraham Lincoln).

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