Sabrina Gómez (Fuente externa)

Colaboración de Patz Guerrero

Quisiera que esta fuera una historia de amor, pero no, a continuación les narraré una historia de odio y rechazo.

En los últimos años hemos visto como es motivo de burla y exageración mediática el que una persona famosa de repente se deje ver como un humano real ante los ojos de las redes sociales.

Situaciones, que si nos ponemos a pensar, pasan en cualquier familia o individuo, resultan “una alarma nacional” por que le suceden a un famoso. Casos como una ruptura matrimonial, un ataque de ansiedad, una enfermedad, una situación legal, una deuda, o incluso el tener hijos, parece que no es posible armónicamente si por mano de Dios has sido o eres famoso. Pero lo más doloroso de todo, es que a veces este tipo de atención nacional, perjudica más allá de las paginas leídas y de los conceptos que pueda hacerse algún lector… perjudica la situación, dolorosa tal vez, que de hecho ya está enfrentando esta persona (porque es una persona saben) a nivel íntimo.

Vemos casos de grandes actores o cantantes, que terminan muertos de una sobredosis, o suicidándose, y ves los comentarios de la gente “dolida”, y lamentándose, hablando disparates después que pasa como “La depresión es real señores”, “que pena tan feliz que parecía”… como el suicidio del famoso actor Robin Williams, que padecía de depresión, algo chocante para muchos, sobretodo porque el actor era un comediante, hacía reír… pero muchas veces para estas personas la única opción es fingir, y no dejarse ver en su dolor, pues cuando lo han hecho algunos, ven el circo que se arma, y les deja sin opciones de sanación.

Como siempre voy a poner un caso personal de ejemplo. Cuando yo tenía apenas 15 años, mi madre empezó a tener episodios depresivos. Yo era la mayor, y mis hermanos apenas eran niños. Como ignorantes que éramos como familia respecto a este tipo de padecimiento, pasamos años para lograr dar con una respuesta médica correcta, pues hubo médicos que hasta se aprovecharon de nosotros, y la familia sufrió a un punto que simplemente no puedo ni describir aquí. Yo, adolescente, tuve que fungir como responsable muchas veces por mis hermanos en el colegio en reuniones, y en la vida cotidiana en nuestra casa. Tuve que dar explicaciones que no tenía, pues mi madre ya no iba a ningún lugar, me volví dura, una dureza de la que aún no puedo despegarme, pues es un mecanismo de defensa que desarrollé desde estos eventos. Hoy mi madre sigue siendo una mujer valientísima, hermosa, con una gran sensibilidad, que heredamos nosotros sus hijos y que nos abrió la mirada al arte… una mujer que enfrenta un día a la vez esto que se llama depresión, con la ayuda profesional y con su familia, que finalmente creció y superó el mito. Digo el mito, porque millones de familias pasan por situaciones similares, y lo guardan, prolongando una estabilidad que con el correcto tratamiento puede existir, o peor, desatando una conclusión fatídica de sus vidas, en silencio.

No quisiera ni imaginarme yo en la situación de Kiara, o de Venya, del dominio público, donde tienes que ser “x cosa”, porque si no que van a pensar. Donde eres como carne gratis para el consumo nacional, y tu dolor no importa… tu trabajo, tu arte, tu grandeza no importa, solo tus “heces”.

Le mando un abrazo virtual a mi ex compañera de trabajo Sabrina Gómez, y le aplaudo su sinceridad que siempre le ha caracterizado. Le agradezco a la vida haber trabajado con ella en el 2010 cuando era yo la productora del “Contra viento y marea” del programa Grandiosas, donde nunca voy a olvidar nuestras charlas en el banquito del pasillito de Antena Latina. Tampoco olvidaré a la Sabrina de antes de ser del “dominio público”, cuando también trabajábamos juntas en Thompson Aife para Don Fello Miolán (que en paz descanse), donde su chispeante forma de ser (cosa que secundaba yo con mi acelere natural), resaltaba entre el grupo, haciéndole única, y por ende muy valiosa.

Algo que me enseño mi madre: “Si lo que vas a decir no aporta, no estimula, no hace crecer, no sirve para hacer mejor las cosas… mejor no las digas”.

En el mundo, queridos lectores, existen los grises. La belleza que tenemos está en nuestras diferencias, pero sobre todo, eso que se juzga, que se señala como extraño, suele hablarnos de nosotros mismos, de nuestras ausencias, y de lo que necesitamos hoy como humanos que somos, más allá de Instagram, o de un titular.

Aprovecho para invitarles al musical “Casi normales” de Studio Theater, que trata exactamente de esto. Insisto, nadie “Normal” cambió el mundo.

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