El poeta y filósofo José Mármol (Fuente externa)

José Mármol es alto como jugador de baloncesto, lleva espejuelos de pasta, su edad siempre es joven y pasa la mayor parte del tiempo revisando las publicaciones de los medios, estableciendo estrategias, diseñando caminos para hacer llegar mensajes a los clientes del banco donde es vicepresidente. Mármol es uno de los más importantes intelectuales de la historia cultural dominicana. Entre los numerosos reconocimientos a su obra se encuentran: Premio Anual Salomé Ureña de Poesía en 1987 y 2007; Premio Pedro Henríquez Ureña de Poesía en 1992; Premio Casa de Teatro de Poesía y Accésit al Premio Internacional de Poesía Eliseo Diego, revista Plural (México), en 1994; Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, desde 2007; XII Premio Casa de América de Poesía Americana (España) en 2012; Premio de la Academia Dominicana de la Lengua 2012; Premio Nacional de Literatura (Ministerio de Cultura y Fundación Corripio, Inc.) en 2013; Profesor Honoris Causa de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en 2013, y Person of the Year 2015, por Cannes Lions Dominicana, entre otros.

A esto hay que sumarle la reciente elección como Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua, lo cual da pie a un cuestionario enviado hace días, con la inmediatez de la noticia (y por lo tanto menos profundo de lo debido), mientras el autor de Lenguaje del mar ha respondido con la paciencia del filósofo y el tiempo exacto del alma lírica.

P. Imagino que eres el más joven académico. ¿Es algo que anhelaste mucho? ¿Desde cuándo?

R. En honor a la franqueza, querido amigo, no lo anhelé nunca. Respeto la institución, pero no me consideré digno de ella. Alguna vez alguien me comentó que quería proponer mi nombre a la Academia Dominicana de la Lengua, pero que debía yo mismo emprender acciones y estrategias de relaciones públicas para lograrlo. Le respondí que el primer avergonzado de semejante tarea sería yo. No me perdonaría a mí mismo si lograra en la vida algún mérito de esa forma. Ahí quedó el asunto, hace más de una década. ¿Soy el más joven? No lo sé. Probablemente.

P. ¿Cómo ha influido la poesía en tu pensamiento literario?

R. Me he dado a la modesta tarea, sé que no lo consigo todavía, de contruir un pensamiento. No sé siquiera si lo consiga alguna vez. Pero, de lo que sí estoy convencido es de que la unión indisoluble, de una compacidad granítica entre poesía, filosofía y literatura ha de ser el pilar por excelencia de ese posible pensamiento.

P. ¿Te consideras poeta sobre todas las cosas?

R. Me considero humano sobre todas las cosas (y las especies). Y como humano, tengo el privilegio de sentirme y comportarme como un instrumento, más que un artífice, de la palabra. La poesía es el fundamento de mi cosmovisión. Es la sensibilidad frente al lenguaje la que te acerca a las puertas de la percepción de que habló el poeta, místico y artista William Blake. Mi poesía hurga en el pensamiento filosófico; mi filosofía se nutre de la agudeza de la mirada poética.

P. ¿Por qué la poesía ha perdido tantos lectores en el mundo, tanto que muchos la consideran un género en extinción?

R. ¿Un género en extinción? Bueno, la humanidad misma ha estado más de una vez, pandemia actual a la vista, al borde de la extinción. Exceptuando en las culturas griega y grecolatina o helénica, en que la poesía era el vehículo transmisor de la tragedia y la comedia, entonces con representaciones masivas, la poesía, llegadas la Edad Media, la Modernidad y la Posmodernidad o Hipermodernidad, ha pasado a ser, como alguna vez lo evocó, con un genial oxímoron, el gran poeta español Juan Ramón Jiménez, el género literario de una “inmensa minoría”. No es cierto que la poesía solo sea seguida o leída por los poetas. Hay algo más. Sin embargo, superada la segunda mitad del siglo XX, en la que todavía las voces de los grandes poetas gravitaban sobre los acontecimientos sociopolíticos y culturales del mundo, hay que admitir que esta expresión discursiva ha venido a menos, y que las editoriales apuestan más a la narrativa y al ensayo que a la poesía. Una señal de aliento fue otorgar el Premio Nobel de 2020, el de la pandemia de la Covid-19, a una poeta norteamericana, Louise Glück.

P.Fuera del verso, ¿cuál género te apasiona? Te he visto publicar libros de ensayos y hasta de epigramas.

R. Hay ideas y sensaciones que se sienten cómodas expresándolas a través de la arquitectura de un poema. Hay ideas y emociones que encuentran su mejor molde expresivo en la prosa ensayística. Tengo, no obstante, poemas que son ensayos y ensayos que rayan en lo más puro de la poesía; ensayos que pueden ser leídos como poemas.

P. ¿Qué autor de la antigüedad te conmueve una y otra vez?

R. Platón, con todo y que se convirtió en un poeta renegado. Era primero poeta y luego, sonsacado por Sócrates, se autodefine filósofo y termina recomendando la expulsión de los poetas, por ser gentes delirantes y víctimas de las musas, de su República ideal. Al menos, no los exilió de la Caverna, donde míticamente los poetas son más necesarios y redituables a la cultura. Yo, lo perdono y lo admiro.

P. ¿Te permites descubrir otras literaturas que no por menos conocidas sean más interesantes? ¿Cuáles por ejemplo?

R. Como pasa con con las culturas, no hay literaturas mejores que otras. Son, simple y desnudamente, diferentes, específicas. La literatura es la expresión por excelencia de una lengua-cultura. Luego, no hay una literarura superior a otra. Puede que haya una que guste más y otra que guste menos a un individuo. Pero, siempre será eso: una elección individual. Yo, particularmente, prefiero nutrirme del hermoso concierto de las literaturas universales en sus diferentes lenguas y culturas, con los matices y acentos propios de cada autor.

P. ¿Hay algún idioma que te hubiese gustado aprender?

R. Muchos. Admiro, es más, envidio la virtud de los políglotas. Me ilusiona la idea de ser un ciudadano del mundo con la posibilidad de comunicarme en su lengua con cada cultura. Es una ilusión, nada más.

P. ¿Sobre qué tema versa tu discurso de entrada a la Academia?

R. A decir verdad, debo escribirlo y no lo tengo muy claro. Se espera, eso sí, que hable de la relación entre filosofía y poesía. Esa es una posibilidad. Veremos de aquí a final de año.

P. Creo que te ha tocado heredar el sillón de Marcio Veloz Maggiolo, que para muchos era el intelectual más importante vivo del país. ¿Qué libro de Marcio te ha aportado más? ¿Te gustaría escribir una novela?

R. Marcio no solo fue el intelectual vivo, hasta hace relativamente poco, más polifacético, prolífico y elevado de nuestra cultura. Lo definí siempre como una reencarnación del humanista del Renacimiento europeo. Para mí, más allá de su fallecimiento a causa de la primera pandemia de este siglo XXI, sigue siendo Marcio el más vasto y diverso intelectual de nuestro país: poeta, novelista, ensayista, musicólogo, historiador, arqueólogo, antropólogo, periodista cultural, catedrático, diplomático, en fin, y en cada rama con frutos de primera calidad.

Valoro por igual su obra novelística y su quehacer científico. Es un honor inconmensurable para mí poder ocupar, en su momento, el sillón N en la Academia Dominicana de la Lengua, que fue suyo con sobradísimos méritos.

P. Creo que María Molinet -que para mi es una Sor Juana Inés de la filología- hubiese muerto de nuevo al observar los cambios que han sido admitidos después del “sínodo” de los 300 años de la Academia. ¿Estás de acuerdo con esos cambios en la gramática y en la forma de redactar obviando acentos por facilismo y otras?

R. Estoy de acuerdo con buena parte de los cambios y neologismos. La lengua es una entidad viva, no una estructura fija, inamovible, fosilizada o zombificada. No. En tiempos de globalización y de licuefacción de todo aquello que se consideró alguna vez sólido, la lengua tiene que mostrar su lado flexible, modernizable, su carácter innovador y resiliente, su vocación de apertura ante la convivencia con otras sociedades. No puede quedarse fuera de la historia en movimiento ni a espaldas de la modernización. Lo que me parece una bazofia es la pretensión de radicalismo absurdo, ridículamente irracional de algunos sectores, ideológicamente agonizantes, ante la posibilidad de abrir puertas a un lenguaje inclusivo.

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