El director de cine Fernando Pérez probablemente sea el intelectual cubano de mayor estatura moral de este siglo XXI. Su verticalidad, valentía, profundidad reflexiva y claridad ciudadana, que parte desde la esencia de su obra con películas como Clandestinos, Madagascar, Suite Habana y Dossier de ausencias –producida en República Dominicana y cuyo estreno mundial será en la Selección Oficial del Festival de Cine de La Habana-, otras, le otorgan un respeto no solo por parte de las nuevas generaciones de creadores cubanos, sino hasta de la propia dirigencia cubana.

El pasado miércoles, en una entrevista en vivo a través del sitio de Facebook del realizador Ian Padrón, abogó por un diálogo, a la vez que condenó la violencia de los funcionarios del Ministerio de Cultura cubano del 27 de enero contra un pequeño grupo de artistas jóvenes.

Pérez apostó por un diálogo entre autoridades y los jóvenes «dentro del terreno de la cultura» ahora, no en el futuro. «El pensamiento siempre va a ser peligroso», opinó el guionista, y escritor que ganó el premio Casa de las Américas por su libro Corresponsales de guerra.

Fernando Pérez, Premio Nacional de Cine de Cuba, se mostró crítico con la campaña difamatoria que tiene lugar en la prensa oficial cubana desde la manifestación multitudinaria del 27 de noviembre frente al MINCULT y más recientemente tras los sucesos del 27 de enero.

«Nuestros medios, nuestra prensa, nuestra televisión fundamentalmente, no pueden estar cubriendo un hecho con una sola mirada, y ahí yo vi que los rostros de esos muchachos pasaron a ser una foto fija, pero no estaban sus voces ni lo que habían dicho», dijo el autor de La vida es silbar y Madrigal.

«Mientras no tengan un espacio donde expresar sus ideas, también en los medios masivos de comunicación, algo no funciona», añadió.

«Mercenario es ya una palabra que descalifica, desde que la utilizas estás descalificando a estos jóvenes, y el 27 N es muy diverso, y ese es el principio que hay que entender (…) Nuestra realidad se ha fragmentado», opinó.

«Es resultado de todo un tiempo en el que se han ido acumulando preguntas sin respuestas. Los jóvenes necesitan que haya señales de verdad, de que no va a seguir ese mismo discurso de no inclusión, de exclusión, de no tener las posibilidades, ni los espacios independientes, donde puedan expresarse y creo que eso es una urgencia», dijo Pérez.

«Por parte del Estado cubano, hay que cambiar el escenario. No puede ser que este escenario y reclamos de los jóvenes que están ahí concluya otra vez en agresión. Ese escenario tiene que cambiar», dijo refiriéndose al manotazo del ministro de Cultura al periodista independiente Mauricio Mendoza, cuya entrevista realizada por Ian Padrón fue destacada por Silvio Rodríguez en su blog Segunda cita, quien opinó: «Yo creo que esta entrevista amplía, humaniza, y espero nos mejore».

Fernando Pérez, por su parte sentenció: «El arte no puede ser reprimido y eso tiene que entenderse».

«Ese nuevo lenguaje debe ser entendido y escuchado por los que mantienen un discurso que ya no es contemporáneo ni facilitan un diálogo», amplió.

«Trato de ser realista y tal como están las cosas el escenario está cerrado, sobre todo por lo que ocurrió el 27 de enero. Lo que creo es que no hay que renunciar a reclamar la necesidad del diálogo», expresó el director de José Martí: el ojo del canario.

El propio Fernando Pérez, quien participó en la protesta del 27 de noviembre, reiteró que su presencia allí fue espontánea. Y dijo que no pueden continuar las detenciones arbitrarias, como tampoco puede continuar la visión «en nuestra prensa de un solo punto de vista».

Aquí la entrevista completa a Fernando Pérez:

Convergencia

Así titula su texto colgado en Facebook el director cinematográfico cubano Rolando Díaz, quien desde Valencia y tras más de 30 años de vivir fuera de Cuba, no ha dejado de pertenecer a la cultura cubana ni a lo mejor de la cinematografía de la isla. Autor de filmes como Los pájaros tirándole a la escopeta, En tres y dos, Melodrama, El largo viaje de Rústico y Dossier de ausencias, su más reciente obra, -cuyo estreno mundial se espera que sea en el Festival de Cine de La Habana, en el que fue escogida en la Selección Oficial-, expone su punto de vista con honestidad y verticalidad ética.

«CONVERGENCIA (O definiendo posturas en “Años Duros”)

No voy a hablar en este comentario del genial bolero de Bienvenido Julián Gutiérrez, uno de mis preferidos, ni del brillante dúo interpretativo de Pablo Milanés y Miguelito Cuní. Voy a intentar poner sobre el tapete otra manera de converger.

El 99 % de las personas que leen mis comentarios saben que fui militante y creyente de la Revolución y el Partido hasta entrados los años ochenta. Nunca lo he negado. Fue en los años setenta, haciendo noticieros ICAIC, con veintitantos años, cuando comenzaron mis dudas a mi propia radicalidad revolucionaria al descubrir, haciendo periodismo por cierto, la cantidad de chapucerías y arbitrariedades que se cometían en nombre de la Revolución.

Pero las desilusiones mayores aparecieron en un “fade” muy lento, que llegó a su pico cuando se derrumbó el Muro de Berlín. La caída del Muro, resultó ser el estropicio de mis ideales, que, por cierto, tampoco desaparecieron de golpe, si no, paulatinamente.

Hoy, un grupo de jóvenes patentiza el cuestionamiento al mandato de un gobierno que ha pasado de un punto de partida realmente revolucionario en 1959, hasta convertirse en un bastión del continuismo de políticas fallidas de resultado nefasto. No quiero negar en esta afirmación lo que todos, independientemente del punto de vista que se tenga, reconocemos: No ha sido nada fácil convivir al lado de la Nación más poderosa del mundo en una Islita de historia convulsa. Tampoco quiero simplificar mis ideas. La historia de Cuba lo demuestra en pasajes complejos llenos de aciertos, pero también de profundos errores desde que logró liberarse del colonialismo español. Ignorarlo no es serio.

Rolando Díaz dirigió «Dossier de ausencias» (2020) Selección Oficial del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana (Fuente externa)

Pero lo que resulta indefendible a estas alturas es parapetarse detrás de ese incluso válido, en parte, discurso, para inmovilizar La Nación in saecula saeculorum. Y si una parte importante de mi generación lo vio cuestionable, una vanguardia de jóvenes de hoy se separan de forma tajante de un inmovilismo llamado continuidad (¿continuidad de qué?) que resulta inadmisible.

Revolucionario es quién mueve. No quien detiene. Y cualquier ciudadano, residente en sociedades democráticas imperfectas (como lo son todas) está en condiciones de pedir cuentas a quienes les gobiernan sobre cómo les gobiernan. Es un hecho y en ese detalle sustancial radican las dinámicas actuales.

Es infantil, si no fuera por las dramáticas consecuencias que conlleva, exigir unanimidad, imponer pensamientos únicos en un mundo cambiante y activo, donde todo está sujeto a permanente cuestionamiento. Y las redes, para lo malo, pero también para lo bueno, han puesto en evidencia lo viejo e indefendible de lo inamovible. La época de la “Dictadura del Proletariado” ha quedado cuando menos cuestionada por la evolución natural de la Historia y las izquierdas de hoy se debaten en encontrar formas novedosas aplicables a las nuevas condiciones socioeconómicas que trae consigo el siglo XXI.

Mi esperanza es intensamente verde como el cocodrilo que tanto amamos y no cejaré en mi creencia de que se excluyan los pretextos, algunos de ellos muy manidos, y se establezca, lejos de inadmisibles manotazos y absurdas descalificaciones, una verdadera cadena de trasmisión entre los que quieren una Cuba en movimiento y riesgos a la altura de los difíciles tiempos que se viven y los que creen que sosteniendo viejas ideas probadas en su ineficiencia, (aunque recicladas y vestidas de una aparente modernidad) van a lograr impulsar La Nación. Un verdadero diálogo, a calzón quitao, donde converjan diferentes posturas, es la única manera de intentar reflotar la Isla. No hacerlo nos condenaría a un limbo que vislumbra posibles fatídicas consecuencias».

El manotazo fundamentalista

Por su parte Pedro Luis Ferrer, un trovador cubano de los últimos de aquella primera hornada, o el primero de la segunda de la nueva trova, cuya edad actual son 68 años, y autor de canciones de profunda raíz popular y contestataria, lleva más de 30 años soslayado por los medios y las instituciones cubanas, que aunque algunas como la Uneac o el Instituto de la Música, han tratado de darle pequeños espacios, han terminado confinándole al no soportar las andanadas reflexivas de quien es un maestro de la ironía y el sarcasmo, así como de la letra poética y la guitarra.

El intérprete de Romance de la niña mala, La vaquilla Pijirigua, Abuelo Paco, Marucha la Jinetera, Él tiene delirio de amar varones, La Habana está poblada de consignas, entre muchas otras, expuso en Facebook su punto de vista al manotazo ministerial con un texto que tituló «El manotazo fundamentalista»

«Mi cabeza amaneció con el viejo y sabio refrán: «El que calla, otorga».

Ayer, 28 de enero -cumbre fecha martiana- topé en las redes con muchas imágenes que me entristecieron profundamente y acrecentaron mi preocupación por el destino espiritual de nuestro pueblo. Soy cubano, artista, músico, poeta… y no puedo hacer silencio ante lo que acontece en la isla.

Pedro Luis Ferrer, trovador cubano (Fuente externa)

«Resolver a manotazo lo que ni siquiera se discute… Precisamente para eso sirven los gaznates: para no tener que discutir lo que no te conviene; pero – sobre todo- para ignorar la demanda proveniente de aquellos que no tienen poder para imponerla. Quien, desde posición de poder, lanza el exabrupto, convencido de que lo recibirá alguien que profesa la filosofía de la no violencia, es un calculador consciente. No obstante, al quedarse sin adversario en la violencia, el transgresor resalta por el uso excesivo e innecesario de la fuerza. La prepotencia lo conduce al error, cuyo fuero – por si quedaba alguna duda- queda subrayado por la presencia policial y los grupos de «respuesta rápida» sobre personas desamparadas.

Así, el poder omite el paso del diálogo y pasa al uso de la fuerza. Pues diálogo significa dialéctica, cambio. Ello establece que quien participa en un diálogo está dispuesto a asimilar lo que escucha, y a transformar, en alguna medida, su razonamiento y su actitud. Toda política de fuerza evita el diálogo, y es llevada a cabo por aquellos que están absolutamente convencidos de que tienen la más absoluta verdad-absoluta. O por quienes anteponen y defienden sus intereses a capa y espada. Son los que pretenden desconocer la diversidad de una nación. El fundamentalismo es tautológico e irracional, sobre todo cuando se ejerce por conveniencia. Sabemos que esta clase de persona no es propensa a dialogar con adversarios que NO constituyan un peligro para su integridad física. Por eso su signo es el abuso.

Expreso públicamente mi más profundo rechazo a cualquier accionar desmedido y coercitivo contra los cubanos todos, obreros e intelectuales, que desean expresar pacíficamente sus demandas ciudadanas, lo cual constituye un derecho humano inalienable, consensuado universalmente por el conjunto de las naciones soberanas (incluida Cuba), y ningún Estado o gobierno está autorizado a prohibirlo.

Exorto al diálogo fecundo.

Abrazo.

29 de enero de 2021

 

Carta abierta de Ian Padrón

Por su parte, el propio Ian Padrón, director de cine e hijo del inolvidable Juan Padrón, creador de películas como Vampiros en La Habana o Elpidio Valdés, escribió una carta abierta en su propio sitio de Facebook.

Ian, a su vez director de Habanstation y de innumerables videos clips y documentales de honda cubanía, a sus 44 años de edad, expone valientemente a través de en vivos y textos sus valientes puntos de vista.

«Carta abierta a los que aún se permiten escuchar una opinión:

«Después del evento del pasado 27 de enero de 2021 entre el Ministerio de Cultura de Cuba y los artistas-periodistas-jóvenes e independientes apostados frente al MINCULT; he manifestado mi rechazo al uso de la fuerza y la posterior detención de todos los que allí estaban.

He visto casi todos los videos y testimonios que están en las redes, incluyendo también los de los medios oficiales. Ese mismo día 27, se les acusó públicamente en la televisión nacional de “mercenarios pagados por el imperio” y “acosadores de las instituciones”. Ni siquiera se tuvo la mínima profesionalidad de mostrar la opinión de los supuestos “mercenarios” y permitirle su elemental derecho a réplica.

El director de cine Ian Padrón (Fuente externa)

No hablo por ellos, ni en su nombre. No los conozco personalmente en su gran mayoría, como tampoco conozco al ministro Alonso. Nunca he pertenecido a ninguna institución estatal, movimiento o partido político; ni dentro ni fuera de Cuba. También, eximo a mi familia y amigos de la responsabilidad por mis opiniones; estrictamente personales.

“Aquel que no conoce su pasado, está condenado a repetirlo” – es una popular frase atribuida a Napoleón Bonaparte, la cual considero resume la gran preocupación que muchos tenemos hacia el presente de la cultura cubana.

En 2003 el ICAIC censuró mi documental Fuera de Liga, sobre el béisbol cubano. Gran parte de los cineastas que realizamos dicho film -en un acto de solidaridad y valentía que aún les agradezco-, fuimos a presentarnos pacíficamente vestidos con camisas de baseball a una conferencia de prensa de la Muestra de Cine Joven -evento que inicialmente había aceptado el filme- y a última hora no tuvo otra opción que continuar con la censura impuesta por el Icaic. Durante meses busqué el diálogo y escribí decenas de cartas a la institución, recibiendo el silencio por respuesta.

Esa “ausencia de debate”, desató una serie de eventos que culminaron en agresiones verbales y físicas hacia mi persona, en pleno lobby del Icaic. En medio de esa “tormenta”, mi padre Juan Padrón me pidió que no me dejara paralizar ante estos lamentables hechos. Fue entonces que por primera vez conversamos sobre algo que para mí fue muy revelador: Él también fue censurado y subvalorado en algún momento, al igual que otros grandes que admiraba como Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Pastor Vega o Pedro Luis Ferrer. Y concluyó emocionado: “La única victoria real que tuve ante la incomprensión fue seguir creando. Confía en el público cubano y en el tiempo; son ellos los que siempre tendrán la última palabra”.

Hasta donde investigué, personas como Haydeé Santamaría promovieron espacios desde la Casa de las Américas a favor de esos “incomprendidos”. Ante ese ejemplo otras instituciones se arriesgaron a darle espacio a esos artistas que eran tildados de “inadaptados” o “que le hacían el juego al enemigo». Por eso existen hoy los Vampiros en La Habana, El Unicornio Azul, Ojalá, Yolanda, Elpidio Valdés, El breve espacio en que no estás, Retrato de Teresa, 100% Cubano y La Vaquilla Pijirigua, entre muchos ejemplos similares. Referencias imprescindibles en la cultura nacional, fruto de esos mismos artistas antes etiquetados como «conflictivos».

Salvando las distancias entre mi trabajo y la obra de estos gigantes, ese fue mi camino a seguir: Realicé otros diez documentales, cincuenta videoclips y mi opera-prima de ficción Habanastation. Después de muchos intercambios míos y el apoyo de varios reconocidos intelectuales ante el Mincult, también se logró “desengavetar” el documental Fuera de Liga, unos cinco años después.

Hoy vi en una foto, que entre los jóvenes que este 27 de enero fueron tildados de “vendepatrias y mercenarios”; estaba el hermano de una amiga. Ella en aquel 2003 también me gritó públicamente “insolente” (o algún calificativo similar), justo después de nuestra presencia en la ya mencionada conferencia de prensa en el Icaic. Luego se disculpó, me explicó que fue un mal momento personal y la respeté aún más por rectificar y hacer justicia, dentro de la institución que ella misma representaba entonces. Dialogamos y lo superamos.

Ese hermano suyo es alguien que apenas conozco, pero verlo en las imágenes me hizo revivir por lo que yo pasé. Es el único rostro que conozco y hasta donde sé, es alguien inteligente, con prestigio y muy querido entre el gremio de cineastas. Llamarle mercenario es una acusación muy seria que puede traer consecuencias morales para él, su familia y sus amigos. Lo sé en carne propia.

Para los que piensan que mi temor es exagerado, en el sitio web del periódico Granma, en los comentarios del artículo Repiten el golpe blando y vuelven a fracasar, hay solo dos comentarios publicados allí que dicen textualmente: «Sin contemplación apliquémoles la pena máxima a estos traidores vendepatrias» y otro «… por favor mi Cuba donde se cae el mulo se le dan palos; recojan esos cuatros gatos y metanlo tras las rejas».

A mi todo esto me parece más una torpe declaración explícita del Mincult que no quiere más aglomeraciones o manifestaciones frente a su sede; lo cual es algo hasta cierto punto congruente con la Cuba de hoy. Pero de ahí a arrestar e intentar etiquetar de “asalariados del imperio” a todos los que allí estaban, me parece una generalización muy peligrosa.

Pido a los artistas cubanos que por favor profundicen en todo lo que ha pasado y a las instituciones culturales que “no boten el sofá”. Traten de conocer a estas personas que allí estuvieron, no le den la espalda. El resto del mundo está lleno de “jóvenes” cubanos que no encontraron espacio en la sociedad cubana y tuvieron que buscar otros horizontes. La gran mayoría también somos honestos y amaremos a nuestra patria hasta el final de nuestros días.

Mucho se ha promovido que el Mincult quería dialogar y los “mercenarios querían un show”. Mi abuela gallega siempre me decía que “cuando uno no quiere, dos no discuten”. Si yo fuera la institución, hubiese llegado con sillas, botellas de agua fría y en plena calle, hubiese iniciado el diálogo delante de todos los teléfonos. Díganme si no hubiese sido un ganar-ganar para ambas partes.

Si de un lado se sentían amenazados por la presencia policial y por el otro, la institución se siente amenazada por los teléfonos filmando; es señal inequívoca que no estaban dadas las condiciones para un dialogo real. Creo que en eso ambas partes tienen responsabilidad de hacerlo mejor. El día que se produzca ese necesario diálogo y se quiera demostrar confianza mutua; deberá ser a puertas abiertas, con cámaras y medios estatales, foráneos o independientes; sin secretismos ni desconfianzas en el prójimo.

“Si quieres hacer la paz con tu adversario, tienes que trabajar con él. Entonces puede convertirse en tu compañero” – decía sabiamente Nelson Mandela, Premio Nobel de La Paz. Si esta tensión sin derecho a réplica se mantiene; muchos de estos y otros jóvenes tendrán que emigrar de Cuba, en el mejor de los casos.

Como ciudadano y artista, defiendo el derecho a la soberanía nacional y deseo que la impostergable actualización de la sociedad cubana sea protagonizada “por todos y para el bien de todos” los cubanos del mundo.

Como padre cubano me pregunto: ¿Qué pasará con todas esas personas que pueden ser inocentes de semejante acusación? ¿Nos haríamos los desentendidos si fuera alguien con quien estamos implicados personal o familiarmente? ¿Hay un futuro diálogo viable para Cuba bajo estos preceptos de acusación sin derecho a riposta?

La actual Constitución de La República de Cuba debería ser la única respuesta cuando dice en su artículo 42: Todas las personas son iguales ante la ley, reciben la misma protección y trato de las autoridades y gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones de sexo, género, orientación sexual, identidad de género, edad, origen étnico, color de la piel, creencia religiosa, discapacidad, origen nacional o territorial, o cualquier otra condición o circunstancia personal que implique distinción lesiva a la dignidad humana. Todas tienen derecho a disfrutar de los mismos espacios públicos y establecimientos de servicios.

Gracias a todos los que se tomen el tiempo para leer lo que pienso.

Mis respetos,

Ian Padrón – Domingo 31 de enero de 2021.

PD. Por favor, compártelo y opina. Piensa en los demás».

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