Anthony Ríos (Fuente externa)

El 17 de julio de 1950 nació en Hato Mayor Froilán Antonio Jiménez. ¿Alguien le llamó Froilán? Tal vez su abuela, para llamarle la atención, le decía de ese modo único que lo hacen ellas para sermonearte: Froi-lan-an-to-nio-ji-me-nez! O ¡¡¡Froiláantoniojimenez!!! si la cosa era realmente grave. O quizás, ¡¡¡Froliancito, venga acá!!!

Ese Froilán no era otro que alguien que llegó a ser uno de los más queridos artistas de este país: Anthony Ríos, con una taza de rechazo casi de cero. O mejor dicho 0,0000000000001%. Y ese tierno honor se lo lleva una pulga que nunca debió ser diputado, un asqueante personaje, guapetón y con ínfulas de maestro de ceremonias de circo, un ser mendaz y manipulador, que tiene hoy precisamente su último día en la Cámara de Diputados. Un tal Manuel Díaz, de Villa Altagracia. Enemigo de la cultura, que lleno de odio y doble moral lo quiso deshonrar desde su curul cuando se propuso a Anthony para un reconocimiento.

Hace un año, cuatro meses y 13 días, el 4 de marzo del 2019, Anthony se fue de este mundo, con sus canciones, su simpatía, su filosofía de la vida y su sentido del humor, que le hicieron uno de los seres más admirados que ha dado esta tierra.

Una de las cosas que le criticó el diputado fue la cantidad de hijos que tenia. Pues Anthony nunca desamparó a ninguno de sus hijos.

Raphy D’Oleo que fue el Sancho Panza flaco del Quijote gordo, ha prometido a Anthony hacer una emisora radial digital y un programa por una emisora donde solo pondrá popurrís. De hecho, le escribió así: «Hoy cumplirias 70 años.  Pretendo lanzar un programa y una estación virtual con el concepto de popurries.  Donde quiera que estés, sé que me acompañarás en esta nueva aventura de diversión. Te quiero hermano».

Hoy, muy temprano, me imaginé a Victor Victor llegando a un tipo de estancia campestre, con jardín y claridad, frescura y alegría, y quien lo estaba esperando en la puerta del jardín era Anthony, que le daba la bienvenida y un abrazo.

-Dime, ¿cómo está aquello?- habría preguntado Anthony echándole el brazo por encima.

-No me digas na, hay una pandemia de un coronavirus en todo el mundo. (¡Ah, ganó las elecciones Luis Abinader!), pero la gente no aprende. Aquello sigue siendo un relajo. La gente anda como si nada. Hay mucha irresponsabilidad en la gente. Los comerciantes no entienden que la economía se recupera, pero la vida no. Ni sé cómo se me pegó. Por eso estoy aquí.

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