SD. A Agnes Varda la conocí varias veces, en distintos lugares. La primera de ellas en el Festival de Cine de Moscú, allá por los inicios de los 80. Luego en La Habana en uno de los festivales de Nuevo Cine Latinoamericano, creo que en los 90. Más tarde en Cannes, hace como cinco años. No puedo decir que fuéramos amigos ni nada parecido. Entre uno y otro pasaba tanto tiempo, que era suficiente para que ella me olvidara, consecutivamente.

Varda, considerada la más veterana de las mujeres cineastas del mundo, acaba de fallecer producto de un cáncer descubierto hace poco tiempo. La noticia la dio Le Monde, en París, y ha corrido como pólvora.

Nacida en Bruselas (Bélgica) como Arlette Varda, el 30 de mayo de 1928, era conocida por su dilatada carrera como directora, hasta el final de su existencia, sobre todo de documentales que dejan una huella porque eran luminosamente humanistas. De hecho, parte dejando un documental sin estrenar Varda por Agnes, visto en la Berlinale y donde repasa su labor como feminista, directora y artista visual.

La cineasta, que era presencia obligatoria en Cannes, con su paso tambaleante de persona de avanzada edad, ha sido la persona más longeva en ser nominada a un Oscar, el pasado año por ‘Caras y lugares’. La Academia de Hollywood le otorgó el año pasado un Oscar honorífico. Había estudiado Historia del Arte en la École du Louvre. Fue fotógrafa oficial del Teatro nacional Popular de París. En realidad amaba la fotografía, pero mucho más al cine. Era una artista plástica en su más amplia acepción, iba de la fotografía, a la instalación, al cine, como si todo se tratara de una misma cosa.

Su cinematografía arrancó en 1954 con ‘La Pointe-Courte’, que es el nombre de un barrio de la pequeña ciudad pesquera de Sète, en Francia, donde pasó unos días grabando para un amigo que tenía una enfermedad terminal y que no podría visitarla solo. Varda decidió hacer una película, que narra la historia de una pareja triste y su relación con esa pequeña ciudad. La película es considerada una de las precursoras de la Nouvelle Vague francesa. Y su nombre está a la altura de Truffaut y de Godard. Juntos son la santísima trinidad de la Nouvelle Vague. De los tres aún vive Jean-Luc Godard, con 88 años de edad.

Su obra compuesta por algunas pequeñas obras maestras, donde el sentido particular suyo del lenguaje de la fotografía, se torna a veces protagónico, incluye entre otros, los largometrajes

La Pointe Courte (1955)
Cleo de 5 a 7 (Cléo de 5 à 7) (1961)
La felicidad (Le bonheur) (1965)
Les créatures (1966)
Daguerréotypes (1975)
Contestación de mujeres (Réponse de femmes) (1975)
Una canta, la otra no (L’une chante, l’autre pas) (1977)
Sin techo ni ley (Sans toit ni loi) (1985)
Kung-Fu Master (1987)
Jacquot de Nantes (1991)
Las cien y una noches (Les cent et une nuits de Simon Cinéma) (1995)
Los espigadores y la espigadora (Les glaneurs et la glaneuse) (2000)
Los espigadores y la espigadora: dos años después (Les glaneurs et la glaneuse… deux ans après) (2002)
Les plages d’Agnès (2008)
Rostros y Lugares (2017)

Se desconoce cuándo serán sus honras fúnebres. Seguramente Cannes proyectará su último trabajo a manera de homenaje.

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