Portrait de la jeune Fille en feu» (Retrato de muchacha con fuego), de Celine Siamma (Francia, 1980), es una película que pudiéramos llamar minimalista, aunque los platós donde se mueven sus personajes son tan naturales como la vida misma en la campiña en 1770.

El minimalismo parece ser uno de sus características más amados de la directora que debutó con Naissances de pieuvres (2009), en Un Certain Regard del Festival de Cannes en 2007.

Si existe un cine homosexual, Siamma lo conoce muy bien, ya que su primer filme aborda el tema desde unas jóvenes de 15 años que acuden en verano a un piscina, en cuyos casilleros se calientan, juegan y descubren la excitaciòn entre ellas y la sexualidad.

En aquella película estaba Adele Haenel, quien ya había actuado en una en el 2002, y que a partir de ese 2007 hasta la fecha tiene a su haber la friolera de 22 películas, a razón de tres por año como promedio. De hecho en el año 2016 estuvo otra ve en Cannes de la mano de los Hermanos Dardenne, quienes mientras escribo esta crítica, presentan Le Jeune Ahmed, una película que ha traído consigo un reforzamiento evidente de la seguridad en Cannes, con muchos policías de civiles.

Las actrices principales y la directora de lapelícula, en la alfombra roja del Festival de Cannes (Fuente externa)

Pues bien, precisamente gracias a Adele Haenel, la película Retrato de muchacha con fuego toma una nueva temperatura.

Se trata de un filme largo: dura dos horas. Y salvo la escena inicial y la final, no hay más personas en pantalla que dos mujeres jóvenes, con una tercera entrando y saliendo y una cuarta que aparece unas tres o cuatro veces. Es decir, el 80 por ciento del tiempo solamente hay dos personas actuando. Y para dos horas parece ser demasiado, sobre todo porque uno sabe bien por donde va el camino y cuál es el derrotero del filme.

A la película, que narra una historia que fácilmente puede suceder en cualquier época, le sobran las primeras escenas, relacionadas con el mar. Porque la película en buena lid arranca cuando la pintora toca la puerta de la casa. Le sobran también escenas inmediatas cuando ella se establece en la casa donde la dueña ha solicitado que le hagan un retrato a su hija que se va a casar. En total unos 10 a 15 minutos.

Esta es una película sobre el amor, en definitiva. Y cualquiera pudiese imaginar que algunas escenas de sus películas tienen rasgos autobiográficos, en el caso de la directora Cecile Sciamma.

Mariana ha salido hace pocas semanas de un convento, su hermana se ha lanzado al mar por los acantilados. La madre ha acordado enviar a Milán, a un joven, el retrato de la hija.

De las mejores cosas de esta película esta el diseño sonoro y el diseño de vestuario, que asume (sin acreditárselo) la propia directora, y claro, también la fotografía, sobre determinados encuadres que parecen pinturas hiperrealistas (el juego de la sierpe que se muerde la cola). Pero hay que reconocer, Siamma sabe narrar, y sabe cómo acercar la brasa al fuego.

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