Después de dos horas y 41 minutos de cola para ver Once Upon A Time… in Hollywood, de Quentin Tarantino, que dura dos horas y 41 minutos, debí (si fuese jugador) irle al 2 al 4 y al 1. Para algunos es brillante, cautivante, motivadora, deslumbrante. Pero yo he salido absolutamente decepcionado de haber perdido 5 horas y 22 minutos, o lo que es igual 322 minutos de mi vida, equivalentes a 19,320 segundos.

En primer lugar la insistencia ridícula de Tarantino de pedirle a la gente que no cuenten la película, como queriendo decir, no hablen mal de la película. Y no es para andar perdonando su vida.

Hay quienes se han vuelto locos con el filme y estamos los que hemos salido acojonados por la tomadura de pelo.

Once Upon a Time… en Hollywood desde mi punto de vista es un filme con limitaciones justamente por su ambición. Sobra demasiado tiempo para hervir en el caldo de su propio ego.

La película es un homenaje del autor de Pulp Fiction e Ingloruius Basterds al cine que le gusta, al de los años 60: el western spaghetti. Y en ella aparecen personajes reales como Roman Polanski (actuado por el polaco Rafal Zawierucha), su asesinada esposa Sharon Tate (personificada por Margot Robbie), Bruce Lee, Sam Wanamaker, Steve McQueen, Sam Wanamaker, se menciona a Frank Sinatra.

Época del esplendor del art-decó, que muy pronto decaerá; y cuando la marihuana aún es ñoña y otras drogas como el LSD se han comenzado a masificar. Aparece en el filme el Spahn Ranch de Charles Manson y sus seguidores. Y suenan temas de la época como California Dreaming, Mrs Robinson y Bring a Little Lovin, que popularizara el grupo español Los Bravos en 1966. Los Bravos era el grupo español más famoso de la época y lo integraron originalmente Michael Volker Kogel Sumaya, alias «Mike Kennedy» (Berlín, 25 de abril de 1944) voz; Antonio «Tony» Martínez Salas (Madrid, 3 de octubre de 1944 – Colmenar Viejo, 19 de junio de 1990): guitarra eléctrica; Miguel Vicens Danús (El Ferrol, La Coruña, 21 de junio de 1943): bajo eléctrico; Pablo Sanllehí Gómez (Barcelona, 5 de noviembre de 1943): batería y Manuel «Manolo» Fernández Aparicio (Sevilla, 29 de septiembre de 1942 – Madrid, 20 de mayo de 1968): teclados, quien falleció durante un accidente de tráfico que tuvo el grupo cuando viajaban hacia el aeropuerto de Barajas, para tomar un avión con rumbo a Cuba donde participarían en el Festival Internacional de la Canción de Varadero.

Es la época de la guerra de Viet Nam y Brad Pitt es Cliff Booth, doble para las escenas de riesgo de Rick Dalton, quien es una estrella de televisión que ha hecho westerns (“Los western spaghetti son un asco”, dijo en un ataque de belleza) pero va en franca caída y un productor Mr. Schwarz, corporeizado por un Al Pacino que usa gafas y lleva el pelo largo, quien le convence de irse a Italia a rodar western spaghetti. Y actúan también Kurt Rusell, Timothy Olyphant, Dakota Fanning, Luke Perry, Margaret Qualley.

Cliff, quien es el mejor amigo de Rick, se desnuda en una escena, para provocar los gritos de las féminas y los gays. Y si eso no es un facilísimo comercial, un gancho al estómago, que venga Dios y lo vea; pero hasta eso está permitido, que en buena lid, Pitt está mucho más convincente en la película que DiCaprio.

Una escena, para mí la mejor de la película rodada en 35 milímetros, es cuando una hippie le hace auto-stop a Cliff y lo convence a llevarlo hasta Spahn Ranch y allí se desarrolla una escena llena de tensión, resuelta con la genialidad que ha caracterizado a Tarantino en otros filmes.

Sin embargo le sobra mucho pietaje, le falta regodearse menos en un cine y en una época, y ser mucho más ágil narrando una historia que se bifurca en caminos que nunca llevan a ninguna parte. Porque definitivamente no encuentro una justificación a tanto diálogo insulso, y tantas escenas que se alargan como canquiña (canillí le llamaban en Cuba en los mismos años 60), a no ser la locura de una edición a toda la carrera para llegar justo a tiempo a Cannes, 25 años después de la primera vez.

Con el filme de Tarantino me resulta como si hubiese paseado por los tres estómagos de una vaca toda su cultura cinematográfica y sus películas del western spaghetti, y los devolviera en un regurgitar que pretende ser de humor negro y resulta, al menos para mí, soso y lento, tanto, que no puedo entender tantos adjetivos gastados por la mitad de los colegas. Pero como dicen por ahí, para los gustos se han hecho los colores.

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