SD. El 2018 ha sido un año de cambio, de esos que te revuelcan, te la ponen difícil, para que te re-inventes o revientes. Un año con cosas positivas y negativas.

Entre las positivas están los premios que he recibido, y que me honran sobremanera: uno el Premio al Crítico de Arte y Espectáculos del Año The Best of DR, que por primera vez otorgó la revista Mercado.

También, el Premio Epifanio Lantigua de Periodismo Turístico otorgado en el concurso de igual nombre que anualmente convoca la Asociación Dominicana de Prensa Turística (Adompretur), que por primera vez premió en el acápite Arte y Cultura.

En mayo, tuve la oportunidad de dictar una conferencia titulada “El Bolero, Padre de la Bachata; La Bachata, Salvadora del Bolero”, en el Instituto Cervantes de París, por invitación de la Misión de República Dominicana en la Unesco.

Eso, además de cerrar en abril un importante capítulo de mi vida después de 15 años como editor de Cultura y espectáculos del periódico Diario Libre y realizar el lanzamiento del periódico Notaclave.com, un emprendimiento personal que me hace saborear, por primera vez la independencia absoluta y la libertad de escribir lo que desee, con sus riesgos y responsabilidades al tope, sin más ataduras que las que yo mismo y el sentido común me dicten. He tenido que reinventarme y por primera vez en mi vida dependo únicamente de mí. Soy mi jefe.

Cuando un amigo se va

Entre las negativas: hace tres días me he enterado que en la ciudad de Manzanillo en la costa sur del Oriente cubano ha fallecido en septiembre Guillermo Calderío, quien fue el primer amigo con quien jugué, mi vecino, de la misma edad que yo. Meses antes había muerto Manolo Tillán, hijo de libaneses descendientes de armenios, uno de los hombres más honestos y rectos que han tenido que pasar por la cárcel, gracias a las trampas de los hombres. Su fe en Dios nunca mermó. Regresó medio sordo y la última vez que lo vi, gritaba desaforado lo que antes habría dicho en un susurro: «te queremos!».

Con el año se han ido amigos como Rafael Alcides Pérez, visita mía obligada cada vez que viajaba a Cuba, uno de mis mejores maestros en la poesía, y principal culpable de que en 1987 mi libro Cuarto alquilado ganara el Premio David de Poesía, y el premio XX Aniversario del concurso David al mejor libro entre todos los géneros. Nos conocimos el día de la entrega de premios. Alcides, quien decidió hacer lo que le dictaba la conciencia, vivió el «insilio» los últimos 25 ó 30 años de su vida, solo se movía a 500 metros de su casa.

Otro amigo entrañable que se llevó este año fue Fernando Báez, director de cine y hermano con quien compartí sueños y trabajé en el proyecto cinematográfico que ahora seguimos sus hijos y yo, El Rey del Merengue, sobre Joseito Mateo, otro gran hermano -este de 98 años de edad- que dos meses antes que él se fue a otro mundo.

Angela Peré, amiga cubana queridísima, quien había emigrado a República Dominicana y estaba en los aprestos por regresar a Cuba definitivamente, también se fue, así cómo en Miami Bernardo Marquéz Ravelo, un amigo de bares y poesía en los tiempos de la bohemia más intensa, que me dio a conocer la voz de Panchito Riset y gran parte de lo mejor del mundo bolerístico de La Habana, antes de que se viera obligado a abandonar su patria.

Todos, todos duermen sobre la colina, que diría en gran poeta Edgar Lee Masters.

Hay que celebrar que el 31 de diciembre de distintos años nacieron grandes actores de cine como Anthony Hopkins, Ben Kingsley y Val Kilmer, y que el 1 de enero del 1918 Charles Chaplin inauguró en Hollywood sus propios estudios cinematográficos.

Sigo con nuevos planes en el cine, sigo con el periodismo y con la poesía. Un libro nuevo puja por salir en España.

El 2019 va a ser mejor. De salud y de prosperidad, de alegría y de éxitos, con muchos momentos felices. Para mis lectores y para mí.

Por eso les dejo este tema que es uno de los mejores himnos que ha inventado el hombre sobre la tierra: What a wonderful world, de Bob Thiele y George David Weiss, e interpretado insuperablemente por Louis Armstrong, quien la grabara en 1967 teniendo como trasfondo las luchas civiles contra el racismo imperante en Estados Unidos en esos momentos. Al principio no tuvo mucho éxito y ese año el sencillo vendió apenas mil copias en Estados Unidos, llegando luego a alcanzar más de un millón de copias.

Su verdadera popularización mundial fue a partir de su inclusión en 1987 en la banda de sonido de la película Good Morning, Vietnam, de Barry Levinson y protagonizada por Robin Williams. Luego apareció en Doce monos (1995); ¿Conoces a Joe Black? (1998), como tema principal; el documental Bowling for Columbine (2002), y Madagascar (2005).

La canción es una oda a las maravillas sencillas de la vida, y lo mejor, es una canción optimista que nos invita a vivir con fe en que el mañana será mejor.

Deseoso de que se erradique la pobreza y que el mundo sea mejor y pronto se haga realidad la justicia social y la prosperidad, con esa canción de fondo, sigo en la pelea. Gracias a Dios en el año 2018 no reventé. Me re-inventé y me re-invento.

Espero seguir con mis lectores muchos años más.

Aquí comienza el año 2019.

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