En algún lugar del cielo, Joseito Mateo debe estar cantando El negrito del batey. Hoy hubiese cumplido 100 años de edad. El Rey del Merengue quería llegar a este día 6 de abril del 2020. Tenía obsesión con eso y le pedía a Dios poder llegar y celebrarlo en su ya legendario Patio. No pudo ser y perdió la batalla contra una leucemia que se lo llevó en pocos meses.

Se suponía que este día de su centenario íbamos a estrenar, en el Teatro Nacional, a todo trapo, el docudrama que sobre su vida veníamos haciendo Fernando Báez -otro amigo que perdí ese mismo año del 2018- y quien escribe.

La idea del documental surgió una noche en casa de Fernando y María. Acabábamos de ver una nueva película de Fernando y después de conversar sobre distintos temas le dije que había que hacer un documental sobre Joseito Mateo, que estaba muy entrado en edad y se nos iba a ir sin que pudiésemos dejar testimonio de su vida, que reflejaba la vida de casi cien años de República Dominicana.

Fernando se entusiasmó enseguida. De hecho nuestro plan era hacer varios documentales sobre varias figuras importantes de nuestra cultura. Lo primero que hicimos fue ir a casa de Joseito, sentarnos con él y con su asistente y hermanazo de la vida, Rolando. Comenzamos a hablar de la posibilidad de hacer el documental. A los pocos días, abogados de por medio, firmamos el acuerdo.

Comenzamos a trabajar en una escaleta. Joseito se fue a Nueva York y cuando regresó supimos que tenía algo, aquel algo que iba a terminar arrancándolo de la vida. Y con un permiso especial de DG Cine comenzamos a rodar. Hicimos varias sesiones de trabajo con Joseito; pero se nos cansaba. En una ocasión comenzó a sentirse mal y tuvimos que suspender el rodaje y darle unos días de recuperación. Tenía excelente memoria para sus 98 años. De cualquier manera se nos quedaron dos o tres cositas que tocar. Pero valga que eran preguntas que yo le había hecho en otras ocasiones en mis programas de televisión.

El día antes de morir Joseito, Fernando y yo fuimos a verle a la habitación en que se encontraba, en el Hospital de la Policía. Estaba inconsciente, con un suero puesto y un levin, debatiéndose contra la muerte, como quien no se quisiera ir de la vida sin despedirse de alguien. Fernando y yo lo comentamos a la salida del hospital.

Ese alguien llegó al día siguiente de Nueva York, era Nancy su pareja, su novia a la que amaba como si él fuese un adolescente. Ella lo pudo ver muy brevemente, según me contó. Al poquito rato falleció Joseito.

Fernando y yo continuamos trabajando en la película, habíamos previsto la posibilidad de que Joseito no llegase a ver el final del rodaje. Lo que nunca calculamos fue que Fernando Báez también partiría a la Gloria de Dios pocos meses después, en un accidente.

Reponerse de ambos golpes no fue fácil. Es como cuando te freezan. Te quedas ahí, congelado, sabiendo que la vida pasa alrededor; a la vez que sucede rápida, desesperadamente, pero es como si tú no estuvieras.

De cualquier manera María y los hijos de Fernando y quien suscribe decidimos seguir adelante con el documental que hoy debíamos estrenar.

La verdad es que todavía nos falta dinero para terminarlo. Y que llegue a su fin esta pandemia. Pero Dios tiene los tiempos perfectos. Y obviamente, el centenario de Joseito se va a conmemorar cuando sea posible.

La suya fue una vida de artista. Venía del fondo de la sociedad dominicana de inicios del pasado siglo. Había nacido el 6 de abril del 1920 en un barrio rural periférico de Santo Domingo, que ya no existe desde hace mucho. Pero muy pequeño vino a vivir a la capital, a Villa Juana.

Joseito cantó desde que era un adolescente y cantó casi todos los géneros, hasta ópera. Desde el merengue, el son, el chachachá, el bolero, la salsa, el rap, la mangulina, el priprí hasta los palos, entre otros. Y además, fue el primer cantante que bailó en el frente de una orquesta.

La folclorista Xiomarita Pérez nos envió un tema que no existe ni en Youtube. Un merengue de palo echao titulado Marola, que es muy anterior, dicho sea, al Marola de Luis Díaz.

Para Joseito Mateo La Habana era una obsesión. Cuando llegó a la capital cubana lo recibió Alberto Beltrán y esa noche lo montó en su descapotable, con su rubia al lado y se lo llevó al Sierra, un cabaret donde se presentaba acompañado de la Sonora Matancera. Cuando fue a cantar, presentó a Joseito. «Señores y señoras, aquí se encuentra el verdadero Negrito del Batey». Baste decir que Joseito tuvo que subir a cantar y que a partir de ese momento su vida cambió. Tanto así, que cuando iba a grabar con la Sonora Matancera tuvo que venir a Santo Domingo pues se le había terminado el permiso de salida, y fue cuando ya no lo dejaron salir más.

De hecho uno de nuestros planes era llevarlo de nuevo a La Habana y filmar con él. Pero tampoco pudo ser. Aunque de todos modos aparecerá Joseito en La Habana, gracias a la magia del cine.

Dios tiene planes insondables y quién sabe si en el Paraíso, Joseito Mateo se ha inventado una ciudad que es parte de La Habana, parte de Nueva York y parte de Santo Domingo con el Patio que tanto amaba, a un paso del malecón. Y que allí arma esos bailes sabrosos que él animaba en su Patio y que tanto le hacen falta a esta capital. Porque no lo duden, allá arriba Joseito sigue siendo El Rey del Merengue.

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