SD. Decía el gran Bernard Show que «Todas las censuras existen para impedir que se desafíen las concepciones actuales y las instituciones existentes». Así, censurar es un ejercicio de poder, donde se ponen en juego elementos como la moral, la ofensa, la percepción estética, el juicio del gusto, la intolerancia y la corrección política.

La figura del censor apareció en el siglo V a.C., en la República Romana, donde por determinados delitos se perdían los derechos ciudadanos, y se tachaba el nombre de la persona de la lista de los ciudadanos. La censura se extendió a ciertos delitos, al lujo inmoderado, incluso al descuido y la negligencia, o los que iban contra la «decencia» y «buenas costumbres». Así entró la censura en el censo demográfico, con el fin de mantener la moral y las buenas costumbres.

La censura es depravada en sí misma y brutal la mayoría de las veces. Se pudiera decir que indecente. Sospecho siempre de las prohibiciones, de los intentos de reprimir, de censurar.

Conocí el nombre y la música de Celia Cruz, en Moscú cuando yo tenía 19 ó 20 años, de manera clandestina -se pudiera decir- gracias a que mi entrañable amigo Andrés Rivero, no sé de qué modo, consiguió un long play con aquel famoso tema Bemba colorá. Celia Cruz, quien falleció el 16 de julio del 2003, hace poco más de 15 años, aún sigue siendo en Cuba motivo de censuras. Y continúa sin haber sido reivindicado su legado para la cultura cubana. Lo mismo ocurre con Olga Guillot y con muchos otros, incluidos escritores, artistas plásticos, cineastas, bailarines, humoristas… Por el simple hecho de prohibir, en Cuba hasta el mismísimo Silvio Rodríguez estuvo censurado en sus inicios.

Al final, las prohibiciones lo que hacen es reforzar más la necesidad de consumir lo prohibido. Y a fin de cuentas el tiempo y los seres humanos de a pie son los que terminan poniendo las cosas en su sitio.

El tango en Argentina fue censurado en el año 1943. En la radio, sencillamente no se escuchaban los tangos con letras escritas en lunfardo. Esta situación se acentuó con la llegada del gobierno militar a partir de junio de ese mismo año. Así las letras originales tuvieron que ser modificadas, creando un verdadero baúl de disparates, en afán
moralizante.

Así, ese tango en lunfardo, prohibido, se escuchaba en clubes nocturnos, en cabarets, en lupanares y pocas veces en los discos.

Doña Zaida Ginebra de Lovatón fue, en República Dominicana, una especie de Doña Bárbara en la finca de la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía (CNEPR), ese engendro trujillista que sigue existiendo como un dinosaurio dormido, que de vez en vez despierta brevemente para emitir un bostezo de fuego y en un decreto, desplumar esta o aquella canción. El colega Fausto Polanco mencionaba en un texto del 18 de junio del 2018, en el periódico El Día los temas “La hamaquita” y “El polvorete” (Fernando Villalona), “El nene se despertó María” y “El salón” (Conjunto Quisqueya), “Mi medicina” y “Ley seca” (Johnny Ventura), “El perico”, “La hija y la mama” (Bonny Cepeda), “El cilantro” y “El Cubanito” (Jerry Vargas), entre muchos otros que quizás hoy pasarían desapercibidos debido a letras tan inocuas.

En sus inicios, la Bachata sufría una especie de censura no dictada de la clase alta, los prejuicios morales porque el género provenía de los lupanares y los cabarets, producía rechazo natural en la clase pudiente dominicana. Hasta hace pocos años, el ritmo era vilipendiado y recuerdo que una vez fui con Héctor Acosta El Torito a una presentación que tenia en una boda que se realizaba en el restaurante El Pelícano de Boca chica. la mayor parte del primer set, El Torito lo pasó lanzando merengados, y aquella pista estaba llena. De pronto, incluyó uno de sus más exitosas Bachatas. Y ahí mismo le dejaron la pista vacía. Aquella bachata duró la mitad de lo normal y El Torito volvió a sus merengues. Hoy la situación es distinta.

Actualmente el ritmo más atacado en general, es el reggaetón. El decreto 349 publicado en la Gaceta Oficial de la República de Cuba presentado por el Consejo de Ministros, establece las “contravenciones de las regulaciones en materia de política cultural”. Como acto contra la ley se considera “la difusión de música o representación artística en las que se genere violencia con lenguaje sexista, vulgar, discriminatorio y obsceno”, de acuerdo a lo recogido en el artículo 4.1. Esto va directo al corazón del reggaetón.

Primero fue Cuba y ahora en México se ha desatado una campaña iniciada en Tabasco y que ahora ha seguido al Estado de Sinaloa, para prohibir el reggaetón.

Es cierto que el reggaetón habla de sexo, de drogas, de violencia, pero es verdad también que esa es la manera de protestar socialmente contra el estado de cosas que se viven en los barrios populares.

Por ello, creo que el reggaetón solo va a cambiar cuando la sociedad cambie.

Aún así, ¿está de acuerdo con estas prohibiciones? ¿Cree Ud. que se deba prohibir el reaggetón en República Dominicana?

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