SD. La siguiente entrevista la hice al gran pianista Daniil Trífonov, en el 2012, cuando él apenas tenía 21 años de edad y una novia dominicana. Fue publicada en Diario Libre el 1 de noviembre de ese año. Hoy la reproduzco a manera de bienvenida al que definitivamente es el mejor pianista joven del mundo.

“Daniil Trífonov es joven y aparentemente frágil. Cuando uno indaga en él se da cuenta que es de una importante profundidad intelectual, y sobre todo que es Artista, con mayúsculas.

La fuerza de Trífonov radica tal vez en su profunda espiritualidad y en el hecho de que con solo 21 años, tiene muy claro cuáles son sus objetivos.

Considerado por muchos como el mejor pianista joven del mundo, en apenas seis meses del 2011, ganó tres de los más exigentes premios de piano del mundo: el Rubinstein en Israel, el Chopin en Polonia y el Chaikovsky, en Rusia, donde obtuvo el Grand Prix y medalla de oro. Hoy se presenta en el Teatro Nacional, como la estrella principal de la Gala Chaikovsky que -organizada por Fundación Sinfonía, el Ministerio de Cultura y la Fundación Amigos del Teatro- reúne, además, al chelista armenio Narek Jajnazarián, medalla de oro, quien interpretará el Concierto en Si menor y orquesta de Antonin Dvorak; y en ausencia del anunciado violinista Itamar Zorman, quien debía viajar desde Nueva York y por razones de todos conocidas ha sido imposible, la Orquesta de la Gala, dirigida por el maestro Ramón Tebar, interpretará de Brahms la Obertura del Festival Académico.

P. ¿Qué es lo primero para ser un gran pianista, la preparación o el talento?

R. Claro, en cada caso, es diferente en su estado, y depende de muchos factores. Es muy importante la selección del pedagogo, del maestro que uno tenga. Juega un papel muy importante la influencia de los padres. Mis padres son músicos. Papá es compositor, y mamá es musicóloga. Cuando tenía 9 años, mis padres decidieron trasladarse a Moscú para que yo pudiese estudiar con Tatiana Zelegmanov, en la Escuela Gniesk de Moscú. Por sus aulas han pasado importantes músicos, como Konstantin Lifschitz -muy conocido por sus interpretaciones de Bach- y Alexander Kobrin. Es decir, en nombre de mi educación, mis padres abandonaron sus trabajos y se trasladaron a Moscú, para poder prepararme.

P. ¿Cuál es para usted el mejor pianista del mundo, al cual Ud. desearía igualarse?

R. Desde mi infancia, mis maestros me dieron a escuchar a los grandes pianistas del pasado, tales como Rajmáninov, Alfred Kartó, Ignes Freedmann, Horowitz, Schnabell, y otros. Sin embargo, lo más significativo es que cada uno tenía su propio lenguaje. Y en cada uno de ellos se pueden encontrar fuentes de inspiración.

P. ¿Qué es lo más importante que encuentra en las obras de Chaikovsky?

R. Gran importancia tiene el hecho de que Chaikovsky es un compositor operístico. Tiene muchos romances y claro que sus canciones a la naturaleza son una manifestación de esta en sí mismas. En sus conciertos para piano y orquesta este lirismo está presente. A pesar de las grandes dificultades técnicas que pueda tener su obra, el pianitsa nunca debe olvidar la importancia de lo espiritual y melódico en ella. A pesar de las octavas que pueda tener, todo esto juega un rol a la hora de la conformación de la imagen emocional.

P. ¿Cuál es su compositor más admirado?

R. Eso ha sido por etapas. En distintos períodos, he tenido compositores por los cuales he tenido un gran sentimiento de cercanía. Hay una larga lista. En primer lugar Chopin, Scriabin, Chaikovsky, Rajmáninov, Schumann, Schubert, Prokofiev, y muchos más. Gracias al concurso Chopin, en el que participé medio año antes del Chaikovsky, tengo un repertorio bastante amplio de la música de Chopin, porque el concurso comprendía tres temas diferentes de su música. Y Chopin es uno de mis más admirados compositores.

P. ¿Qué encuentra Ud. en el piano que no encuentra en ninguna otra cosa en la vida?

R. Todo depende de la calidad del piano. Pero diría que los colores que puedo crear con el piano son los que definitivamente me arroparon. E instrumentos como Stenway y Facciolli, son los que prefiero.

P. ¿Qué papel juega en su preparación intelectual como músico la literatura rusa, y cuál es su poeta preferido?

R. Bueno, después de haber ganado los concursos Chaikovsky y Rubinstein, la cantidad del tiempo se me acortado significativamente, debido a la gran cantidad de conciertos, de manera que me he tenido que limitar en los distintos hobbys personales.

Ahora cuando tengo un tiempo libre trato de leer, sobre todo a Tolstoi y Dostoyevsky. Pero no amo sólo a los escritores rusos. Me gusta mucho la obra de Oscar Wilde. Y en cuanto a la poesía, para la cual uno necesita mucho menos tiempo que la prosa, mi preferido es Vladimir Mayakovsky.

P. Ud, es muy joven, y ha pasado más de la mitad de su corta vida (apenas 21 años) detrás de las teclas de un piano. ¿Cuando era niño, jugaba? ¿A qué jugaba?

R. Sinceramente, cuando era niño y hasta la adolescencia, solamente le dedicaba unas cinco horas diarias al piano, que teniendo en cuenta las 24 horas del día, son muy poco. Así que me quedaba tiempo todavía para otras cosas, como por ejemplo, jugar futbol.

P. Después de haber sido laureado con el Gran Prix Chaikovsky, ¿cuál es el próximo escalón que se ha propuesto en su vida?

R. En el momento actual quiero volver a crear música. Antes había escrito música para piano. Y he comenzado nuevamente a escribir. Si bien al principio hice algunas transcripciones, he comenzado a componer mi primer concierto para piano y orquesta.

P. Además de dedicarse también a la composición, ¿quiere convertirse en un pianista muy popular?

R. La popularidad, si uno la toma como único objetivo es demasiado peligrosa. Porque en primerísimo lugar está el compositor, y el amor hacia la música que se hace. Es necesario estudiar cada vez más repertorio, y trabajar constantemente en la búsqueda de nuevas ideas y nuevos colores.”

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Alfonso Quiñones (Cuba, 1959). Periodista, poeta, culturólogo, productor de cine y del programa de TV Confabulaciones