Alejo Carpentier le dio santo y seña a la joven realizadora Lelia Sainiut Tejera León para acompañarla con sus palabras desde El Reino De Este Mundo, una novela escrita y publicada hace 70 años, por el más grande escritor cubano, en una aventura visual que escarba en los pobres de la tierra que hablaba un Martí olvidado, irrecuperable desde una vieja casona del Vedado.

En contra del viento es un documental producido en el 2016 por la Televisión Serrana, uno de las entidades de audiovisuales más osadas de Cuba, que se ha hecho acreedora de importantes reconocimientos nacionales e internacionales.

Una fotografía intimista, rica en detalles y con un sentido naturista de la iluminación, deudora de aquellos documentales originales que se producían dentro del Noticiero ICAIC Latinoamericano, a través de los lentes de Iván Nápoles, protagoniza junto con María Elena Rodríguez Fernández, este trabajo lleno de humanismo.

El primer y segundo planos son el paisaje bucólico, el piar de las aves entre los árboles de las montañas, enseguida el ruido metálico de unas ruedas sobre el pavimento. El tercer plano es una mujer que asciende por la cuesta pavimentada, halando una chivichana, suerte de carretilla rústica hecha con pedazos de madera y cuatro cajas de bolas (también llamadas rodamientos, rolineras, ballenera o balero), con la que se deslizan cuesta abajo.

En contra del viento abre con este fragmento de El Reino De Este Mundo, un texto que es premonición de lo que se verá: «En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida incógnita despejada, exigir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite…».

La historia de una mujer cubana de hoy día, de un remoto paraje de la Sierra Maestra, donde no existe televisión, ni nevera, y los dos únicos lujos que existen en su casa son un radio ruso marca VEF de los años 80 del pasado siglo, que parece que no funciona, y un reloj, kitsch y pretencioso, para la muñeca del joven hijo enfermo que sabe Dios cómo llegó hasta él. Lo otro es, más que pobreza, miseria. Miseria de la que duele, de la que los turistas que van a Cuba no pueden ver, ni se pueden imaginar. De la que muchos de los que viven en las urbes principales del país tampoco pueden imaginar.

«No me hace falta tamaño para ser quien soy, no me hace falta grandes riquezas para ser quien soy», dice María Elena, quien a los 48 años de edad parece tener al menos 20 más.

La mujer que solamente estudió hasta 9no grado, reside con su padre un anciano ciego que sufrió un infarto cerebral y perdió la memoria, su hijo de 28 años y gravemente enfermo del corazón, dos perros, un caballo que solamente usa para carga, y dos pollos, en un rancho de madera y guano. Y habla en pasado como si el futuro no existiera, no más que el presente doloroso. Porque María Elena es el hombre y la mujer de su casa, lo mismo saca del alto monte unos pedazos de ñame que un racimo de plátanos que llevará a a vender al pueblo en su chivichana, único medio de transporte para sobrevivir en aquella zona conocida como Santo Domingo y La Plata, sitio donde Fidel Castro tenía su comandancia durante la guerra contra el ejercito de Batista.

En apenas 26 minutos, muestra la sobrevida de una mujer que lo mismo afeita y baña a su padre, que a veces se pasa noches enteras sin dormir, cuidando al hombre que ha vuelto a ser un niño. María Elena lo mismo trenza una canasta, que lava botellas, que coge pinchazos de gomas, que cultiva y tuesta el cacao y saca manteca, que lava botellas, se echa al hombro, loma abajo, el saco lleno de viandas, o corta leña para cocinar.

Lo mejor de este documental es la ausencia de ideología o moralina rancia. La única ideología aquí es el ser humano, a puro dolor.

«Agobiado de penas y tristezas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre solo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo», escribió Carpentier en la cita novela como para cerrar esta impactante historia que muestra una realidad que no hay discurso ni fecha histórica, ni lema que pueda borrar.

En contra del viento es un asomo leve al infierno de la pobreza extrema, donde florecen el amor y la familia, y donde Dios es la única ancla para seguir vivos. No dejen de verlo.

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