Andrés L. Mateo, Norberto James y Tony Raful (Fuente externa)

La principal ambición de Norberto James Rawlings era escribir poemas que no fueran olvidados nunca y jamás mencionó o aspiró a ser seleccionado del  Premio Nacional de Literatura.

Su esposa, Elizabeth Wellington, sostiene que James Rawlings, considerado en los círculos literarios como el poeta más importante de su generación de postguerra, tuvo una percepción renovada de la vida a partir de su enfermedad de Parkinson, que le afectó durante los últimos 15 años.

En una comunicación de Wellington al poeta, ensayista y bibliógrafo Miguel Collado, la hoy viuda del poeta dominicano indica: “La única ambición de Norberto fue escribir siempre buenos poemas. La enfermedad que tuvo le regalo una perspectiva diferente. Nunca Lamentó, ni mencionó el Premio (PNL). Lo más importante para él era que la gente recuerde sus versos y que vivan y se repitan para que se sepan de memoria porque tocan el espíritu de quienes lo sepan. Este es el mayor premio: no ser olvidado.”

¿Mueren los poetas?

Pero la muerte de los poetas es final relativo. Cuando quien muere es un poeta, su palabra y sus imágenes le sobreviven, le suceden y siguen validando, haciendo crecer su marca, ingresando a una inmortalidad que torna innecesarios todos los reconocimientos y premios que no recibieron.

Como personas, sí. Sus cuerpos, tal cual ocurre con el resto de la Humanidad, claro que mueren. Pero como poetas, nunca deberá de hablarse de ellos en tiempo pasado, dado que su palabra no muere. Ellos siguen viviendo cada vez que alguien cita, emocionadamente, uno de sus textos, de sus figuras, de sus giros poéticos.

A una enorme cantidad de gente joven, puede que no les diga mucho la información, ni el nombre ni la muerte del poeta Norberto Pedro James Rawlings y que la información pase como una de las luctuosas más a las que nos ha acostumbrado ya el pesar sanitario llamado Covid 19.

Norberto James junto a su esposa Beth, en La Habana en el 2015 (Fuente externa)

Fallecido en Boston a los 75 años, Norberto Pedro James Rawlings, deja es una obra que ha de continuar hinchando de emoción los pechos de quienes se acerquen a su imaginario, recreando los mundos que, por experiencia o fantasía, ¿tocaban su alma? y dejan como lección ese entrenamiento de fantasía y dolor que es la poseía aceptada como misión de vida.

¿Premiar a todos los premiables?

La labor de los jueces del Premio Nacional de Literatura, con la encomienda de reconocer anualmente una figura de las letras con una obra destacada de por vida, siempre será objeto de figuras, que son méritos, no fueron premiadas.

Para la presente coyuntura 2020 del PNL, el listado de las figuras premiables, sobrepasa la docena, por lo cual habrá insatisfacción cualquiera que sea el veredicto anunciado el día 26 de este mes, cuando los jurados, convocados por Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura.

Nombres que suenan o que se echan a sonar incluyen a hombres y mujeres, todos con condiciones de producción suficientes como para ser el Premio Nacional de Literatura 2020. Ojalá haya, frente al veredicto que sea, hay comprensión y alegría. Todo tiene su tiempo.

El número de figuras con condiciones para obtener ese máximo reconocimiento siempre supera las posibilidades de premiar, y que se trata de una sola oportunidad para hacerlo al año.

En todos los premios literarios importantes, comenzando con el Premio Nobel de Literatura, es larga la lista de escritores que, mereciéndolo de sobra, nunca lo recibieron.

Desde que fue creado, en 1901, se ha entregado en 113 oportunidades, siendo 98 a hombres y 14 a mujeres
 
Los Premios Nobel Negados incluyen a Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, León Tolstói, Emile Zola, James Joyce, Franz Kafka, Alfonso Reyes, Virginia Woolf, Witold Gombrowicz, Jorge Luis Borges, Italo Calvino, César Vallejo, Haruki Murakami, Ngugi a Thiongo y Carlos Fuentes.

¿Estas ausencias suponen que la obra de cada uno de los “no premiados” no tiene validez?

De ninguna manera. Los premios estimulan, son positivos para la difusión de una buena carrera creativa en las letras y hasta incentivan el marketing, pero no tienen nada que ver con la consagración de una obra que lo merezca.

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