SD. La revista científica Biological Psychiatry, en un número especialmente dedicado a la Neurociencia Cognitiva y a la Neuroimagen, publicó el pasado mes de febrero una importantísima investigación realizada Port científicos de la Universidad de Yale, en los Estados Unidos, según la cual han logrado identificar una posible causa biológica de la relación entre los trastornos de conducta y el trastorno del espectro autista (TEA).

Este estudio transversal incluyó evaluaciones de comportamiento y neuroimagen en tres grupos de niños de 8 a 16 años de edad: 18 niños tenían TEA y comportamiento disruptivo, 20 niños tenían TEA sin comportamiento disruptivo, y 19 niños desarrollaron típicamente controles con participantes emparejados por edad, género y coeficiente intelectual. Durante la imagen de resonancia magnética funcional, los participantes completaron una tarea de percepción emocional de caras temerosas y calmadas. Los cambios específicos de la tarea en la reactividad y conectividad de la amígdala se examinaron mediante la interacción psicofisiológica de todo el cerebro y los análisis de regresión múltiple.

Más de una cuarta parte de los niños con TEA son diagnosticados con trastornos de conducta disruptiva, que les llevan a romper con las pautas y valores del grupo.

En niños sin TEA, la conducta disruptiva se asocia con hiperactividad de la amígdala y conectividad reducida con la corteza prefrontal ventrolateral (vlPFC). Este estudio examinó la reactividad y conectividad de la amígdala en niños con TEA con y sin trastornos de conducta perturbadores concurrentes. También investigamos las contribuciones diferenciales de los comportamientos de externalización y los rasgos insensibles y no emocionales a la varianza en la conectividad y reactividad de la amígdala, plantea el resumen del estudio, que ha sido consultado por Nota Clave.

Evidentemente la relación biológica es un mecanismo clave que regula las funciones emocionales de manera diferente en los cerebros de los niños que exhiben conductas disruptivas. El descubrimiento es de gran relevancia, por cuanto podría ayudar a desarrollar tratamientos dirigidos para la irritabilidad y la agresividad en el autismo.

Los niños con TEA y comportamiento disruptivo mostraron una conectividad reducida amígdala-vlPFC en comparación con los niños con TEA sin comportamiento disruptivo. Los comportamientos externos y los rasgos insensibles y no emocionales se asociaron con la reactividad de la amígdala a las caras temerosas en niños con TEA después de controlar los efectos supresores.

La conectividad reducida amígdala-vlPFC durante el procesamiento del miedo puede diferenciar a los niños con TEA y comportamiento disruptivo de los niños con TEA sin comportamiento perturbador. La presencia de rasgos insensibles y no emocionales puede tener implicaciones para identificar patrones diferenciales de actividad de la amígdala asociados con un mayor riesgo de agresión en el TEA. Estos hallazgos sugieren un mecanismo neural de desregulación emocional asociado con el comportamiento perturbador en niños con TEA.

“Las conductas disruptivas como la agresión, la irritabilidad y la desobediencia son comunes en los niños con autismo y se encuentran entre las principales razones para el tratamiento psiquiátrico e, incluso, la hospitalización”, explica en un comunicado Denis Sukhodolsky, profesor asociado en el Centro de Estudios Infantiles de la Universidad Yale.

En este estudio, primero de su tipo, los investigadores utilizaron imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf), realizadas durante una tarea de percepción de la emoción, para comparar la actividad cerebral de los niños autistas con o sin conductas disruptivas. Mientras se les realizaba la prueba con escáner, se les pidió a los niños que vieran imágenes de rostros humanos que mostraban expresiones tranquilas o de preocupación.

Durante la tarea, los investigadores encontraron una conectividad reducida entre la amígdala y la corteza prefrontal ventrolateral, una vía crítica para la regulación de la emoción, en los cerebros de los niños que exhibían una conducta disruptiva, en comparación con los cerebros de los niños sin problemas conductuales.

“La conectividad funcional se asoció únicamente con las conductas disruptivas, pero no con la gravedad de los déficits sociales o la ansiedad, lo que sugiere una red cerebral distinta que podría estar separada de los síntomas principales del autismo”, explica el doctor Karim Ibrahim.

“Este descubrimiento apunta a un mecanismo cerebral de desregulación emocional en niños con autismo y ofrece un biomarcador potencial para el desarrollo de tratamientos dirigidos para la irritabilidad y la agresividad en el autismo”, concluye Sukhodolsky.

Referencia: Reduced Amygdala–Prefrontal Functional Connectivity in Children With Autism Spectrum Disorder and Co-occurring Disruptive Behavior. K. Ibrahim et al. Biological Psychiatry: Cognitive Neuroscience and Neuroimaging, 4 February 2019. DOI: https://doi.org/10.1016/j.bpsc.2019.01.009.

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