La policía pelea y detiene a un manifestante antigubernamental durante una protesta en La Habana, Cuba, el domingo 11 de julio de 2021. Cientos de manifestantes salieron a las calles en varias ciudades de Cuba para protestar contra la escasez de alimentos y los altos precios en medio de la crisis sanitaria por la pandemia de coronavirus. (Foto AP/Ramón Espinosa)

No hay peor sordo que el que no quiere oír. No hay peor ciego que el que no quiere ver. El canciller cubano dice que ha visto escenas peores en Europa de las mostradas en videos en las manifestaciones en Cuba. El presidente dice que «tratan de montar que el gobierno cubano está reprimiendo manifestaciones pacíficas». El cinismo es un arma cruel, manipuladora y fatal.

La negación a hacer cambios desde hace décadas, un síntoma persistente con temperatura mortal; el comodín del ‘bloqueo imperialista’ (comodín para ambos lados) convertido ya en una frase vacía; la capacidad represiva desplegada por el régimen cubano; la insistencia en el odio, en la crueldad y el esclavizo, no pueden durar mucho más.

Falta liderazgo en Cuba para encabezar las manifestaciones, falta estructura y falta programa de gobierno. La oposición está dividida, famélica y la mayoría de las veces apresada. Hay artistas presos, reprimidos una y otra vez, solo por pensar diferente, por expresar en sus obras un pensamiento alejado del oficial.

Las manifestaciones parece que han parado. Pero lo sucedido es histórico. La gente perdió el miedo. Y la explosión social fue tan espontánea que cogió dormidos a los aparatos de inteligencia, a las fuerzas de orden, al universo militar, y sobre todo a las estructuras partidistas y gubernamentales.

Una palabra caracterizaría este momento: el hartazgo de aguantar. La olla de presión perdió el sello. Podría llamarse La Revolución de los Hartos. Es mucho el dolor que ha sacado el pueblo de esta experiencia, pero sobre todo mayor que antes de que comenzaran las manifestaciones es la desilusión. El pueblo cubano se siente defraudado por sus dirigentes, que llevan una vida cada vez más ampulosa, mientras el pueblo se revuelca en la necesidad, el hambre y la represión en medio de una pandemia.

Medidas

Un puñadito de medidas para bajar la temperatura corporal: el gobierno autorizará a partir del lunes la libre importación de alimentos, medicinas y productos de aseo sin pago arancelario ni límites, según anunció el primer ministro Manuel Marrero Cruz.

«Esta es una medida que estamos tomando hasta el 31 de diciembre, después haremos una valoración”, expresó Marrero en el programa televisivo Mesa Redonda, en compañía del gobernante Miguel Díaz-Canel.

La exención no aplicará para los viajeros que entren por los aeropuertos de Vararadero y Cayo Coco, que por las limitaciones de la pandemia seguirán permitiendo una sola maleta de equipaje.

El funcionario se refirió a la crisis de medicinas que sufre el país y aseguró que Cuba cuenta actualmente con la materia prima suficiente para producir los medicamentos más demandados por la población, como es el caso de los requeridos por diabéticos e hipertensos.

«Se realizó una estrategia, tanto por BioCubaFarma como por Salud Pública, que es el cliente que distribuye los medicamentos. Ya hoy tenemos un nivel importante de materias primas en el país. Se está desencadenando un proceso de producción de medicamentos con niveles importantes. Muchos de los medicamentos más complejos, para enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión, se producen en Cuba y solo nos faltaba la materia prima. Solo queda la producción y distribución».

Mirar a otro lado

Entre tanto muchos medios dominicanos minimizan lo ocurrido, y otros miran a otro lado. A los izquierdistas veteranos, antiimperialistas con visas norteamericanas y residencias, les duele que se les caiga de manera tan estrepitosa el sueño de los años 60 y 70. Hay otros que parapetados en sus medios manipulan la realidad y ofrecen una imagen para nada objetiva de la verdad. Esa complicidad con el gobierno cubano es un portazo a los deseos del pueblo cubano de gozar de los mismos derechos que ellos tienen en su país.

El pueblo cubano ha pagado un terrible precio en honor a la geopolítica. Mientras sus gobernantes han sido incapaces históricamente de administrar bien ni siquiera un aula de kindergarten.

La incapacidad del gobierno cubano para asumir con cambios profundos la realidad de las protestas, es directamente proporcional con la capacidad de represión. La brutalidad policial y de las fuerzas paramilitares es directamente proporcional con el hartazgo de paciencia, inercia y aguante que ha tenido un pueblo reprimido por seis décadas.

Cuba está rota.

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