Un núcleo de hielo de 72 metros perforado en el glaciar Colle Gnifetti en los Alpes suizos sepulta más de 2000 años de lluvia por volcanes, tormentas y contaminación humana. (Fuente: cortesía de Nicole Spaulding / C. P. Loveluck y otros de Antiquity)

El historiador medieval Michael McCormick sostiene que el peor año para estar vivo, fue el año 536.

Otras fechas han sido terribles en la historia de la humanidad, como por ejemplo el año 1349, cuando la Peste Negra arrasó con la mitad de Europa. Hay quienes calculan que solo en Europa se perdieron de 20 a 30 millones de vidas.

Peor fue el año 1918 cuando la llamada gripe española mató a entre 50 y 100 millones de personas, en su mayoría adultos jóvenes.

McCormick, en cambio sostiene que el peor año ha sido el 536. También en Europa, «fue el comienzo de uno de los peores períodos para estar vivo, si no el peor año», dice McCormick, historiador y arqueólogo que preside la Iniciativa de la Universidad de Harvard para la Ciencia del Pasado Humano.

Cuenta el científico social que una misteriosa niebla sumergió a Europa, Medio Oriente y partes de Asia en la oscuridad, día y noche, durante 18 meses. De aquella época queda el testimonio del historiador bizantino Procopio, quien afirmó «Porque el sol emitió su luz sin brillo, como la luna, durante todo el año». Debido a esto las temperaturas en el verano de 536 cayeron 1.5°C a 2.5°C, iniciando la década más fría en los últimos 2300 años. O sea, el verano se esfumó, no existió. Y por el contrario fue un solo invierno. Tanto así que ese verano nevó en China, con lo que murieron los cultivos y con ellos las personas murieron de hambre. Las crónicas irlandesas registran «un fracaso del pan de los años 536–539». Luego, en 541, la peste bubónica golpeó el puerto romano de Pelusium, en Egipto. Lo que llegó a llamarse la peste de Justiniano se extendió rápidamente, eliminando de un tercio a la mitad de la población del Imperio Romano oriental y acelerando su colapso, según expresa McCormick.

El enigma

La historiografía registra desde hace mucho la preocupación de los estudiosos acerca de lo ocurrido a mediados del Siglo VI y eso porque en realidad se desconocía la fuente de las nubes misteriosas que cubrieron Europa, Asia y gran parte del mundo, sino todo el planeta.

Ahora, un análisis ultrapreciso del hielo de un glaciar suizo por un equipo dirigido por McCormick y el glaciólogo Paul Mayewski en el Instituto de Cambio Climático de la Universidad de Maine (UM) en Orono ha encontrado a un culpable. En un taller en Harvard esta semana, el equipo informó que una erupción volcánica cataclísmica, probablemente en Islandia arrojó cenizas a través del hemisferio norte a principios de 536. Otras dos erupciones masivas siguieron, en 540 y 547. Los repetidos golpes, seguidos de plaga, hundieron a Europa en el estancamiento económico que duró hasta el año 640, cuando otra señal en el hielo, un pico en el plomo en el aire, marca un resurgimiento de la minería de plata, como informa el equipo en la revista Antiquity esta semana.

Para Kyle Harper, experto en Historia del Medioevo y Romano de la Universidad de Oklahoma, en Norman, el registro detallado de los desastres naturales y la contaminación humana congelados en el hielo «nos dan un nuevo tipo de registro para comprender la concatenación de causas humanas y naturales que condujo a la caída del Imperio Romano, y a los primeros movimientos de esta nueva economía medieval».

Los anillos de los árboles hablan

Los estudios de anillos de árboles en la década de 1990 sugirieron que los veranos alrededor del año 540 eran inusualmente fríos. Hace tres años, los núcleos de hielo polar de Groenlandia y la Antártida arrojaron una pista. Cuando un volcán hace erupción, arroja azufre, bismuto y otras sustancias a la atmósfera, donde forman un velo de aerosol que refleja la luz del sol de vuelta al espacio, enfriando el planeta. Al hacer coincidir el registro de hielo de estos rastros químicos con los registros climáticos de los anillos de los árboles, un equipo dirigido por Michael Sigl, de la Universidad de Berna, descubrió que casi cada verano inusualmente frío en los últimos 2500 años estuvo precedido por una erupción volcánica. Una erupción masiva, tal vez en América del Norte, sugirió el equipo, se destacó a fines de 535 o principios de 536; le siguió otra en 540. El equipo de Sigl concluyó que el doble golpe explicaba la prolongada oscuridad y el frío.

Esquema (Captura de pantalla)

Paul Mayewski y su equipo interdisciplinario decidieron buscar las mismas erupciones en un núcleo de hielo perforado en 2013 en el Glaciar Colle Gnifetti en los Alpes suizos. El núcleo de 72 metros de largo sepulta más de 2000 años de lluvia de volcanes, tormentas de polvo del Sahara y actividades humanas en el centro de Europa. El equipo descifró este registro utilizando un nuevo método de ultra alta resolución, en el que un láser talla trozos de hielo de 120 micras, que representan solo unos pocos días o semanas de nevadas, a lo largo del núcleo. Cada una de las muestras, unas 50,000 de cada metro del núcleo, se analiza en busca de una docena de elementos. El enfoque permitió al equipo identificar tormentas, erupciones volcánicas y contaminación por plomo hasta el mes o incluso menos, desde hace 2000 años, dice el vulcanólogo de la Universidad de Maine (UM) Andrei Kurbatov.

Según el estudio, en el hielo correspondiente a la primavera de 536, la estudiante graduada de la UM Laura Hartman encontró dos partículas microscópicas de vidrio volcánico. Al bombardear los fragmentos con rayos X para determinar su huella química, ella y Kurbatov descubrieron que coincidían estrechamente con las partículas de vidrio encontradas anteriormente en lagos y turberas en Europa y en un núcleo de hielo de Groenlandia. Esas partículas a su vez se parecían a rocas volcánicas de Islandia. Las similitudes químicas convencen al geocientífico David Lowe de la Universidad de Waikato en Hamilton, Nueva Zelanda, quien dice que las partículas en el núcleo de hielo suizo probablemente provienen del mismo volcán islandés. Pero Sigl dice que se necesita más evidencia para convencerlo de que la erupción fue en Islandia en lugar de América del Norte.

De cualquier manera, los vientos y los sistemas climáticos en 536 deben haber sido correctos para guiar el penacho de erupción al sudeste de Europa y, más tarde, en Asia, arrojando una capa de frío cuando la niebla volcánica «se extendió», dice Kurbatov. El siguiente paso es tratar de encontrar más partículas de este volcán en los lagos de Europa e Islandia, para confirmar su ubicación en Islandia y descubrir por qué fue tan devastador.

Un siglo después, después de varias erupciones más, el registro de hielo indica mejores noticias: el pico de plomo en 640. La plata se fundió a partir de mineral de plomo, por lo que el plomo es una señal de que el metal precioso estaba en demanda en una economía que se recuperaba del golpe siglo antes, dice el arqueólogo Christopher Loveluck de la Universidad de Nottingham en el Reino Unido.

Un segundo pico de plomo, en 660, marca una importante infusión de plata en la emergente economía medieval. Sugiere que el oro se había vuelto escaso a medida que aumentaba el comercio, forzando un cambio a la plata como el estándar monetario, escriben Loveluck y sus colegas en Antiquity. «Muestra el ascenso de la clase mercante por primera vez», dice.

Aún más tarde, el hielo es una ventana a otro período oscuro. El plomo desapareció del aire durante la Peste Negra de 1349 a 1353, revelando una economía que nuevamente se había detenido. «Hemos entrado en una nueva era con esta capacidad de integrar registros ambientales de ultra alta resolución con registros históricos de alta resolución similares», dice Loveluck.

Hay que seguir investigando, pero se ha avanzado bastante. Es por eso, según McCormick, el peor año para estar vivo, fue -sin dudas- el año 536.

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