La emigración existe desde que existe la humanidad. Hay países donde emigrar es un delito moral, y el que parte, no importa la razón que le impele a dejar su país, es considerado un traidor.

Los parias, los desterrados, los exiliados a la fuerza son los que más sufren el desarraigo. Sin embargo los emigrantes económicos, los que buscan una mejor vida, no es que la pasen mejor.

Según datos científicos, probablemente los primeros pobladores del actual continente americano, debieron llegar de la Polinesia y Melanesia hace más de 30 mil años atrás.

Los asiáticos han sido de las emigraciones más numerosas que se han expandido por el mundo desde que existe memoria y huellas por el mundo.

El director de cine ecuatoriano Paul Venegas ha mostrado en el virtual Marché du Films de Cannes de este año, la que probablemente sea la primera película asiática producida en Latinoamérica.

Vacío es un acercamiento a un drama antiquísimo. La ópera prima de Paúl Venegas trata sobre la migración china, actualmente en Ecuador. Pero sobre todo habla del desarraigo.

Lei y Wong llegan clandestinamente al país andino, ella sobre todo con las ansias de seguir camino hacia Estados Unidos, pero antes debe traer a su pequeño hijo de China. Su destino está en manos de Chang, un gángster -que va regularmente de la depresión a la violencia- se obsesiona con ella. Como suele suceder por una razón u otra el camino soñado se torna cada vez más difícil. Alrededor de esta realidad gira la posibilidad de adaptación al nuevo país: Ecuador.

Los actores utilizados por Venegas, quien vivió en Filipinas y China durante una década, son personas que nunca antes habían actuado, inmigrantes ellos mismos que de manera natural asumen su cotidianidad y su drama.

Al final, en la esencia de este film está la dignidad del ser humano.

La película, según datos de la producción ganó el premio al mejor proyecto en el Pitch Forum del Festival Internacional de Cine de Beijing, también fue galardonada como Mejor Película Ecuatoriana en el Festival Internacional de Cine de Guayaquil y fue parte de la selección oficial en BAFICI, el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires que finalmente creo que no pudo realizarse. La distribuye Helderland Films, de Holanda.

Vacío es la falta de tierra firme en los pies, la nostalgia que hace vivir en la nada, en un territorio limbo entre el no estar y el irse.

Tras las actuaciones aceptables de los actores tomados de la vida real, está una fotografía sin estridencias y un montaje que por momentos ofrece devaneos, sobre un tempo casi siempre lento y donde no parece suceder mucho, más allá del arranque que es de lo mejor que tiene la película, que nos va dejando un sentimiento subterráneo de ese algo conocido que se llama ausencia, soledad, vacío. Eso… vacío.

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