Una escena de La Traviata (Foto: Alfonso Quiñones)

SD. La Traviata (La extraviada) es una obra que debió ser ambientada en el año 1700 por mandato de la dirección del teatro La Fenice, donde fue estrenada en 1853, inspirada en la novela La Dama de las Camelias (1852), de Alejandro Dumas hijo. Casi 30 años después es que la obra pudo ser ambientada tal y como lo deseaban, de manera realista los autores Giuseppe Verdi (compositor) y Francisco Piave (libretista) por la misma época que refleja a novela.

No han sido las autoridades del Teatro Nacional Eduardo Brito quienes han impuesto a Fidel López ambientar «realistamente» en los años 50 y en República Dominicana. La idea es buena, excelente, pero le falta llevar los límites artísticos de La Traviata más allá. O mejor dicho, romper los diques de la creatividad mas allá del marco que impone la obra. Como lo hizo con un minimalismo maravilloso Willy Decker en el Festival de Salzburgo en el 2005.

Me hubiese gustado que esa ambientación en los años 50 estuviese narrativamente justificada también, en una relectura más valiente del guión original. O sencillamente haberla hecho intemporal, neutral, y hasta con coreografías más de esa época, aunque si a romper barreras vamos qué tal algo del airchair freeze u otros tipos de baile del hip hop.

La obra ha sido representada cinco veces en República Dominicana -según la fraterna colega Carmen Heredia- cuatro de ellas en el Teatro Nacional. Siempre con las puestas en escena tradicionales. Esta es la sexta.

Comprendo que es más factible para la producción asumir una escenografía y un vestuario y peluquería de los años 50, época que por demás está deliciosamente representada. Destaco la reproducción del patio tropical con esa fachada de casa victoriana de realización fabulosa. Casi seguro reproducir ambientes europeos del siglo XIX es mucho más costoso.

Entonces hubiese sido mejor una adaptación libre donde los personajes de algún modo reflejaran en la narrativa el entorno histórico de su desenvolvimiento.

Uno de los ambientes, el patio tropical, años 50 (Foto: Alfonso Quiñones)
Interior, Hospital Padre Billini (foto: Alfonso Quiñones)
Al final, saludan al público María Katzarava, a su izquierda David Astorga y a la derecha Pedro Carrillo (Foto: Alfonso Quiñones)

Espléndidos sí esos ambientes escenográficos construidos. Pero falla en los emplazamientos y desplazamientos de los extras que lucen casi siempre agolpados. Salvo en el final de la primera escena del segundo acto, cuando todos señalan hacia Alfredo.

Quiero destacar el empaste de los coros, dirigidos por Elioenai Medina, el buen desempeño de la orquesta bajo la batuta del maestro José Antonio Molina, director artístico y musical de la puesta en escena, y la magnifica entrada de los gitanos protagonizada por bailarines y bailarinas, dirigidos por Carlos Veitía. Así mismo destaco el vestuario de Leonel Lirio y el diseño de luces de Bienvenido Miranda.

El desempeño de la soprano corolatura María Katzavara es muy bueno, aunque no llega a la excelencia. Su seguridad y dominio del personaje y la partitura son evidentes, pero David Astorga en su rol de Alfredo Germont, se ve tragado literalmente una y otra vez por la música. Y uno se desespera.

Dicho sea de paso, me gustaría ver en el rol de Violeta a la soprano dominicana Stephany Ortega, que anda trabajando y viviendo en China y que muy pronto sale de gira mundial con su concierto I Feel pretty. Quizás hubiera sido maravilloso poder escuchar una noche a Nathalie Peña Comas y otro a Stephanie.

David Astorga repito, demostró poca potencia de voz, cuando casi siempre la orquesta en el foso ahogaba sus participaciones. No así a Katzavara (Violeta Valery), cuya potencia es nítida y efectivamente sutil cuando tiene que serlo. Sobre todo en el sólo de la soprano después de la fiesta. Uno de los mejores momentos de la noche. En cambio Pedro Carrillo en su rol de Giorgio Germont y padre de Alfredo, demostró ser un bajo-barítono de muy efectiva técnica, que lo hace ver seguro y parejo, y sabe matizar cuando es necesario.

El tercer y último acto en el Hospital Padre Vicini excelente la interpretación de María Katzavara como Violeta. Creo que el mejor de todos, porque supo transmitir estado de ánimo de alguien que va a morir en pocas horas. Su dolor es cierto, realista.

Bien el desempeño de Sayli Pérez, como Annina, de Eduardo Mejía, Otilio Castro y Edisson Féliz en sus roles respectivos.

La Traviata estará el 12 y el 14 en el Teatro Nacional, un esfuerzo descomunal en un género que, ojalá muy pronto, pueda ser posible sistemáticamente gracias a la Ley de Mecenazgo.

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