SD. La noche de la Gala de los Premios Soberano 2019 tiene dos vertientes a las cuales hay que analizar por separado. Una: los premios en sí mismos. Otra: la gala artística.

De la alfombra roja no puedo opinar, porque soy de los que pasan como un bólido por ella, confieso que con timidez, aunque en esta ocasión fui de los primeros en llegar y tuve para mi un púbico fresquecito que me hizo sentir famoso, porque no más me vieron comenzaron a gritar mi nombre y el de mi programa Confabulaciones. Aunque nunca pasé por el lugar donde se encuentran situados los periodistas y fotoreporteros. Ahí sí que la vergüenza me corroe, frente a mis colegas.

Los premios en sí, han sido mucho más equilibrados. Hay que felicitar a la directiva actual de Acroarte, el haber logrado sacar del fondo de donde se encontraba en aceptación y percepción el prestigio de los premios. No ha sido fácil, pero lo ha logrado Emelyn Baldera, y eso habrá que reconocerlo siempre. Esto ha devuelto la credibilidad a los premios y por tanto el valor de los mismos, ante los ojos del pueblo, los artistas y los propios miembros de Acroarte. Equilibrado el Premio del Pueblo a La Insuperable y el de Mejor Artista urbano a El Alfa. Merecidos.

El Alfa ganó tres estatuillas, así como Ala Jazá. Pero el gran ganador de la noche fue Anthony Santos, ganador de tres también, pero una de ellas, la mayor de todas, la que más pesa y que ojalá algún día gane alguno de ellos: El Gran Soberano.

Muy merecido, por cierto el Gran Soberano. Debió haber ganado también en Mejor Álbum del Año -pero no estuvo entre los nominados- por su antológico La Historia de Mi Vida, que incluye temas como el que le da título al disco; Mal educado, que resultó premiado; Amor maldito, con un arreglo interesante; entre otros.

Siguen existiendo problemas con la asistencia de los artistas a los premios diferidos, lo mismo de siempre. Parece que les interesa más la alfombra roja que el premio en sí mismo. Aunque pienso que se necesita un mayor nivel de coordinación en ese aspecto, avisarle a los artistas que están nominados en acápites diferidos, que deben estar en sala a tal hora máximo.

Hay artistas muy respetados como Xiomara Fortuna, quien no asistió a recibir su premio al Album del año, y en cambio envió dos jóvenes a recogerlo y hablar por ella. Yo respeto y quiero mucho a Xiomara, pero si no va a asistir -salvo por razones de fuerza mayor- mejor escribir a Acroarte pidiendo que no le nominen. Antes era común ver que los artistas enviaban a sus managers o hijos a recoger las estatuillas, y eso se convirtió en un relajo, que permitió que personas que nada tenían que ver con el premiado subieran a recoger la estatuilla y a agradecer. Solo para coger pantalla, que de todo hay en las viñas del Señor.

Como siempre, algunos de los que no fueron premiados se sentirán mal y otros prefirieron verlo desde sus casas y a externar su desilusión por las redes. Otros agradecieron y hasta felicitaron también por las redes.

La Gala

Si en la Gala del 2018 el oppening con los urbanos pasó sin pena ni gloria, sobre todo porque después iba aquel derroche de buen gusto que aportó Guillermo Cordero, este año el oppening con La Insuperable y luego El Alfa y sus respectivos premios, fue efectivo. La salida de Milagros Germán fue impactante y mejor su monólogo. Felicitaciones para Juan Manuel Tejeda por la calidad del texto y sobre todo el equilibrado uso de la ironía, un recurso que se la muy bien a La Diva, quien tuvo otro momento alto cantando Esta que está aquí en más que en ópera bufo, en bufeada de ópera.

En el ámbito de los cuerpos de baile, hay que significar la presencia de Da Republik y Núcleo Extremo, agrupaciones que por su cohesión y permanencia son capaces de ofrecer altos niveles técnicos, con pasos novedosos y mucha sincronía en sus movimientos y desplazamientos.

Gilberto Santa Rosa en su musical (Foto: Alfonso Quiñones)

Quizás de todos los segmentos el de mejor puesta como espectáculo fue el de 40 años y contando, que sirvió para homenajear a Gilberto Santa Rosa, con Chiquito Team Band y una sección de cuerdas presumiblemente de la Orquesta Sinfónica Juvenil. Solo un detalle, el sonido no permitía, al menos en sala, aquilatar el valor de las cuerdas dentro del arreglo de Antonio González y Emil Pimentel. En cuanto a la coreografía y el cuerpo de baile, al principio salieron bailando salsa en puntas y eso me gustó, sin embargo muy rápido lo dejaron para entregarse a una coreografía más, sin nada atractivo novedoso, más dentro de los cánones del music hall (o cabaret como le llaman en Cuba). El cuerpo de baile estuvo carente de sincronización en más de un momento, y por otro lado, en ocasiones lucían amontonadas, como si faltase espacio, que realmente sobraba. Impecable el popurrí en la voz de El Caballero de la Salsa, mucho de los cuales pertenecían al talento de uno de los compositores más admirables de la música latina Omar Alfanno.

Los demás musicales

Creo que el musical Las Favoritas, que reunió a Manny Cruz, Yiyo Sarante y Alá Jazá, sobró por completo.

Homenaje al Rey, el homenaje a Joseito fue interesante al romper la rutina y ver a los muchachos de la música alternativa, Richie Oriach, Marimba, André Veloz y Gran Poder de Diosa, con arreglos de Antonio González, esto sobre una escenografía, vestuario y puesta en escena naif, con colores cálidos, que evocaban lo dominicano rural.

Bachata a la dominicana (esto es una redundancia, la Bachata es dominicana, y punto), con Luis Segura, Joe Veras, Alexandra, Vakeró y Héctor Acosta, fue un musical bien realizado. Donde las entradas y salidas de los intérpretes iba in crescendo, apoyado en el cuerpo de baile, donde me hubiese gustado más que bailarinas profesionales, ver incluidas tres o cuatro parejas de bailadores populares de bachata, que son quienes tienen la llave de la sensualidad no fingida, sino gozada, que inspira el ritmo y las letras.

La presencia de Lily Goodman y antes la guitarra de Camilo Rijo, en el segmento obligatorio In memoriam, dedicado a homenajear a los que ya no están con nosotros, fue de extraordinaria elegancia, dentro de un minimalismo donde solo contaba la figura de la cantante y su enorme voz. Bien el homenaje a El Show del Mediodía en sus 50 años, breve y contundente.

Aunque justificado, el musical Anthony Ríos, con el homenaje de Danny Rivera al juglar dominicano, abundaba en la misma tesitura del tratamiento de un momento de tristeza y homenaje. Fíjense que aún falta contar con el de Juliana O´Neal. Si unimos todos esos minutos – incluyendo primero Homenaje al Rey, luego In memoriam, Anthony Ríos, Juliana-, ¿de cuántos minutos estamos hablando? Pues todos esos minutos estuvieron una misma tesitura, donde se buscaba trabajar las emociones, pero creo que fue abusivo. Ahí Alberto Zayas no tuvo el suficiente puño para tomar las riendas de una Gala que comenzó a hacer aguas.

Entre los momentos más emotivos de la Gala estuvieron la entrega del Premio al Mérito a Jatnna Tavárez y su agradecimiento, extendido y aplaudido; el Premio a las Artes Escénicas a Franklin Domínguez; y la reaparición de la guerrera resiliente, Juliana O´Neal, muy aplaudida, de pie por el teatro entero cuando salió a escena.

Juliana O´Neal en escena (Foto: Alfonso Quiñones)

Mas su participación con una mini charla de motivación, sumamente emotiva, debió ser mucho más breve y cerrar su participación cantando un tema. Mejor si hubiese sido un tema a la alegría, a las ganas de vivir. ¿Qué tal si junto a Maridalia hubiesen cantado ese himno a la belleza de la existencia que es La vida es bonita, de Gonzaginho; o What a wonderfull word, de Bob Thiele y George David Weiss, que interpretaba Louis Amstrong?

A partir de ese instante ocurrió un sube y baja de las pantallas led, cuando estaba posicionada detrás la agrupación de Kanny García, que no se sabía si iban ellos, o La Diva que estaba en escena, esperando algo u otra cosa que seguía sucediendo ante las pantallas de televisión.

La participación de Kanny García fue limpia y elegante, sin aspavientos, pero con la calidad como premisa, de lo que se canta. Teniendo en cuenta el tema tiempo, la hubiese dejado en una canción. ¿Qué tal si hubiese sido un solo segmento con ella y su grupo en una canción, la primera de las dos que cantó y Danny Rivera con otra canción en homenaje a Anthony, incluso con el grupo de Kanny, pongamos Jaula de Oro? ¿Que había que producir, es verdad, pero valía la pena en aras del tiempo.

Sumado al factor tiempo, estuvo el tema de Covi Quintana que es parte de una campaña de CCN, y que no estaba originalmente en los créditos ni en el espectáculo, pero que funciona en la realidad como un musical más.

El musical del merengue a esas alturas de la noche, sobraba. Y más que un homenaje a Alex Bueno, comenzaba a ser un castigo para las butacas del Teatro Nacional. No se trata de que no se lo mereciera Alex Bueno, sino que sobraba en una gala extensísima, donde aún faltaban dos momentos más, la presentación del Gran Soberano y Bad Bunny cerrando.

 

Anthony Santos recibió el Gran Soberano 2019 (Foto: Cortesía Cachicha por captura de pantalla)

Resumiendo

El mayor enemigo de la Gala de los 35 años del Premio Soberano fue el factor tiempo, y la gran cantidad de segmentos que sucedieron a lo largo de la noche, porque sumados a ellos, está la entrega de premios no diferidos, en vivo, más los agradecimientos, donde casi todos se pasaron del estipulado, los minutos que se tomaban de llegar los premiados de sus asientos al escenario, en fin…

Realzo positivamente el interés por promover valores, incluida la nueva campaña de la Cervecería Nacional Dominicana, realzo que el equipo de producción fue capaz de hilvanar una gala con buena escenografía, atractivos diseños de vestuario, excelente música y arreglos musicales, y sobre todo una presencia de importantes figuras de Puerto Rico, desde Gilberto Santa Rosa hasta Bad Bunny, pasando por Kanny García y Danny Rivera (debió dársele algún sentido a esto). Fue una gala extensa sí, maratónica, pero vistosa y de calidad, donde primó casi siempre el buen gusto.

Bad Bunny posada para la prensa (Foto: Alfonso Quiñones)
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