León Félix Batista (Foto tomada de sus redes sociales)

Un poeta no debe quedar a la intemperie. León Félix Batista es un poeta que ha sido mandado de un plumazo a la calle.

Su sustancia gris no es gris, es dorada. Con su pensamiento demuele viejos mitos, ausculta el corazón de la Patria, sabe cómo huele el futuro, porque ya lo ha visitado.

Un poeta no debe, no puede quedar en manos de la Nada, sin la noble cobija de la benevolencia de un país y sus autoridades.

Un poeta es portador de alegres noticias del otro lado del puente del alma. Sabe que la sequía se cura con agua y con esperanza.

Un día León Félix Batista fue llamado en Nueva York para que se ocupara del mundo de los libros en su país de origen. Quemó las naves en una carrera académica que hoy lo tendría probablemente dueño del Pulitzer y camino a otros grandes premios. Desde entonces ha estado rumiando atardeceres, deshaciendo odios, enarbolando sueños. Esa materia intocable con que arde la esencia de un país que se echó a la espalda, sin pedir nada a cambio que no fuera un salario digno.

Otro día, camino a su trabajo tuvo un grave accidente que casi lo mata pero que lo dejó tuerto y con la espalda como una famosa obra de Frida Kahlo. Recuperarse fue una hombradía. Un acto de heroicidad. Pero él siguió recuperándose y aportando, sin rencor pero sin pausa.

Nunca se ha escuchado en los pasillos del mentidero oficial una palabra disonante sobre el poeta que tuvo a su cargo el Festival Internacional de Poesía.

Ahora, con los nuevos inquilinos y los nuevos compromisos, hay nuevas aspiraciones. Y León Félix Batista ha sido echado a la calle.

Lo veo ir de casa en casa tocando timbres. Con su único ojo sonriente, con su única sonrisa triste, con sus nudillos sin piel: «Señora, soy poeta y estoy en la calle. Necesita quién le haga los mandados?» O este otro verso: «Señor soy poeta y me han dejado sin trabajo, podría botarle la basura? Tiene quién le busque las medicinas a la farmacia?». «Buenos días, abuela, sabe quién necesite del dolor de un poeta?» O en la multitud con mascarillas: «Alguien que levante la mano. Alguien que diga si necesita los servicios de un poeta. Que le explique cómo será el futuro, que es decir el pasado, la sempiterna vocación del hombre?».

Ningún país debería darse el lujo de deshacerse de los servicios de un poeta como León Félix Batista.

Presidente Luis Abinader, salve el alma de la Poesía. El alma limpia y el verso prístino de León Félix Batista, el mejor relacionado de República Dominicana con el exterior, podría ser muy útil también en Nueva York (si no hay puesto para él aquí) y sería muy atinado nombrarlo de vuelta con un salario que le permita comprar las medicinas que debe tomar de por vida. Eso, si es que no lo quieren aquí.

Un poeta en la calle es un escándalo que duele de aquí a Marte. No por gusto Walt Whitman escribió que no se puede arrancar una brizna de hierba en la Tierra sin que se estremezca la última estrella del firmamento.

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