Ariel Feliciano, Orestes Amador y Pilar Pineda, autor, actor y directora de Caronte (Foto: Alfonso Quiñones)

En la Antigua Grecia y luego en el Imperio Romano, cuando alguien moría, debía llevar debajo de la lengua el óbolo o dupondio, con el que debería pagar la barca a Caronte para llegar al Inframundo.

Los que no podían costear el viaje, según el mito, se quedaban errantes en los ríos Aqueronte, Flegetonte o el Periflegetón (según unos, o por la Estigia, el Aqueronte y el Cocito, según otros) durante un siglo; sólo entonces Caronte les perdonaba y los cruzaba al otro lado.

En la mitología griega casi todos los nombres sonoros han podido hablar: Zeus, Afrodita, Poseidón, Apolo, Ateneo, Dionisio, Hades. Mas no Caronte, ese personaje no ya secundario, sino terciario, que parece casi formar parte de la escenografía, pero que sin embargo, jugaba un rol fundamental, después de todo. Y era transportar las almas al Inframundo.

Caronte, remo en mano (Fotos Alfonso Quiñones)

Ahora, un joven dramaturgo dominicano, de nombre Ariel Feliciano, hijo de la directora teatral Pilar Pineda, le ha dado voz a Caronte, en la obra homónima que tiene lugar hasta este 10 de noviembre en la Sala Dramática del Palacio de Bellas Artes.

Este sábado el monólogo tuvo dos funciones, una a las 4:00 de la tarde y otra a las 7:00 de la noche. Yo pude asistir a las 4:00, junto a un grupo de estudiantes de carreras diversas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo que, convocados por la asignatura de Filosofía, era la primera vez que asistían a un teatro y nunca habían sido espectadores de una obra teatral. Todos, menos uno. Y la sala estaba casi completa.

La puesta en escena de Caronte es minimalista en cuanto a escenografía; rica en el vestuario, que le aporta movilidad y caracterización al personaje; efectiva en cuanto a musicalización y diseño de imágenes en video; el diseño de luz aportando en las temperaturas dramáticas de la obra. Y finalmente la dirección del actor. Hay que decir que Orestes Amador es uno de los mejores actores de República Dominicana, y que su preparación, veteranía, seriedad y disciplina.

Orestes Amador, un Caronte mulato y caribeño, con raíces africanas y griegas (Foto: Alfonso Quiñones)

El texto es perspicaz y fruto de muchas lecturas. «Si no fuera por mi trabajo nadie me conocería», afirma Caronte en la voz de Orestes Amador, quien es un actor virtuoso, cuya gestualidad es la herramienta principal de su desempeño, desde los músculos de la cara, hasta el torso desnudo que muestra la mitad del tiempo. Sus brazos cantan, su voz dibuja las intenciones, su remo es báculo y cayado, lanza y extensión del brazo, sus ojos brillan en la intensidad del azul que inunda el escenario, su capa es techo y abrigo y nube y pasión.

Narra Caronte de su relación con el can Cervero, el perro de tres cabezas, solo con una se lleva bien, las otras dos lo odian. Habla con Hércules, le pide que cumpla con su profecía.

Otra escena, nótese la iluminación azul, que simboliza la noche y la luna y el reflejo del agua (Foto: Alfonso Quiñones)

Orestes se apropia de la danza de orishas del panteón Yoruba, que son personajes de idéntica simbología mitológica que entre los dioses griegos. Se adueña de gestualidades de ellos, de pasos de danza y los pone a vivir en esas otras identidades. Obatalá y Changó, Yemayá y Babalú Ayé, de este modo, entran a la barca de Caronte, quien solamente desea salvar a Perséfone, la mujer que ama, y que Hades ha hecho su mujer. Así, Orestes Amador logra entregarnos un Caronte mulato y caribeño, con raíces africanas y griegas.

Los movimientos del remo son estudiados. Nada sobra, nada falta. «Aquí en el inframundo nada tiene valor, salvo las almas», sentencia Caronte. Luego Amador lo trae al público, se mete con ellos, los interpela.

Logra Orestes Amador maravillosos cambios de temperatura en el personaje, cambios de tono de voz, como parte de su -repito- virtuosismo actoral. Narra la historia de cómo hizo para salvar a Perséfone. Culpa de Hades. Interpela a Hercules, a Zeus. Y se lamenta de ver a Hades y Perséfone juntos a lo lejos sin poder hacer nada.

Caronte logra tener voz, al fin con la propuesta que protagoniza Orestes Amador (Foto: Alfonso Quiñones)

Sal para su herida.

Finalmente descubre que Perséfone nunca volverá a salir del Inframundo.

«Todo lo que hice, lo hice por amor. !Por amor!», concluye la obra. Aplausos.

Luego conversatorio con los estudiantes que han entrado por la puerta ancha al mundo fantástico del teatro.

Esperamos tu comentario