Barrio protegido (120 x 190 cm), José García -Cordero

El maestro García Cordero con la serie «Ópera Nera» -que estará expuesta desde el 22 de junio de 11:00 am a 4:30 pm- en la Galería de Arte Contemporáneo Lyle O. Reitzel, Torre Piantini-, alcanza quizás el momento más alto de su producción artística.

Se trata de una colección en la cual viene trabajando desde hace nada más y nada menos que 20 años, calladamente, insistentemente, profundamente, como quien bucea a puro pulmón a profundidades abisopelágicas, descubriendo esa fauna que vive en la región afótica.

Dieciséis obras en acrílico sobre lino, en blanco y negro, llenas de madurez, conforman una unidad conceptual y estilística, gracias no solo al tratamiento cromático, y a lo figurativo que es esencial en su obra, sino al acercamiento valiente, hasta temerario, a la historia política y social de República Dominicana desde el 2011 hasta el 2020. Un gran película, un gran recuento visual de los grandes males que aquejan a la sociedad dominicana contemporánea: la corrupción, la impunidad, la inseguridad ciudadana, el narcotráfico y los crímenes de estado, que unidos como están en esta antología de males, dan una idea bastante lamentable del país.

Asalto en el parque (112 x 210 cm), José García-Cordero

La ironía a veces se torna amarga, otras iracunda, pero casi siempre es sátira, fuetazo contra una realidad que se niega a desaparecer. Así vemos un Batman de dientes raídos, un tiguere de esos que asaltan. O en una panorámica de un parque donde un hombre le apunta con un arma larga a dos personas indefensas. O ese patético Duelo en el puente. O el sarcasmo intrínseco en Barrio seguro, título tomado de aquella casi olvidada campaña de años atrás donde el gobierno se proponía luchar contra la inseguridad ciudadana. Y aseguraba que la había ganado.

Batman terrestre (188 x 247 cm) José García-Cordero

Él en las nubes o Cocaines man and his alterego, son obras de lecturas más profundas, donde ese perro pitbull que enseña los colmillos y amenaza, es un símbolo salido de la carpeta de leit motiv de la obra de García-Cordero, como si de un Cerberus (pero de una sola cabeza) se tratara, porque era el que guardaba la entrada y salida del reino de Hades o del inframundo, según la mitología griega.

Él en las nubes (130 x 195 cm), José García-Cordero
Cocaines men and his alterego, (140 x 220 cm) José García-Cordero

Hay una obra titulada El sueño, que encierra un profundo dramatismo y que ese hombre con careta y pistola en mano, presumiría ser una figura que también ha formado parte de este gran circo: el sicario.

El sueño (140 x140 cm), José García Cordero
Hipopótamo del Ozama (140 x 259 cm) José García-Cordero

Día de los muertos en Cristo Rey muestra una colección de calaveras risueñas, sarcásticas. Otra vez el sarcasmo. Otra vez la denuncia social. Lo mismo sucede con Hipopótamo en el Ozama. Pero si hay una obra abiertamente de denuncia donde la ironía llega a convertirse en un obús es El Cardenal. Sobran las palabras.

El Cardenal (140 x 190 cm), José García Cordero

Por Ópera Nera, de García Cordero danzan de algún modo reminiscencias del Otto Dix de «Tropas de asalto avanzan bajo el gas», o sus grabados y aguafuertes con escenas de la guerra. Y danzan esas lecturas del cómic.

Aquí no hay «más de lo mismo», para decirlo con el título de aquella muestra suya del 2013, aunque sí esté alguna representación de sus perros amenazadores y de su vocación de iluminar lo oculto, de exponer lo que se murmura. Aquí el monocromatismo grita. Aquí no hay momento para la belleza, sino para la interpretación, para la denuncia de la realidad que agrede. La disrupción discursiva de García Cordero, en la laxa realidad artística dominicana, cae a estas alturas, pandemia de por medio, como un bombazo lanzado durante la II Guerra Mundial y que ahora es que aterriza.

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